Economía

La economía de la era Macri y los "brotes verdes"

En los últimos meses, la economía argentina ha mostrado algunos signos de recuperación, pero eso no es suficiente para decir que se encuentra en un sendero de crecimiento estable y equitativo.

Domingo 15 de Octubre de 2017

En los últimos meses, la economía argentina ha mostrado algunos signos de recuperación, pero eso no es suficiente para decir que se encuentra en un sendero de crecimiento estable y equitativo.

A pocos días de cumplirse los dos años de gestión del gobierno de Cambiemos, el signo positivo de algunos indicadores de la economía nacional han dado lugar a una suerte de festejo prematuro por parte del oficialismo, pero que no despeja las dudas acerca de los fundamentos y la sostenibilidad del modelo. En efecto, una leve mejoría en algunos sectores, el incipiente aumento en la demanda y la oferta global, el repunte del crecimiento del PBI, entre otras variables que registraron un cambio de tendencia, sostienen la idea de que "lo peor ya pasó", pero no resultan suficientes para augurar un crecimiento genuino, sostenible y equitativo.

En rigor de verdad, los indicadores resultan alentadores en vista de que se los compara con un año para el olvido, como lo fue el 2016. Por ejemplo, entre enero y agosto de 2017, el PBI creció 2,7 por ciento respecto al mismo período del año anterior, variación que no alcanza para volver a los niveles del año 2015.

Esta situación también se observa en la evolución mensual de algunos sectores, respecto al año 2016, como por ejemplo, agricultura, ganadería (4,9 por ciento), industria y manufacturas (2,5 por ciento), construcción (9,7 por ciento), intermediación financiera (4,4 por ciento) y actividades inmobiliarias (1,1 por ciento). En el caso de la industria, que registró un incremento del 1,4 por ciento en el período enero-agosto del 2017, logró cortar una racha de 16 meses de caída ininterrumpida, pero en el acumulado todavía no logra recuperar la perdida del 4,2 por ciento de agosto 2016.

De todas formas, no hay que olvidar que también hay otros sectores clave de la economía que siguen con indicadores negativos y que no pueden experimentar el cambio de tendencia, como, el alimenticio y textil.

En el campo laboral, la creación de empleo estuvo asociada más bien al cuentapropismo. La tasa de desocupación aumentó levemente respecto al 2015, lo que se puede explicar en parte por el cierre de aproximadamente 1.400 empresas y 60.000 puestos de trabajo perdidos en la industria manufacturera. Es lógico que el crecimiento del empleo sea bajo o negativo, en vista de que el modelo económico se basa en la apertura externa, la renta financiera y la producción primaria capital intensiva.

Lejos de estar resuelto, y a pesar de una política monetaria restrictiva y onerosa para el Estado, la inflación sigue afectando el poder adquisitivos de la moneda y confirmando que resulta un problema de difícil solución.

Si bien la evolución del nivel general de precios de la economía mermó su ritmo de crecimiento (respecto al 41,2 por ciento del año 2016), se espera que la inflación de 2017 supere la pauta fijada por el Banco Central, que desarrolló para (in)cumplir este objetivo una política monetaria recesiva y generadora de un exorbitante déficit cuasifiscal, que algunos ya estiman en el 2 por ciento del PBI, aproximadamente.

Esto no es gratuito, puesto que genera una caía en el nivel de vida de grandes sectores de la población, a lo que se debe sumar la pérdida de derechos y conquistas sociales que parecían definitivamente logradas para el presente y las futuras generaciones (como ejemplo se pueden destacar los aumentos tarifarios, la quita de beneficios a jubilados y discapacitados, etc.).

La dudas que siguen existiendo sobre el actual esquema económico se basan en la debilidad estructural de la estrategia de crecimiento desarrollada por el gobierno. Con permanente déficit fiscal y comercial, la pregunta es: cuánto tiempo más podremos vivir de prestado.

Con ajuste y todo, el déficit fiscal del gobierno nacional se acrecentó mucho más de los esperado (superando el 7 por ciento del PBI). Por su parte, el balance comercial sigue arrojando un saldo desfavorable, que agudiza el problema de estrangulamiento externo (falta de divisas para el crecimiento de la actividad productiva y normal funcionamiento de la economía en general).

