Opinión

El sueldo de Sampaoli y el de un trabajador

En los momentos de mayor tensión y descontrol, con alguna copa de más o sin ella, suele aflorar en el ser humano el verdadero pensamiento sobre una situación que puede ser medular o irrelevante.

Miércoles 27 de Diciembre de 2017

En los momentos de mayor tensión y descontrol, con alguna copa de más o sin ella, suele aflorar en el ser humano el verdadero pensamiento sobre una situación que puede ser medular o irrelevante.
La información en "off" en la Argentina (la que no llega al público y sólo transita entre un grupo selecto) es lo habitual en la política y por supuesto en el fútbol, donde los dirigentes lucran con la pasión genuina de los hinchas, tal como ha quedado demostrado con el escándalo de corrupción que viene conociéndose sobre la FIFA, el organismo que nuclea a todas las asociaciones de fútbol del mundo, y que incluye a la AFA. Sobornos, negociados y otros delitos se ventilan actualmente en los tribunales norteamericanos.

Los sueldos de los directores técnicos, los jugadores y especialmente las transferencias al exterior siempre han sido parte de un misterioso secreto que cuesta hacerse público porque las partes interesadas, seguramente, no quieren miradas extrañas en el negocio, especialmente las del fisco.
En ese marco, nunca quedó claro el monto del contrato de la AFA con Jorge Sampaoli, técnico del seleccionado argentino que jugará el Mundial en Rusia en junio de 2018. Las cifras que suenan tienen una gran amplitud entre el mínimo y el máximo. Pero si se toma un importe bajo (sólo como un ejemplo y no como indicador real del salario) de dos millones de dólares por año, Sampaoli cobraría unos 166 mil dólares por mes, es decir casi tres millones de pesos a una cotización promedio de 18 pesos por dólar.
Será por esa sensación de holgura salarial, tal vez, que el domingo a la madrugada Sampaoli maltrató a un trabajador municipal de Casilda: "Boludo, ganás 100 pesos por mes, gil", le gritó enfurecido porque el inspector de tránsito lo había hecho bajar de un auto que excedía la capacidad de pasajeros. Después de ese exabrupto, dos amigos se lo llevaron casi a la fuerza para que no siga con las agresiones. Su enojo, aparentemente, fue porque debió ir caminando hasta el hotel donde se hospedaba, a pocas cuadras donde había sido detenido el auto en infracción.

El inspector de Casilda, que no gana 100 pesos sino seguramente un sueldo promedio de un trabajador municipal, ¿qué habrá sentido cuando una figura pública lo sometió a tamaña humillación? ¿Cómo habrá relatado ante su familia que nada menos que el técnico de la selección argentina, que gana una fortuna, lo redujo a una categoría de estúpido porque su salario es acotado, como el de millones de argentinos, y que para ganarlo debía estar trabajando en la madrugada de un domingo?

Sampaoli se saco

Lo interesante de la situación es analizar a Sampaoli en cuanto al abuso de poder y su sensación de superioridad ante el común "inferior" que se puede avasallar por cualquier motivo, una simple invitación a bajarse del auto, en esta oportunidad.

No es el caso de hacer un análisis de las capacidades de conducción futbolística de Sampaoli (esa tarea la hacen los especialistas), sino de su comportamiento como representante de un equipo nacional que disputará un torneo mundial.

En los pocos partidos que dirigió a la selección, en el último tramo de la etapa clasificatoria, se lo vio siempre alterado, histriónico y reclamando cada fallo arbitral como un hincha más de la tribuna. Su marcha rápida, idas y venidas, en la zona del banco de suplentes tampoco le aportó una imagen de serenidad, lo que pareció una copia (mala, aseguran muchos) de Marcelo Bielsa.

La noticia de este caso dio la vuelta al mundo, más allá del acertado pedido de disculpas de Sampaoli. "El salario no representa las cualidades ni el valor de ningún ser humano", dijo ayer a través de un comunicado para el público. ¿Es eso lo que realmente piensa o es lo que le dijo furioso al inspector? ¿Cómo saberlo?

Algunos medios extranjeros tuvieron dificultad para la traducción de "boludo" y "gil" en el amplio sentido con que se usan esas dos palabras en la Argentina. Pero más complicado aún es escudriñar el verdadero pensamiento de Sampaoli y qué quiso decir cuando rebajó a un trabajador a la categoría de imbécil por el salario que percibe, el de un trabajador municipal.

Días antes de este caso, Sampaoli había sido distinguido en Casilda, su ciudad natal, en una ceremonia a la que asistieron unas 700 personas, entre ellas varias glorias del fútbol nacional. No era para menos: el hijo de una pequeña localidad santafesina le dio al país el director técnico del seleccionado. Tras recibir un cuadro como homenaje, Sampaoli habló ante el público: "Seguramente de acá (de Casilda) sacaré lo mejor para llevar a la Argentina al lugar que se merece", dijo. La referencia y lo ocurrido después con el inspector de tránsito trajo a la memoria, inmediatamente, la película "El ciudadano ilustre", una comedia dramática argentina protagonizada por el gran actor Oscar Martínez.

El gobierno nacional se esfuerza desde hace dos años en un cambio de imagen positiva en el exterior, especialmente cuando el año que viene el G-20, el grupo de 19 países más industrializados y en desarrollo más la Unión Europea, sesionen en el país bajo la presidencia de la Argentina. Sin embargo, los últimos acontecimientos de violencia frente al Congreso mientras se debatía la reforma previsional no se orientan hacia ese objetivo. Tampoco la imagen de un entrenador de fútbol con tendencia al descontrol, pero que tal vez, lamentablemente, sea un ícono del país: el abuso de autoridad que se percibe en todas los estamentos de la sociedad y que lo ejercen quienes tienen una cuota de poder, por más pequeña que fuese. Sucede en las fuerzas de seguridad, en la burocracia del Estado, en el maltrato a los inmigrantes por quienes se sienten superiores al extranjero y en una sociedad habituada a la hipocresía, pero que de tanto en tanto aflora en su verdadera dimensión.

Sampaoli, tal vez, sea un emergente significativo del abuso de autoridad en general y de la sensación de algunos sectores sociales de sentirse por encima de otros en relación a su nivel económico o formación educativa.

Nada más, ni nada menos, para plantearse si es el hombre ideal para representar al país en Rusia.


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