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"Somos pibes de 40 con la necesidad de seguir la lucha de nuestros viejos"

Hijos de combatientes de Malvinas se reunieron por primera vez este fin de semana en La Rioja y formaron una agrupación con las mismas banderas.

Martes 22 de Mayo de 2018

Edgardo Arnoldo era un soldado clase 1962 que combatió en la Guerra de Malvinas y que cuando volvieron a Buenos Aires en colectivos con los vidrios tapados y los llevaron a un regimiento donde un oficial a viva voz los amenazó para que no contaran nada con la manida frase de que "lo que pasó en la guerra queda en la guerra", se paró y le respondió que él iba a contar todo lo que había vivido. "Entonces «le regalaron» dos días de calabozo", recuerda ahora su hijo Ever, de 30 años, uno de los mentores de Generación Malvinas, la agrupación de hijos de combatientes de Malvinas de varios lugares del país, que se reunieron por primera vez este fin de semana en la ciudad de La Rioja. Edgardo murió el año pasado, con apenas 54 años, pero su hijo y un puñado de hijos de otros combatientes acunan el sueño de continuar con la lucha de la generación de los viejos.

Nacido en la ciudad de San Lorenzo, Edgardo hizo el servicio militar en el Regimiento de Infantería 5 de la ciudad correntina de Paso de los Libres, desde donde terminó como radiooperador en Puerto Yapeyú, en la Compañía B, apostada en la isla Gran Malvina.

―¿Qué te contaba tu viejo de la guerra?

―La improvisación permamente, la falta de información, como decirles primero que iban al sur y finalmente terminar en la guerra, sin ninguna consciencia del lugar ni de la situación que iban a vivir. En una noche de combate durante un ataque enemigo ellos por desconocimiento cargaron en un cañón un proyectil de traza luminosa, dispararon y se iluminó todo el cielo, con lo cual descubrió su posición y quedaron expuestos al fuego enemigo. Mi viejo zafó porque un jefe le gritó "¡Rosarino, salgamos de acá porque nos hacen mierda!", pero muchos compañeros murieron cuando cayó una bomba.

―¿Los soldados pasaban hambre?

―Totalmente. Sufrieron situaciones como tener que proveerse de alimentos en un hangar o en una casita de Puerto Howard, durante noches de combate, en las que mi viejo se metía y los sacaba haciendo saltar las bisagras de los cofres. Ellos estaban en la isla Gran Malvina, al otro lado del estrecho San Carlos, donde cuando llegó el primer helicóptero para aprovisionarlos con una olla de campaña por compañía la de ellos se cortó la soga y se rompió, así que nunca anduvo bien y comían comida cruda durante toda la guerra. Y, peor aún, cuando los ingleses hicieron una cabecera de playa en San Carlos y también dominaban el mar, entonces la cosa se puso peor y pasaron hambre.

―¿Tu padre fue uno de los soldados castigados por robar comida durante la guerra?

―Sí, producto de esa decisión desesperada de sacar alimentos durante una noche del hangar y de una casita de Puerto Howard porque estaban muertos de hambre, mi viejo fue estaqueado. Y por eso fue uno de los denunciantes de los maltratos y torturas que sufrieron los soldados argentinos en Malvinas, de parte de sus jefes. Hay varias denuncias por maltratos y vejámenes, incluso un compañero de la Compañía A murió por desnutrición.

―¿Cómo vivieron la posguerra?

―Más allá de eso, ellos tuvieron la capacidad de unirse y de concientizar sobre las necesidades básicas insatisfechas que tenían: trabajo, salud y vivienda. Y así, con su lucha y su militancia lograron que en Santa Fe tengamos una de las mejores legislaciones de los combatientes de Malvinas del país.

―¿Qué opinás de los soldados movilizados que no combatieron en la guerra y piden los mismos derechos que los combatientes?

―Durante toda mi vida acompañé a mi viejo a todas las reuniones, marchas y desfiles de los combatientes, en Rosario, San Lorenzo y Santa Fe, y siempre vi las mismas caras. Recuerdo que en un acto apareció un señor que me dijo que era combatiente, le conté que mi padre combatió en Puerto Howard y cuando le pregunté dónde habían combatido me dijo que "en Fray Luis Beltrán". Entonces le pregunté si me estaba cargando.

―¿Cuál es la posición de Generación Malvinas sobre el reclamo de los soldados movilizados en el Teatro de Operaciones Atlántico Sur (Toas)?

―Después de 20 ó 30 años apareció un grupo de hombres, que se presentan como soldados movilizados y que pretenden obtener los mismos beneficios que lograron los combatientes con su lucha. Esto no es personal ni tiene que ser una pelea de argentinos contra argentinos, pero nunca los vi y aparecieron después de muchos años cuando hubo un colectivo que luchó, muchos de los cuales, como mi viejo, no pudieron soportar el dolor porque estaba muy mal físicamente.

―¿El cuestionamiento de ustedes se basa en que ellos no combatieron?

―Nos duele y nos parece injusto que tergiversen la realidad y que se nombren como combatientes, pero no sólo porque no estuvieron en la guerra sino porque tampoco estuvieron en la lucha en la calle. Se dieron cuenta de que la unidad y la lucha de los combatientes les permitieron lograr cosas que muchos ni siquiera pudieron disfrutar.

―¿Cuáles son los objetivos de Generación Malvinas?

―Primero sentar las bases de un movimiento de hijos de combatientes de Malvinas. En Rosario nos juntamos con Gastón Cafra y con Alejandra y Nani Artaza. Sin conocernos y viéndonos por primera vez nos dimos cuenta de que tenemos un montón de cosas en común porque a la vuelta de la guerra ellos habían sufrido mucho, no nos contaban nada y recién empezaron a contarnos sobre la guerra bien entrada la democracia. Somos unos pibes de 40 y sentimos la necesidad de continuar con la lucha, los objetivos y los sueños de nuestro viejos, que por una cuestión biológica nos van a dejar estas banderas.


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