Es por ello que se está produciendo un alevoso y veloz crecimiento del endeudamiento público, y principalmente externo, que lejos de atender al desarrollo y la inversión, financian la especulación financiera y la fuga de capitales, que ya supera los 40.000 millones de dólares durante la gestión de Macri.

El combo perfecto para la especulación financiera y la fuga de capitales, está dado por las generosas libertades introducidas en el mercado de cambio, las altas tasas de interés promovidas por el BCRA y el ingreso de dólares para la vía del endeudamiento público, que a su vez, mantiene el tipo de cambio artificialmente subvaluado.

Este es un esquema del que claramente se benefician unos pocos y que, como ocurrió en otros momento de la historia argentina, termina afectando inexorablemente al conjunto de los argentinos, por más que no se hayan beneficiado con un sólo dólar de los que ingresaron de la deuda pública externa.

Como resultado, la Argentina esta nuevamente enfrentando una carencia de divisas para hacer frente a los compromisos internacionales, tanto en la atención de los servicios de la deuda, como en los dólares necesarios para sostener un crecimiento con independencia, y solo se podrá enfrentar la deuda con mas deuda. Al momento, esto no es noticia, porque la noticia son las reiteradas y exitosas colocaciones de deuda externa del ministro de Finanzas.

Estamos mal pero vamos bien

En resumen, el gobierno parece repetir la historia de querer explicar que "estamos mal, pero vamos bien", y es allí, probablemente, donde se pueda apreciar con claridad la similitud de este proceso con las políticas aplicadas en los últimos años del siglo pasado, que desembocaron en la peor crisis de toda la historia Argentina.

¿Qué vendrá después de octubre? Es evidente que por más que algunos indicadores mejoren un poco, este modelo económico cierra solamente para algunos que están bien posicionados. Con un Estado cada vez más ausente, no hay razones para pensar que la estrategia de crecimiento planteada considera el aporte digno de todos y cada uno de los argentinos; otra vez está presente la idea de que algunos tal vez no lo lograrán.

En vista de ello, es lógico pensar que la receta vuelva a ser el ajuste, el endeudamiento, la reducción de salarios reales, la concentración de la riqueza, los deslizamientos hacia la exclusión, y una mayor dependencia externa. Este es el camino que economistas y los grupos de interés más poderosos que gobiernan nuestro país le están reclamando al gobierno que adopte sin miramientos.

Si no fuera así, se debería poder responder con sinceridad a las siguientes preguntas: ¿Cómo enfrentará la Argentina el pago de los intereses y una deuda externa cada vez mayor, si nuestra saldo comercial arrojará, según las propias estimaciones del gobierno, un déficit del orden de los 7.000 millones de dólares anuales por lo menos por 3 años? ¿Cómo generará la Argentina la inversión productiva y el crecimiento de la economía real, si las políticas monetarias y cambiarias siguen favoreciendo la actividad financiera, la especulación y la fuga de capitales? ¿Cómo se crearán los puestos de trabajo necesarios para millones de argentinos, si las industrias, los pequeños productores y las pymes están registrando una caída en el uso de su capacidad instalada? ¿Qué mecanismos o políticas activas de parte del Estado lograrán hacer realidad la famosa teoría del derrame? O bien, ¿cúanto tendrán que esperar los sectores más vulnerables para empezar a recibir las primeras gotas del vaso lleno de los exitosos ganadores?

El horizonte del "próximo semestre" ya dejó de ser. Cualquiera sea el resultado de las elecciones de octubre el Ejecutivo tiene su idea, y no hay indicios de que considere seriamente replantear el destino final de estas políticas. Eso no quiere decir que la Argentina se haya quedado sin alternativas. Una clara surge a partir de establecer como fundamento de la economía nacional el interés del conjunto de los argentinos, empezando por saldar la deuda con aquellos que más necesitan y menos tienen; claramente, un cambio radical.

Por Daniel Guida / Economista Pueblos del Sur

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