Si volcamos la mirada tiempo atrás podremos identificar al profesor como aquel que desempeña su rol educando, transmitiendo no sólo conocimientos, sino también experiencias y principalmente valores para la vida, a un grupo de alumnos dispuestos a escuchar, aprender, algunos hasta estudiar, porque tampoco es cuestión de echar toda la carga de la falta de estudio a esta época; pero lo que si resulta principalmente notorio y representativo de tiempos antaños es el respeto y la admiración que se tenía por estas personas dispensoras de sabiduría. Hoy los tiempos han cambiado y los docentes atraviesan junto a sus alumnos y a los padres de estos una crisis. Crisis arraigada en los cambios de moda, costumbres, ideologías, que ubican a este grupo de pares en un eterno transe de adolecer. Los adolescentes enfrentan una falta total de motivación en todo lo que realizan, siguiendo el comportamiento de la masa y contando en los hogares con referentes que los apañan y en el contexto, con un sistema educativo que también en cierta forma los apaña. En el medio se encuentran los docentes, quienes a diario enfrentan situaciones adversas, tanto dentro como fuera del aula. Su rol se ha desvirtuado por completo, ahora su función, lo importante, la "meta", está fijada en la nómina de alumnos que pasarán de año y esto debe lograrse a cualquier precio, lógicamente con la ley del menor esfuerzo. Los docentes ya no cuentan con el respaldo de las familias ni del propio sistema educativo. Ambos vuelcan su mirada hacia el adolescente, como si este fuera un ente, que debe contar con una calificación de seis o siete (según el año), agotando todas las posibilidades para que esto suceda, midiendo la cantidad y no la calidad con la que ideariamente deberían ser formados. La gravedad de esta situación es arrastrada a las sucesivas etapas de la vida de "ese alumno de nivel medio". En el nivel universitario o terciario es común encontrarse con "futuros próximos profesionales" que no saben interpretar, reflexionar, relacionar y mucho menos estudiar. Si seguimos avanzando las consecuencias van a ser aún más graves, porque esas personas que están transitando el camino de su formación académica, serán quienes en un futuro no tan lejano, ejerzan la representación del pueblo, a través de un cargo público, atiendan a personas con pronóstico reservado, etcétera. De aquí la importancia de la toma de conciencia conjunta para un cambio radical, basado en el apoyo a los educadores para la implementación de una exigencia y responsabilidad que debe estar presente en todo educando.


























