Ovación
Miércoles 31 de Agosto de 2016

Cecilia Carranza: "Si hacés lo que te apasiona, lo disfrutás"

La rosarina graficó la perseverancia en el trabajo que la llevó a obtener el oro olímpico junto a Santiago Lange, aunque aclaró: "No nos gusta usar mucho la palabra sacrificio"

Dos semanas después de haber alcanzado el punto álgido en sus carreras deportivas, la vorágine sigue sacudiendo las vidas de la rosarina Cecilia Carranza Saroli y Santiago Lange. Hace 15 días, cuando se subían a lo más alto del podio en la Marina Da Gloria, en Río de Janeiro, para colgarse el oro olímpico en Nacra 17, en yachting, empezó la "locura". Una locura bien entendida, la que genera la fiebre olímpica. Mucho más para los ganadores, que quedan en el primer plano, expuestos ante las solicitudes interminables: del público, que quiere brindarles el reconocimiento y de los medios, apurados por la coyuntura. Por eso, una hora después de que termine la nota con Ovación en la Marina de Regatas de Rosario, en el medio de un clima espantoso de viento y lluvia, Cecilia Carranza se subirá al auto para ir a una nota en la radio y dirá que "de ahora en más cuando critiquen a Diego (Maradona) voy a ser la primera defensora, cómo hace la gente famosa para responder a todos los pedidos". No quiere decir que Ceci se crea una estrella, también lo aclara, pero cuenta que los días posteriores a conseguir la medalla son agotadores: "No estábamos preparados para esto", dice. Sin embargo, resalta que "no me quejo, es una manera de devolverle a la gente un poco de todo el cariño que nos dio".

Ceci Carranza es la primera y única mujer en conseguir una medalla de oro para Rosario y la segunda a nivel país. Lo logró junto al experimentado Santiago Lange, cumpliendo el sueño máximo de ambos. Pero lejos de quedarse sólo con eso, la velerista del Yacht resalta que haber disfrutado del camino hacia ese logro fue lo más importante. Evita hablar de "sacrificios" y resume todo en una idea: "Si hacés lo que te apasiona, lo disfrutás". Además reconoce: "Todos los días veíamos el atardecer en el agua", para graficar la convicción por el trabajo. Por otro lado pone el foco en el legado y admite que es una gran cuenta pendiente de la vela capitalizar los logros en crecimiento deportivo. Por si acaso, tira alguna idea, como para que la escuchen.

—¿Ya alcanzan a dimensionar la medalla de oro en el medio de esta vorágine atravesada por tantas emociones?

   —Por momentos alcanzamos a dimensionarlo. Por ahí en algunos lugares, cuando nos hacen reconocimientos y muestran imágenes o repasan las historias voy haciendo el retro-track y me voy acordando de todo el camino que recorrimos para llegar adonde llegamos y te vas dando cuenta, te llenás de orgullo de haber podido sortear todos los obstáculos que sorteamos. Si contamos cómo es el día de trabajo nuestro, la gente se cansa de sólo escuchar. Y lo mantuvimos durante diez meses. No sacamos la cuenta pero desde el 5 de enero, tras las Fiestas, ya instalados en Río de Janeiro y hasta que terminamos los Juegos, creo que descansamos como mucho diez días.

—¿Cómo eran esos días?

—Empezábamos con un trabajo de yoga, de media hora, desayuno, gimnasio y trabajo en el barco. Nuestro deporte demanda de mucho tiempo en el barco y de hacer arreglos. Luego almuerzo, cuatro horas de promedio en el agua y a la vuelta un rato de aeróbico, kinesiología o yoga. Más un poco de charla técnica, videos y fotos. Si tenemos suerte que alguien cocine (risas), cenamos. Cena y a dormir.

—En todo este tiempo junto a Santiago te referiste a los valores y remarcaste que te quedabas tranquila porque eran los mismos que se manejaban en tu casa. ¿Hablabas de sacrificio y trabajo?

—No nos gusta usar mucho la palabra sacrificio. Una de las cosas que compartimos en este equipo es que tenemos la suerte de hacer lo que nos gusta y agradecemos muchísimo eso. Entonces, disfrutamos de hacer lo que hacemos. Obviamente es sacrificado, pero sarna con gusto no pica. Nos sentimos afortunados de hacerlo. Sacrificada es la persona que lamentablemente no tiene la opción de elegir, que no hace lo que le gusta o que de repente no tiene la suerte de encontrar eso que tanto la apasiona. Porque al final, si hacés lo que te apasiona, lo disfrutás. Y los obstáculos que se te cruzan en ese camino son los mismos que se te van a cruzar en la vida. Nada es color de rosa. En cualquier cosa a la que te dediques vas a tener piedras en el camino, pero si hacés algo que no te gusta esa piedra se transforma en algo enorme.

—¿Pudiste disfrutar del camino, algo por lo que tanto bregaron más allá de si había premio final o no?

