San Lorenzo

Daniel Pili: "No tenía ni idea de qué era una clase de teatro, pero es increíble"

El actor y autor teatral, que se destaca hace casi 30 años con obras en su ciudad y en Rosario, ganó una mención nacional en textos para radioteatro

Lunes 26 de Octubre de 2020

El actor y autor teatral sanlorencino Daniel Pili, de 58 años, comenzó a los 30 una carrera tan prolífica como vertiginosa, en la que protagonizó numerosas obras con gran suceso en su ciudad natal y en Rosario para luego incursionar en la producción de textos y micro relatos para radioteatro, que le valieron reconocimiento y lauros en el país −en Buenos Aires y en San Martín de los Andes− y allende las fronteras, en la región chilena de Coquimbo.

   −¿Cuándo surgió tu pasión por el teatro?

   −En la primaria participaba en todos los actos y cuando había que hacer de mujer también lo hacía. Y en la secundaria también lo hacía, todo en la Escuela San Carlos. Mi impulsor en esto fue Héctor Gallo, la figura más sobresaliente del teatro sanlorencino, en los 90.

   −¿Cómo llegó ese momento iniciático?

   −A mi cuñada, Titi Radice, se le ocurrió hacer una obra de teatro con los padres de los alumnos de séptimo grado en la escuela de San Lorenzo donde ella trabajaba. Ella lo conocía a Héctor Gallo, a quien convocó a dar algunas clases, a las que sólo fueron un par de padres, Titi y su esposo, el Pato Martínez, entonces me preguntó si quería ir. Nunca había hecho teatro. Héctor Gallo me impresionó, nos decía que teníamos que escribir la historia del personaje. «¿Sabés qué es el physic du role?», me preguntó un día. Yo no tenía ni idea. «El físico que un director se imagina para que un actor interprete un personaje. Algo que te conmueve».

   −¿Cómo fue subirte a un escenario a los 30 años?

   −No tenía idea de qué era un clase de teatro. Héctor Gallo estaba en el Teatro Independiente Paraná con Eduardo Olchowyj, pero se pelearon y como Héctor no daba clases, empecé a tomar clases con Eduardo. Me subí a un escenario a los 30 años. Con Eduardo hicimos “Vida sexual de Robinson Crusoe”, con Gloria Ruiz como asistenta de dirección. En el Teatro Independiente Paraná el leit motiv era: «Vos subís al escenario, pero no sos vos, le prestás el cuerpo a un personaje. Ese personaje tiene que tener su historia». Había que tener la historia. Cuando la escribí, era un absurdo total y quedaron de la nuca. Tanto les gustó que salieron la obra y un monólogo con mi historia, que yo hacía sentado solo en la oscuridad iluminado por un rayo y después empezaba la pieza.

   −¿Cómo decidiste dedicarte al teatro de un modo semiprofesional?

   −Lo dejé de lado hasta que tuvimos una charla con Claudia, mi esposa, y decidimos hacer lo que nos gustaba y bancarnos, entonces yo volví al teatro y ella empezó a estudiar Psicología. Olchowyj se había ido con el Teatro Independiente Paraná a Puerto, donde hacía las mismas obras de hacía diez años, y empecé a hacer dos obras con Germán D’Alessandro, “Ciudad sombra de un pino”, que fue la más exitosa, con nueve funciones, en las que yo solo vendía 70 entradas por función, y “Carnaval y cenizas”.

   -¿Hubo una obra en la que hacías de malo, en la que una parienta tuya se enojó tanto que no quería saludarte?

   -Sí, mi prima no me quería saludar al final de la obra en la que yo hacía de un cafisho, que cagaba a palos a una mina. «Yo no te voy a saludar”, me dijo muy enojada a la salida. “Pero soy tu primo, el que actuaba en la obra era el actor que interpretaba un personaje”, le expliqué. «Está bien, te voy a saludar, pero sos un hijo de puta».

   −En algunas obras trabajaste con el actor Mariano Rey, que ahora integra la familia.

   −Mi hija Cecilia estaba de novia con Mariano, que ahora es su esposo, que estaba haciendo teatro en Buenos Aires, le mostró el video de la monja. «Me encantó», me dijo. Al tiempo tuve una propuesta para hacer “Un simio oscuro”, de María Rosa Pfeifer, que hicimos con Mariano en Rosario, y algunas obras como “Ceferino mate concert”, con el grupo Hacemos Teatro.

   −¿Cómo surgió la escritura?

   −Hace diez años. Siempre me gustó el radioteatro. Hay muy pocos textos de radioteatro, entonces empecé a escribir. Ponete a escribir todo lo que se te ocurra pero, cuando lo leés, puede durar diez minutos. ¡Y el radioteatro dura una hora! Como mi hijo Juan Pablo trabajaba en la FM Vale, se me ocurrió hacer algo para la radio y le pregunté al dueño si se animaba a darme diez minutos del programa una vez por semana. Escribí cuatro textos y pasaron dos los viernes. Fue una buena experiencia.

   -¿Cuál fue el disparador para escribir radioteatro?

   -Escuchando a Dolina, empecé a escribir. Hice un curso de dramatización on line de Buenos Aires, pero dejé por un ACV de mi vieja. Hasta que participé en el Segundo Concurso Nacional de Microficciones, que se trataba de escribir en 500 palabras una obra de teatro. La escribí, tenía 700 palabras, pero salió finalista. Está en una antología, me distinguieron con un diploma en la Feria del Libro, hace un mes hacen la obra en una radio de San Martín de los Andes, y en la comuna chilena de Ovalle, en Coquimbo, hicieron tres radioteatros, algo rarísimo porque me pidieron permiso para cambiar algunos modismos por los suyos porque no los entendían.

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