El embarazo de Carina García había transcurrido con relativa tranquilidad. Durante los primeros meses tuvo que hacer reposo, pero después de esa indicación médica todo marchó bien. El 21 de marzo de 2011 nació en Rosario, Alan Mogica, su primer hijo.
Después de un parto sin complicaciones, las primeras horas de la vida del bebé estuvieron colmadas de una alegría que se fue empañando cuando los médicos detectaron rápidamente que "algo no estaba bien".
"Yo veía que estaba moradito y que no se prendía bien a la teta, como que le faltaba fuerza para succionar", recuerda Carina. "Llegaba la hora de las visitas, todos estaban ansiosos esperando conocerlo, pero en ese momento las enfermeras vinieron a buscarlo y me dijeron que los familiares le den un besito rápido porque el gordo se iba a terapia, de urgencia".
El relato de la mamá se produce mientras Alan corretea por la Redacción de La Capital, ajeno a los recuerdos amargos.
Carina, acompañada por su esposo Walter se emociona al rememorar esos días difíciles: "Al principio no entendés nada porque no lo esperás, porque no querés que esté pasando. Nadie está preparado para eso. Igual, yo presentía que el problema era serio".
Desde neonatología le informaron el diagnóstico: una complicación cardíaca congénita, que no había sido detectada durante el embarazo y que se llama Tretalogía de Fallot. La malformación causa niveles bajos de oxígeno en la sangre y lleva a que los bebés se pongan "azulados". La forma clásica de la tetralogía abarca cuatro anomalías del corazón y sus mayores vasos sanguíneos.
A los pocos meses Alan entró a un quirófano por primera vez para una cirugía correctiva. "En ese tiempo me lo dejaron llevar a casa pero con condiciones: que no llorara, que estuviese atenta para que no se agitara. Fueron días y noches interminables, un verdadero caos", relata Carina.
Aunque la situación del bebé mejoró, sus papás sabían que alrededor de los dos años Alan tenía que volver a un quirófano para terminar de resolver el problema cardíaco con el que había nacido. Así fue como el mes pasado el nene ingresó a cirugía. Esta vez la operación se llevó a cabo en el Sanatorio de la Mujer, en Rosario. Participaron decenas de profesionales y asistentes tanto en la operación como en la recuperación. "Fue una intervención exitosa, al punto que a las 48 horas ya había salido de terapia y a la semana tenía el alta", explica Eduardo Ontivero, gerente médico del sanatorio.
A la cabeza del equipo estuvo el cardiocirujano Pedro Corvalán quien confirma que se trató de una práctica de alta complejidad con la utilización de bomba extracorpórea (que se utiliza en las denominadas cirugías a corazón abierto).
"La espera fue angustiosa, pero sabíamos que estábamos en buenas manos", dice Walter, quien agrega que "la contención profesional sumada al enorme apoyo que tuvimos de amigos y familiares alivió la tristeza".
Ontivero remarcó la importancia de que este tipo de cirugías puedan realizarse en el propio lugar de residencia de los niños, sobre todo por la ayuda anímica que reciben y la ventaja de estar cerca de su casa.
"Muchos de estos chicos se iban a operar a Buenos Aires, ahora tienen más opciones en su ciudad, con todo lo que eso implica", enfatiza Corvalán.
Hoy, los Mogica disfrutan de la tranquilidad de saber que Alan apenas necesitará algunos controles más en los próximos meses pero que tiene por delante la chance de una vida sin complicaciones de salud. Quizá, las palabras de Walter lo digan todo: "Mi hijo volvió a nacer, y nosotros, también".