—Totalmente. Es una de las cosas con la que coincido con Santi (Lange) y creo que la clave para disfrutar del camino es encontrar qué te gusta hacer. Es un sacrificio que da placer y lo disfrutás. Está claro que se requiere de un trabajo importante y de una planificación. Hay que pensar muchísimo qué camino tenés que recorrer para llegar al éxito, pero cuando vos hacés todo eso, te basás en los valores y disfrutás todo ese camino al final no estás pensando en ganar. Ese no es el objetivo final. El objetivo se transforma en ese camino, en disfrutar. Y cuando llega el momento de la competencia mirás para atrás y hay una tranquilidad absoluta. Después, número uno hay uno solo.

—Cuando decidiste cambiarte a Nacra 17, después de ir a dos Juegos en Laser, te dieron la espalda, ¿no? Asimismo te plantaste y dijiste que aún sin apoyo ibas a pasarte a Nacra.

   —Sí, es así. Y de las cosas que me deja esta campaña, la más grande coincide justamente con eso. Fue una experiencia también de Santi. ¿Y qué es esto? Es seguir lo que tu corazón dice. La negativa fue tanto para Santi como para mí y no fue sólo de los dirigentes, sino también de amigos, de la familia... A veces te quieren preservar y que vayas a lo seguro. La gente tiene miedo de cambiar. Yo también tenía a quienes me decían que en Laser estaba cómoda, pero seguí lo que mi corazón decía, quería hacer otra cosa. Cuando vos verdaderamente tenés convicción las cosas te terminan saliendo. A Santi le pasó lo mismo. Con 54 años que él tiene éramos los primeros en sacar el barco al agua y los últimos en retirarlo. Todos los días veíamos el atardecer en el agua.

—La química entre Lange y vos pareció otra clave. ¿Qué fue lo que más te nutrió de él, que tiene tanta experiencia?

—Es difícil de resumir, pero hay dos cuestiones: a nivel personal es un gran amigo, un compañero de equipo impresionante, un padre de maravilla, que tiene los mismos valores que mis padres. Para mí que soy una persona arraigada a los valores de mi familia fue importante tener una campaña así. Los valores del trabajo y la perseverancia son los que se manejan en mi casa. Mis hermanos tienen abiertas las puertas de todos los lugares por los que pasaron mis padres y a mí me pasa con Santi, sé que tengo al lado una persona maravillosa. A nivel deportivo, al lado de él aprendí un método de trabajo, una filosofía diferente a la que yo traía y que evidentemente estuvo bien. La base es saber pensar para planificar, saber formar un equipo de trabajo y no tener miedo a cuestionar si el método y la planificación que hiciste ayer sirve para hoy o mañana. Eso rompió con mi paradigma.

—En el medio de la campaña a Santiago le diagnosticaron cáncer. ¿Eso puso en riesgo la participación en los Juegos o los fortaleció ustedes?

—Cuando a Santi le dicen que tiene un nódulo en el pulmón, la primera reacción de mi parte fue: "Listo, no me importa nada". ¿Qué iba a hacer? Darle la mano a este hombre que era mi compañero y tratar de tomar las decisiones correctas para que esté bien su salud. Lo que estábamos haciendo deportivamente se me olvidó por completo. Después poco a poco el equipo siguió, motivado por él. Pudo volver y creo que nos sirvió muchísimo. Nunca me voy a olvidar que cuando navegamos de vuelta, a mediados de octubre (lo operaron el 22 de septiembre), me dijo: "Nunca tuve tantas ganas de agarrar a los rivales". Y pensé: "Este hombre es especial". Un poco eso nos jugó en contra. Ese deseo tan grande que él tenía era difícil de controlar, al principio no tenía la capacidad aeróbica para navegar bien y eso hacía que arriba del barco hubiese una tensión constante. Salíamos a navegar y puteábamos... No estábamos disfrutando, no fue fácil pero estaba la convicción que podíamos. Nos sentamos a hablar y pudimos salir adelante. El titubeó, yo estaba convencida de que podíamos cambiar. Lo logramos. No estar disfrutando del camino fue nuestro punto de discordia.

—Ya con la medalla colgada hablaste de capitalizar el legado para que la vela crezca, ¿se te ocurre algo para que eso suceda fehacientemente?

—El río es para todos y lo más importante es que tengamos una sociedad en contacto con el río. Sería una apuesta enorme de los municipios, estados provinciales, nacionales que la sociedad tenga contacto con el agua. Porque eso es salud, es evitarte problemas futuros. No digo que la gente navegue a nivel olímpico, eso viene después, pero aunque sea que tenga contacto con el agua y para eso no se requiere una gran infraestructura. Hoy en Rosario hay un parque náutico que creció exponencialmente y me parece que las municipalidades pueden hacer escuelas y cosas para que la gente se pueda acercar sin costo, escuelas las hay en todo el mundo, pero acá no. En este sentido no es sólo una crítica a la municipalidad sino también a toda la comunidad náutica. Estamos en deuda. Ahora hay un oro de por medio, espero que nos utilicen para que demos una mano en lo que haga falta.

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