Hay razones varias para explicar el por qué de la relevancia de este gran triunfo de Central sobre Independiente Rivadavia. la primera, la más fácil de hallar en el análisis, es porque tuvo a un jugador como Ángel Di María que fue el que tomó el volante y piloteó absolutamente todo. Pero además hubo algunas otras cositas que pueden parecer simples perlas que no lo son. Dos goles de centrodelanteros en un mismo partido no es poco para este Central y fue lo que sucedió.
Este Di María que fue el abanderado en aquella consagración en Santiago del Estero ante Estudiantes, volvió a ser el gran capitán, el referente, pero sobre todo el faro futbolístico de un equipo que se despachó con la mejor actuación del año. Es cierto, jugó más de un tiempo con uno más, pero en otras varias ocasiones le costó y no pudo ganar.
Habían pasado unos pocos minutos cuando ya se advertía que Fideo estaba en uno de esos días en los que todo podía salirle. Y no hizo más que demostrarlo. Porque primero fue un remate bombeado que el arquero sacó al córner, después el penal que convirtió con solvencia y ya en el segundo tiempo la autoría del tercer gol, en el que casi tuvo que solo empujarla. Pero en el medio de todo eso, fue pedirlas todas, jugar y hacer jugar, reclamar y hacerse sentir como portador de la cinta de capitán.
El gol de Copetti ya iba a venir
¿El gol de Copetti? Una jugada colectiva, pero que se inició con un Di María de espaldas a la cancha y acorralado por la línea del lateral. Lo que hizo fue meter un taco perfecto para Sández y de ahí nació el centro para el chaqueño. Pero le faltaba algo más: participar de otro de los goles. Gran centro al pecho de Ovando, quien la bajó para el gol de Marco Ruben.
Y todo eso bueno que hizo Di María derramó buenas vibras. Porque en medio de ese gran partido de Fideo y del equipo llegaron los goles de los 9, que hasta aquí habían brillado por su ausencia en el torneo Clausura. Copetti le pudo poner punto final a esa sequía que arrastraba desde aquel partido ante Racing, por los cuartos de final del torneo Apertura. Una banda de partidos en el medio sin poder convertir. Hasta hoy.
Marco Ruben llegó a los 108 goles con la camiseta de Central. Anotó su primer tanto en el Clausura.
Sebastián Suárez Meccia / La Capital
Buenas vibras en Central
¿Buenas vibras? Había algo más aparte de ese primer gol en el torneo de un centrodelantero: otro grito de Marco Ruben. El goleador histórico del Canalla había convertido una sola vez tras su regreso, ante Universidad Central de Venezuela, por la Copa Libertadores, y esta vez también tuvo lo suyo. Una tranquilidad pasmosa para definir de cara al arco y estirar la cuenta a 108 gritos con la camiseta canalla.
Hubo muchos puntos altos en este Central victorioso, pero desde la figura y el talento de Fideo Di María se construyó esa victoria contundente que tuvo al campeón del mundo, una vez más como figura excluyente, y también goles de los 9. Una tarde redonda por donde se la mire.