El médico de Michael Jackson fue declarado culpable ayer de homicidio involuntario luego de un juicio en la Corte Superior del condado de Los Ángeles que lo mostró como un profesional imprudente que administró la dosis letal de un poderoso anestésico que mató al superastro.
El veredicto contra Conrad Murray marcó el último capítulo en una de las tragedias más espeluznantes de la cultura pop: la muerte Jackson en la víspera de la serie de conciertos que marcaría su gran regreso a los escenarios.
Varios integrantes de la familia Jackson, incluyendo su hermana LaToya lloraron después de que el veredicto fue leído.
Murray apenas reaccionó ante su condena. Fue esposado y arrestado sin derecho a fianza hasta su sentencia el martes 29 venidero. Parecía tranquilo cuando los policías lo retiraron de la sala de la corte.
No estaba claro si el jurado culpó a Murray por administrar la dosis fatal de propofol o por ser responsable de la muerte de Jackson.
El jurado deliberó menos de nueve horas, tras las cuales el cardiólogo, de 58 años, fue declarado culpable por cada uno de los integrantes.
Murray enfrenta hasta cuatro años de cárcel y podría perder su licencia de médico.
Jackson murió el 25 de junio del 2009. Las versiones de los testigos colocaron al artista como un genio atormentado a punto de realizar lo que habría sido su máximo triunfo pero con un impedimento en su camino: el insomnio extremo.
Varios expertos en medicina, empleados de Jackson, e incluso las ex novias de Murray, declararon en el juicio.
La fiscalía presentó a Murray como un doctor incompetente que usó el propofol sin las medidas de seguridad adecuadas y cuya negligencia hizo que dejara a Jackson abandonado mientras moría.
Los abogados de Murray querían presentar al médico como un ángel misericordioso cuyos antiguos pacientes se beneficiaron de sus conocimientos.
Los abogados de Murray y un experto que atestiguó para la defensa culparon a Jackson de su propia muerte y dijeron que el cantante se autoadministró la dosis fatal de propofol cuando Murray no lo estaba viendo. Un experto de la fiscalía dijo que esa teoría era una locura.
El médico forense dictaminó que la muerte de Jackson era un homicidio y que la culpa sería de la última persona que lo vio con vida: Murray, a quien había contratado del cantante para atenderlo mientras se preparaba para sus conciertos.
Jackson planeaba pagarle a Murray 150.000 dólares al mes para que lo acompañara en su serie de conciertos en Europa. Al final el médico no recibió ni un centavo porque el cantante murió antes de que firmaran el contrato.
Murray le dio al cantante 25 miligramos de propofol, según su declaración a la policía. El médico dijo que le pareció que era seguro dejar al paciente por unos minutos, pero cuando regresó Jackson no estaba respirando.
Lo que ocurrió a continuación fue lo que se discutió en el juicio. El personal de Jackson dijo que Murray estaba en pánico y que no llamó al número de emergencias 911, mientras que trató de darle estimulación cardiopulmonar a Jackson en su cama, en vez del piso.
Las autoridades no acusaron a Murray de tratar de matar a Jackson y pasaron ocho meses antes de que presentaran una demanda por homicidio involuntario contra el médico. Este era el cargo menos severo relacionado al homicidio.
Los expertos que atestiguaron por la fiscalía dijeron que Murray actuó muy por debajo de los estándares de cuidado para los pacientes y que la forma en la que administró el anestésico a Jackson fue una negligencia grave. (AP)