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Independiente se fue al diablo: perdió con el Ciclón y descendió

Si bien las victorias simultáneas de Argentinos y San Martín de San Juan ya lo condenaban a la segunda división, el gol que selló simbólicamente su suerte lo anotó el juvenil Angel Correa a los 59’.

Domingo 16 de Junio de 2013

Independiente, mancomunado al éxito desde su fundación, sufrió ayer un durísimo golpe con su primer descenso a la Primera B Nacional, tras perder con San Lorenzo por 1 a 0, en un partido que sólo fue el detonante de una decadencia pronunciada.

Si bien las victorias simultáneas de Argentinos y San Martín de San Juan ya lo condenaban a la segunda división, el gol que selló simbólicamente su suerte lo anotó el juvenil Angel Correa a los 59’.
No fue un partido normal, tal como se especulaba por todo lo que estaba en juego. Difícil de analizar en términos futbolísticos porque hubo un equipo, el local, que jugó atado por la presión del inminente descenso y otro, el visitante, que nunca quiso avanzar en el rol de verdugo.

Independiente terminó de descender ayer. Pero todo comenzó antes. Con un extenso proceso de vaciamiento institucional que repercute ahora en su forma más cruel con una realidad deportiva que mancilla su gloriosa historia de 108 años.

El Rojo de Avellaneda construyó desde 1905, siete años después de su desembarco en los torneos de primera división, un prodigioso currículum en el fútbol argentino, que lo postuló como entidad modelo en lo social y en lo deportivo.

Dos títulos en el amateurismo y 16 en el profesionalismo hicieron de su vitrina una de las más pobladas en el ámbito doméstico, donde figuras de la talla de Arsenio Erico (máximo goleador del fútbol argentino) y Ricardo Bochini, por citar sólo dos de las innumerables, dotaron de prestigio la camiseta.

En el plano internacional, Independiente fue pionero y forjó merecidamente su mote de “Rey de Copas” con siete Libertadores, tres Interamericanas, dos Intercontinentales, dos Supercopas, una Recopa y una Sudamericana, su última alegría hace tres años.

En rigor, las condiciones para la enfermedad se iniciaron silenciosamente con la llegada a la presidencia de Julio Comparada, un empresario de seguros y el rubro inmobiliario. Ajeno al mundo del fútbol, entrelazado con la burocracia sindical y connivente con las mafias del fútbol, el dirigente lideró un fenomenal desguace del club.

Comparada, procesado como partícipe de una estafa al PAMI durante 2011, vendió joyas de las inferiores en cifras inéditas para la historia del club, se embarcó en un oscuro proyecto financiero para la construcción del nuevo estadio y entregó el club con un pasivo cercano a los 200 millones y apenas 84 mil pesos en la caja.

Durante su período de gobierno, Independiente cobró 46 millones de euros por la transferencia de tres jugadores: Sergio Agüero, Oscar Ustari y Germán Denis.

Frente a tal descalabro económico e institucional, en un club tomado por la barrabrava, que hasta echó a un DT en un vestuario con la aprobación de Comparada, llegó Javier Cantero, un hombre con buenas intenciones pero poca experiencia.

Consciente de la gravedad del presente deportivo, Cantero se concentró primero en el ordenamiento de las cuentas para bajar un déficit de 600 mil dólares mensuales y la expulsión de la barrabrava, un virus diseminado por todos los ámbitos. Su espíritu quijotesco, acaso, lo distrajo para la toma de decisiones inherentes al fútbol porque mientras sanaba con paciencia al club, el equipo nunca paró de caer hasta llegar a una situación crítica. Con menos de una temporada para revertirlo, ya habiendo agotado el recurso de apelar a un DT con la espalda de Américo Gallego, Cantero quedó encerrado en una realidad futbolística irreversible para la que también colaboró con la conformación de un plantel de refuerzos avejentados y jóvenes de poca jerarquía.

No hubo manera, entonces, de detener una debacle que depositó al equipo en el Nacional B, un lugar del que seguramente sus hinchas, contradiciendo el histórico canto de tribuna, no se sientan orgullosos.

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