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Los cinco errores que no hay que cometer el último mes del año

Ni bien en las vidrieras lucen sus decoraciones navideñas queda claro que es el comienzo del fin de un ciclo de doce meses que arrancó con optimismo y termina a los apurones. Es una época de festejos y balances, lo que implica un riesgo. LaCapital.com.ar da cinco consejos claves para la fecha más esperada del año.

Lunes 05 de Diciembre de 2011

Primera semana del último mes del año: diciembre. El tan anhelado, porque es la antesala de las vacaciones; el tan odiado, porque con las fiestas llegan los reencuentros que nadie quiere, los regalitos que te vacían la billetera y lo peor de todo las comilonas pantagruélicas, con pavo al horno, budines y frutas secas, que serán geniales en el hemisferio norte pero que acá, en las pampas argentinas, lo único que hacen es sumarte calorías y ponerte el hígado al borde de un estallido nuclear.

A esta altura del año, cansado por tanto ajetreo, distraído con tanta celebración inevitable, se suelen cometer errores que después, cuando las aguas bajan, se lamentan y se pagan caros. LaCapital.com.ar recopiló los cinco más frecuentes, a modo de alerta, para que aquellos que estén a punto de cometerlos piensen un instante y no lo hagan.

1- Hacer el balance: acaso este sea el mayor de los errores que se pueda cometer a esta altura, ¿no se dieron cuenta de que las piernas pesan más que nunca, que a la cabeza le cuesta reaccionar y los ojos se nublan después de cinco minutos de lectura? Eso, en buen romance, se llama cansancio, agotamiento físico o psicológico, qué importa, pero es real, tangible, inevitable, aunque se duerman todas las siestas del mundo. En ese estado ¿qué conclusión atinada se puede tomar? Ninguna, cero. Así que dejemos para otro momento el balance. O dejemos que lo hagan los contadores, que de eso saben y mucho.

2- Hacer el arbolito: una aclaración: no se trata de no plantar en el medio de la sala, o donde más les plazca, el tradicional pino, sea de verdad o de plástico, y llenarlo de bolas de colores, guirnaldas y lucecitas, no, lo que no hay que hacer es que la vida se le vaya en eso. Como todo el mundo sabe, la Navidad es irresistible, y cómo no va a serlo, si es la maquinaria publicitaria más perfecta y fabulosa del año. Más allá de sus valores espirituales, la verdad es que todos los negocios, todas las marcas esperan esta fecha para vender sus productos y lo hacen de mil maravillas. Lo que hay que tratar es de no caer en la trampa y gastar de más, porque después hay que pagar...

3- Caer en la tentación: nada más fácil en diciembre que dejarse llevar por el canto de sirenas de los villancicos navideños y salir corriendo, como uno de los renos del trineo de Papá Noel, a disfrutar de todas y cada una de las fiestas a las que, con generosidad pero no inocentemente, nos invitan este, ese y aquel. Es lindo celebrar el fin del año, el deber cumplido, el ciclo cerrado, pero ojo, cuidado, con quién y cómo lo hacen. No es extraño que en estas fechas, alentado por una copa de sidra pícara, por el sabor del encuentro, uno tenga el sí fácil; pero después, al día siguiente, hay que volver a casa o a la oficina y dar explicaciones. Mejor no, entonces.

4- Comer a reventar: no hay que ser el Dr. Cormillot para saber que los excesos, en materia alimentaria, nunca son buenos, el problema es que por estos días hasta los nutricionistas organizan una cena de fin de año y la mesa, hay que decirlo, no es ligth ni nada que se le parezca. Entonces, ¿qué hacer ante los manjares que se sirven generosamente para las celebraciones de fin de año?, ¿qué hacer con esa copa de champagne que llega a las manos, sin que nadie la haya pedido, para brindar por un futuro mejor? La respuesta es fácil, lo difícil es llevarla a la práctica. Hay que decir que no, hay que cuidarse, pero, en ese caso, ¿para qué son las fiestas?

5- Apurar el final: es como en los exámenes de la secundaria, ¿se acuerdan?, cuando la maestra avisaba: “Vayan terminando...” y uno en ese sprint final quería escribir todo lo que en una larga hora no había escrito. Es imposible, claro, pero lo peor: es peligroso. No se puede en diciembre hacer lo que no se hizo durante todo el año y al intentarlo, al apretar el acelerador a fondo, uno puede pegarse un palo. Se hizo lo que se hizo y lo que no se hizo quedará para el año próximo. ¿Resignación? No, para nada, buen tino, prudencia. Apurar los tiempos nunca es bueno, menos en la recta final y cuando se viene jugado.

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