Impulsado por su pasión por la lectura, y quizás también por el deseo de plasmar sus ideas, Toni comenzó un taller literario dictado por Julieta Benedetto que luego se convirtió en una de las editoras de las obras publicadas por Leí Bailemos Ediciones. “Empecé a escribir porque leía mucho y eso me inspiraba a crear mis propias historias. Julieta y mis compañeros también me motivaron a seguir adelante”, dice. Pero el argumento de su novela no surgió del taller. “Una noche tuve un sueño sobre uno de los planetas que aparecen en mi libro. Cuando me desperté por la mañana, escribí todo el resto”, cuenta con la simpleza de quien ha desarrollado un talento. Para hacerla más atractiva, la historia fue completada por Toni con referencias a cuadros famosos como la Mona Lisa o canciones de Taylor Swift. “Obvio que después tuvo muchas correcciones, le fuimos agregando detalles. El sueño originalmente era en el planeta Volcaniranja, que es el primero al que viajan. Después fui inventando algunos lugares más para que quedara más lindo, con nuevos personajes hasta llegar a como está ahora”, dice para referirse al trabajo de edición que recorrió acompañado por Julieta Benedetto y Maige Lozza.
El personaje principal se llama Toni, como él, que tiene la misión de rescatar a su papá que se llama Ezequiel Zeta Pombo: “Es un poco autorreferencial, los nombres son los reales nuestros, y en un principio lo pensé como si fuera yo, y en qué haría en caso de que mi papá se pierda jugando entre portales en distintos planetas”. El abuelo que le entrega la mochila mágica para guiar el viaje por las galaxias es su abuelo Alberto Pombo.
Su familia es protagonista de su vida y también de la ficción. Su mamá Laura Codina, que lo incentivó desde muy pequeño al mundo de la lectura, recuerda la admiración que le provocó la primera vez que lo escuchó leer en voz alta el inicio de este cuento y destaca que si bien lo acompañan en esta travesía “es todo mérito de él”. Su papá Zeta Pombo es uno de los personajes de la historia y además es parte de la obra, ya que es el encargado de las ilustraciones. “Hicimos un montón de bocetos hasta que quedaron los dibujos que presentan cada uno de los diez capítulos en los que está organizado el libro”, cuenta.
Maige Lozza es una de las editoras y recuerda que el camino fue en paralelo. “Una vez que fuimos cerrando el texto surgió la idea de que Zeta lo ilustre, así que después de una de las reuniones se llevaron las tareas a la casa, donde estaban Toni escribiendo y Zeta dibujando. Quedó precioso el libro con las tapas serigrafiadas”, reflexiona. Una de las líneas de la editorial que fundaron Maige y Julieta en 2021 es que tenga un carácter artesanal, que se puedan desarrollar distintas técnicas para contar, que sea experimental y que incluya lo digital. Así es que tanto la Colección Galaxia Remolino, que es la que incluye los libros de Toni, como otros títulos de otras dos colecciones de la editorial, tienen diagramación, maqueta, impresión y encuadernación artesanal. En el caso de la primera edición de Un universo imaginario se publicaron 200 ejemplares y cada uno tiene su número asignado en la última página.
“Encontramos una síntesis en decir que es una editorial artesanal-experimental, que combina distintas técnicas. En ese ida y vuelta nos parece interesante el diálogo que surge de no pensar lo analógico por fuera de lo digital, sino como la idea de expandir las narrativas, a través de otros objetos o desde algo digital como en este caso”, explica Maige, para revelar cómo fue que introdujeron la idea del videojuego.
La editora recuerda que ya con el libro anterior de Toni habían tomado contacto con la cooperativa de videojuegos Matajuegos, integrada por jóvenes de Rosario y Buenos Aires. “En ese momento empezamos a fantasear con la idea de hacer un videojuego sobre algún capítulo o sobre el libro, presentamos el proyecto en una convocatoria de mecenazgo y conseguimos financiamiento de la Fundación Itaú”, señala Maige. El trabajo que siguió fue una tarea conjunta entre los desarrolladores y el joven autor. “Con ellos —dice— buscamos esta idea de incluir el videojuego, entonces se conocieron con Toni y decidieron qué parte de la novela, qué formato y cómo hacerlo. De eso participó bastante Toni, para que se representara un poco cómo él se imaginaba los espacios y lugares”.
En el capítulo 8, “Problemas gigantes en Gigantoleta”, un código QR invita a una experiencia virtual, ya que utilizando el escáner del celular se accede a un portal que permite jugar en Gigantoleta, planeta de gigantes. Así es como el juego trata de que Toni llega a una ciudad controlada por un niño gigante que usa a las personas como juguetes. La misión del protagonista es dar un discurso de rebelión para liberar a los humanos y así poder continuar sus aventuras en busca de su papá.
“Hay un detalle muy bueno del juego que es que ocurre en Rosario. En el capítulo del libro el personaje de Toni tiene que luchar contra gigantes y en el videojuego vos podés atravesar el camino, luchar contra gigantes y encontrarte con personas. Está excelente, re bueno ¿jugaste?”, indaga Toni con sencillez y refiere que sus juegos preferidos son el Fornite, el Fifa y otros que tiene cargados en el celular.
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En el libro se produce un diálogo entre el libro físico y el mundo digital.
