Puede atender hasta 400 consultas al día y tiene un promedio de 250 mil al año.
Referente regional de la medicina pediátrica, el Hospital de Niños Víctor J. Vilela cumple el
miércoles 80 años de vida junto a la comunidad rosarina y redobla la apuesta con proyectos a
mediano y largo plazo para mejorar diariamente sus servicios.
Necesario. "La protección infantil está a cargo actualmente sólo de la sala de
niños para la segunda infancia del Hospital Rosario y de los dispensarios de lactantes que
funcionan en la casa central (Pellegrini 237) y la sección Refinería, cuyos movimientos se
demuestran en las planillas que se acompañan. Esto revela lo limitado de los medios que se disponen
para atender a tantos niños enfermos y la necesidad de construir un pabellón para ellos", decía un
párrafo de la nota que envió a la Intendencia en 1925 el por entonces director general de
Administración Sanitaria, Pedro P. Piñero García.
En ese contexto, comenzó a gestarse la necesidad de contar con un hospital
exclusivo para la atención pediátrica. Finalmente, se fundó el 14 de julio de 1930 bajo el nombre
de Hospital de Niños e Instituto de Puericultura, concebido para la atención de chicos en la
primera y segunda infancia por iniciativa del por entonces intendente Víctor J. Vilela.
Su fundador y primer director fue Horacio de Zuasnábar. En 1941 pasó a tener su
nombre actual, en reconocimiento al impulsor del proyecto.
De todos. En todos estos años, ¿qué padre no se acercó alguna vez a la
institución de Virasoro 1855 para vacunar a su hijo o hallar la respuesta médica a los síntomas de
un resfrío u otras enfermedades más graves?
Los respuesta no tarda en llegar cuando se conoce que el Vilela atiende la
mayoría de la demanda pediátrica de la ciudad y la región, con un 35 por ciento de consultas de
pacientes de otras localidades. En las áreas de mayor complejidad (cuidados intensivos,
neurocirugía y hemato oncología), asciende al 50 por ciento.
El 40 por ciento de las consultas es por problemas respiratorios, el 15 por
ciento por accidentes y traumas, y el resto se distribuye en patologías gastrointestinales,
infecciosas y neurológicas.
Mientras enfermeros, médicos y personal administrativo se desvive por ocuparse
de los niños, con guardias las 24 horas todos los días del año, es habitual observar en las
habitaciones o en la sala de espera cómo alguno de los más de cien voluntarios lee cuentos
infantiles para hacer más llevadera la estadía en la institución y brindar contención a los
pequeños pacientes y sus familiares.
Gracias al trabajo de la Fundación Hospital de Niños Víctor J.Vilela, se amplió
el sector de neurología con la incorporación de aparatos para realizar electroencefalogramas, y un
neuroendoscopio para cirugías menos invasivas del sistema nervioso central, como las biopsias
tumorales.
Además, el efector cuenta con nuevas prácticas médicas (polisomnografía y
neuroendoscopía) y se ampliaron los servicios del vacunatorio para distribuir la demanda diaria
extendiendo el horario de atención de 9 a 18.
El Hospital de Niños evolucionó en sus prestaciones y se convirtió hoy en una
institución de mediana y alta complejidad que tiene la infraestructura y el capital humano para
responder ante patologías agudas y crónicas de la infancia y la adolescencia.