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El zaguero colombiano Yeimar, que hoy es titular en Central, habló desde la intimidad

Gómez Andrade habló de su vida, de su difícil niñez en Tadó, su ciudad natal en Colombia, y del sacrificio de sus padres para que él cumpliera el sueño de ser futbolista.

Domingo 15 de Marzo de 2015

 Desde adentro de la línea de cal se percibe que Yeimar Pastor Gómez Andrade es de roble. Que goza de un presente encantador, fruto del liderazgo de Central en el fútbol grande nacional. Como que todo le da igual mientras juegue o reviente la pelota. Pero cuando el defensor abre su corazón para contar su historia de vida, el castillo del prejuicio popular se derrumba automáticamente con su relato conmovedor. “Mis padres trabajaban en la mina de mi provincia, que es Chocó y mi ciudad es Tadó, que queda al norte del Pacífico. En realidad, mi madre lo sigue haciendo. Hasta perdió un hijo en su momento por el esfuerzo que hacía. Muchas veces pasamos privaciones porque si no sacaban metal como oro o platino, no cobraban. Además, se los extrañaba mucho a los dos porque se iban a las 5 de la mañana y regresaban a las seis de la tarde muy cansados. Era duro no verlos o no tener el abrazo de la madre. Sinceramente, pensar en el sacrificio que hacía ella me daba fuerzas para entrenar y llegar a primera. Si estoy acá es por ella”, fueron algunas de las frases que el colombiano de 22 años le ofreció con humildad a Ovación, en una charla íntima.

   “En la zona donde nací y me crié se trabaja en la minería y ganadería. No hay mucho por hacer. Mi padre (Jairo) y mi madre (Celestina) hacían todo lo que estaba a su alcance para que no nos faltara nada”, comenzó relatando a modo de prólogo el moreno colombiano, quien tiene seis hermanos. “Mi padre tuvo que dejar la mina porque le produjo problemas en la espalda. Ahora se dedica a reparar heladeras. Pero mi madre aún sigue yendo. Va menos, pero va”, acotó Yeimar.

   —¿Con quién te quedabas cuando ellos se iban a trabajar a la mina?

   —Con mi hermana mayor y mi abuelo al principio. Luego del fallecimiento de mi abuelo, me cuidada mi tío.

   —¿Extrañabas a tus padres?

   —Sí, muchísimo. Sobre todo porque no tenías a tu mamá para abrazarla o verla. Ellos se levantaban muy temprano, a las cuatro de la mañana, para prepararse el desayuno que se iban a llevar a la minería y no volvían hasta las seis de la tarde con suerte. La verdad es que era muy duro no estar con ellos. Se los extrañaba.

   —¿Te ponías mal cuando veías a tu mamá volver?

   —Sí, por supuesto. Es más, por trabajar en eso perdió un hijo por el esfuerzo que hacía. Le reventó la placenta y perdí un hermano cuando tenía 13 años. Fue duro ese momento.

   —¿Eso te marcó?

   —Seguro. Sobre todo porque no podía ayudar. Además casi se muere en la operación. Encima luego no podía hacer fuerza por dos meses, pero al mes tuvo que volver a la mina por necesidad. Y a raíz de eso se le diagnosticó una enfermedad hace poco, aunque por suerte ya está bien.

   —¿Tus padres te vieron debutar al menos por televisión?

   —Mi padre sí pudo hacerlo porque fue a una casa que tenía cable. Me dijo que hasta lloró de la emoción. Pero mi madre no, porque en casa no teníamos el abono.

   —¿Y qué pensaste cuando te enteraste de que no pudo llegar a verte?

   —Y... fue triste.

   —¿Cuándo pudo seguirte por la tele, si es que pudo?

   —Cuando jugamos ante Banfield porque fue de una vecina. La verdad es que cuando la llamé me comentó que estaba orgullosa y más tranquila porque vio cumplir mi sueño. Me hizo caer una lágrima. “Si estoy acá es por usted”, le confesé. Por el esfuerzo que hicieron los dos en realidad.

   —¿Los ayudás ahora?

   —En la medida que puedo. La última vez que fui le regalé un celular a mi madre, así tenía whatsapp y podemos comunicarnos más seguido al menos.

   —¿Y qué pensás al saber que tu mamá se levanta para ir todavía a la mina?

   —Me levanto pensando en ella y en eso todos los días. Es duro. Por eso quiero consolidarme así los ayudo. Sé que lo haré con la ayuda de Dios. No bajo los brazos por eso también.

De Colombia hasta llegar a Rosario Central

La vida deportiva de Yeimar Pastor comenzó a gestarse en su pueblo natal, Tadó. “Ahí jugaba todo el día a la pelota. Pero también al baloncesto. En realidad no tenía un puesto fijo hasta que un día un técnico me dijo «usted tiene que ser defensor», y así fue que comencé a desempeñarse en esta función cuanto tenía casi ocho años”, afirmó el colombiano, quien tuvo además un paso fugaz por “el Sub 17 nacional”.
  “La primera vez que entrené con un plantel profesional fue en Boyacá Chicó, era chico. Ahí conocí al Chino Caneo. Pero como era menor y había llegado tarde al club no podía jugar, pese a que además el presidente del club me castigó tras volver de la selección porque le habían dicho que no había cumplido como debía. Después me enteré de que dijeron eso porque el asistente del DT había llevado a otro defensor”, contó Pastor.

   La realidad indica también que el moreno defensor llegó al país para sumarse a Mitre de Pérez en realidad. Pero como era menor de edad no pudo jugar. Eso lo obligó a probar suerte en un club de Coronel Arnold hasta que Ricardo Palma lo probó en 2009 y le dio el okey para que sumara a Rosario Central desde enero de 2010. Pasó por la 5ª, 4ª y 1ª local hasta llegar a la reserva (en el medio estuvo un año en Tiro Federal) y debutar en la primera con Miguel Angel Russo. Hoy en día es el zaguero titular del Chacho Coudet.

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