Foto: Virginia Benedetto / La Capital
Los personajes mágicos, los ambientes fantásticos se fundan en su imaginación con las andanzas por el mundo de Harry Potter: “Cuando era chiquito yo veía mucho las películas de Harry Potter, era re fan. Y cuando leí los libros fue como que me inspiró y me dije «qué lindo que es esto, yo también quiero hacer algo así». Me fui más por el lado de la ficción en ese tiempo en el que escribí este libro. Es un mundo distinto al que hay que entrar y hay que disponerse a andar en ese mundo de fantasía, entregarse a lo que va apareciendo”.
A futuro se imagina estudiando o quizás trabajando en el ámbito de la medicina. “Creo que quiero seguir ese camino, pero también seguir escribiendo, porque me parece un hobby re lindo y también podría vivir de eso. Me gustaría no dejar de hacerlo cuando sea grande, me parece que siempre voy a encontrar un tiempo para escribir”, expresa Toni.
Voz joven
Esas voces de la niñez, de los jóvenes, es la que buscaron poner en valor Maige y Julieta en los títulos de esta colección. “En este mundo bastante adultocéntrico, nos motiva dar ese espacio para que circulen otras miradas, que eso también contagie y genere mucha empatía y simpatía con quienes leen. Resulta que cuando se enteran que los que escriben son niñes y jóvenes hay algo que se moviliza y quizás prende esa chispita de decir «yo también puedo escribir, yo también puedo publicar, yo también puedo ponerme a hacer un libro». Pensar en el registro artesanal, como algo que queda y no se pierde entre las escrituras que se hacen cuando uno es chico o es chica”, reflexiona Maige.
Las editoras dicen que les resulta muy fácil la tarea con chicos, aún siendo que quizás la edición de un libro sea trabajosa, detallista, con muchas idas y vueltas. “Es un placer siempre que estén de buen humor”, dice entre risas Maige y enseguida agrega: “Con Toni fue una maravilla, trabajamos muy bien, nos juntamos varias veces, revisamos el texto, lo leímos en voz alta, fue un proceso y un trabajo muy serio. Toni se lo tomó de una forma muy responsable que incluso a nosotras hasta nos sorprendía, porque a veces pensábamos en no apurarlo. Fue todo bastante natural, fue un diálogo, le hacíamos preguntas al texto, fuimos respetando sus tiempos, hasta que estuvo el texto final”.
Ahora es tiempo de leer, de descubrir las páginas de Un universo imaginario, de perderse en el laberinto de planetas, de encontrarse con padres y abuelos, de vencer a los gigantes, de descansar entre ciervos y mariposas, en ese mundo fabuloso rociado de polvo espacial que pueden construir los chicos entre sueños.
Gigantes en una Rosario de juguetes
Mercedes Grazzini y Federico Cardinale conforman la pata rosarina de la Cooperativa Matajuegos, la productora encargada de la creación del videojuego Gigantoleta, planeta de gigantes, que acompaña con un QR el capítulo 8 del libro Un universo imaginario de Antonino “Toni” Pombo Codina. Junto a David Marchand y Pablo Quarta, que viven en Buenos Aires, conforman esta cooperativa que crece como un colectivo artístico de crítica y desarrollo de juegos.
Los cuatro son treintañeros, son desarrolladores de videojuegos y docentes que se formaron en carreras relacionadas con el arte, la música y las letras. Ninguno estudió sistemas, aunque han volcado su talento al ámbito digital.
Matajuegos nació en 2016 como un blog de crítica y análisis de videojuegos. “En ese momento nos juntamos un grupo de desarrolladores de juegos que coincidíamos en que la crítica angloparlante estaba explorando temáticas sociales, políticas y culturales interesantísimas, mientras que en castellano los sitios se limitaban más a reseñar juegos como productos comerciales o tecnológicos, que por supuesto lo son, pero no exclusivamente”, explica David Marchand y agrega: “Empezamos a publicar traducciones, artículos propios, videos y podcasts con la intención de achicar esa brecha”.
Después de muchos proyectos y peripecias, hoy se dedican a crear videojuegos. “Mantenemos el mismo interés en abordarlos como obras artísticas y productos culturales, lo cual se puede ver tanto en la temática ambientalista de nuestro juego Atuel como en la articulación con otras esferas creativas como lo es la literatura en Gigantoleta”, explica.
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El videojuego basado en un capítulo del libro transcurre en Rosario.
Mercedes Grazzini recuerda que el encuentro con las fundadoras de Leí Bailemos Ediciones fue puro azar: “Nos conocimos con una de ellas en un evento internacional de curaduría de arte y juegos. Fue mucha casualidad. Me contaron que tenían ganas de hacer un proyecto atravesando literatura y videojuegos, y nos pareció súper interesante desde el vamos. De ahí en más fue tener muchas reuniones con ellas para plantear el proyecto y avanzarlo”.
Respecto del proceso creativo que los inspiró para el juego del libro de Toni, Mercedes indica: “Lo que hicimos fue leer el libro entero de Toni y juntarnos a debatirlo. Pensamos en muchas posibles ideas basadas en distintas partes de la historia. Como el tiempo no alcanzaba para adaptar el libro entero, decidimos elegir un capítulo, uno que nos daba muchas oportunidades de armar un escenario y una situación jugable dentro. El capítulo transcurre en una Rosario de juguete, así que salimos a sacar fotos por el centro y tratamos de inspirarnos en la arquitectura y los grafitis que se encuentran en la zona”.