El 20 de octubre próximo los abogados con matrícula federal elegirán a sus representantes en el Consejo de la Magistratura. Luis Palomino, al frente de la lista de letrados vinculada a La Libertad Avanza (LLA), acusa al peronismo y al radicalismo de amañar los concursos de jueces. Y cuestiona a sus rivales por presentarse como independientes. “Todo el mundo sabe que están (Juan Manuel) Olmos y (Daniel) Angelici detrás de sus grupos”, sostiene.
En diálogo con La Capital, Palomino propone adelantar y agilizar los concursos judiciales, reducir la discrecionalidad de las entrevistas y usar inteligencia artificial para evaluar a los postulantes. Pone a la Justicia federal de Rosario como ejemplo de las fallas del sistema y propone discutir la presidencia del Consejo.
—¿Cuál es su diagnóstico de cómo funciona el Consejo de la Magistratura?
—Funciona mal. Debe organizar los concursos para conformar las ternas, pero algunos llevan mucho tiempo. El promedio es cien días. Creo que hay una gran cuota de manipuleo. La selección tampoco tiene la calidad que debe tener la Justicia que viene. Los antecedentes califican la trayectoria del candidato, pero no su idoneidad para ser juez. Puede ser un buen académico, jurista o abogado, pero eso no necesariamente significa que vaya a ser un buen magistrado.
—¿Qué habilidades deberían evaluarse?
—La función judicial no se agota en una sentencia definitiva. Conducir un proceso exige habilidades: compromiso con el personal, capacidad para conformar y manejar un equipo, buen diálogo con los profesionales, lenguaje claro y pensamiento crítico para resolver las incidencias. Que su trámite no sea burocrático y tenga agilidad. Lo que la gente pide es agilidad. Que el juez tome las audiencias, esté presente y no las delegue. Su presencia acorta muchísimo el proceso. Hoy eso no se pondera. A eso se suma la entrevista personal, que directamente es la arbitrariedad total. No hay una nota de evaluación sino una impresión del candidato: "Muy buena impresión, no puede estar décimo, tiene que estar segundo". Así pasa del décimo lugar al segundo o al revés, según las preferencias. Debe haber una matriz objetiva, igual para todos.
—Si resulta elegido, ¿qué cambios impulsaría primero?
—La entrevista personal es lo más grave: hay que corregirla porque ahí se producen las mayores arbitrariedades. Hasta la Corte dictó un reglamento nuevo porque ya era vergonzoso. Pero había que cambiar el reglamento en el Consejo. Una acordada unilateral de la Corte no tiene aplicación práctica si el Consejo no la aprueba. También proponemos adelantar los concursos. No necesitás que un juez se jubile para concursar el cargo. Si sabés que el año próximo cumple la edad jubilatoria, empezá el proceso. Tiene que fluir, no puede ser una máquina lenta y burocrática. La evaluación de antecedentes debe ser estandarizada. No necesitás validarlos en cada concurso para que un jurado los califique de distintas maneras. El Consejo debería darte un puntaje para presentarte a los concursos. Tampoco creemos que deban concursarse las vacantes a mansalva. Se concursan cinco juntas y ya no es una terna: son 15 lugares. Terminás teniendo 15 postulantes y podés elegir al número 14. Eso forma parte de lo que creemos que es el amañamiento de los concursos, desde que existe el Consejo, por los grupos de poder que lo manejan: el peronismo y el radicalismo. Todo termina manoseado, aunque se presenten como abogados independientes. Es hipocresía absoluta.
—¿Ve a Angelici y a Olmos como los organizadores de ese manejo?
—Están detrás de sus grupos. El candidato se saca la foto en la UCR. La presidenta del Colegio de Abogados de la Capital Federal es militante de la UCR y socia del estudio jurídico con Olmos. Tienen una sociedad y entre ellos se discuten todo. Decir que representan a la abogacía, como si no estuvieran en la política y nosotros sí, es una hipocresía. Por supuesto que estamos en la política: creemos que los cambios son políticos y que hay que debatir ideas y no alianzas. Hay una lista peronista, otra radical y otra que tiene radicales y peronistas. No sé qué estrategia tienen. Lo único de lo que se habla respecto de los abogados es de los honorarios. Creer que porque me digan que van a defender los honorarios los voy a votar es tomarnos de tontos. Es bajarle el precio al Consejo, como si tuviera alguna incidencia en eso.
La IA la Justicia
—¿Cómo aplicaría la inteligencia artificial en el Consejo y en las tareas judiciales?
—En el ordenamiento y la calificación de antecedentes, en la creación del caso práctico a resolver y en su evaluación. Esa herramienta puede quitar subjetivismo a la corrección: si al jurado le gusta o no cómo resolviste. Que evalúe si analizaste bien los hechos y los fundamentos. Hoy, el que se niegue a la inteligencia artificial se tiene que jubilar. Vino para quedarse. La queremos donde no sea necesario un juez. Donde sea necesario, tiene que estar el juez. Pero puede procesar información, organizar miles de expedientes y estandarizar procesos. Es como los que no querían dejar la máquina de escribir cuando llegó la computadora. La inteligencia artificial nunca va a reemplazar al juez porque la decisión es humana. Lo mismo con el abogado: la responsabilidad de quien firma una demanda es personal, no de la inteligencia artificial. Se niega una herramienta que ayudaría a la gente. Que un juicio de alimentos o laboral no dure cinco años. No es un tema de abogados: es que la gente tenga justicia y el sistema funcione.
—¿Qué mirada tiene sobre la Justicia federal de Rosario?
—Es una prueba elocuente de lo que hay que cambiar. El Consejo terminó seleccionando jueces que ni siquiera vivían en Rosario sino en Puerto Madero. Eso muestra por qué la selección no funcionó y la influencia de los grupos de poder. Con concursos transparentes y objetivos, reduciendo la discrecionalidad, funcionará mejor. Sin olvidar que hay una cuota de discrecionalidad del Ejecutivo, que elige dentro de la terna. Así es nuestro sistema constitucional. Hay que limitarla ofreciendo a los tres mejores candidatos, evaluados correctamente y en su integralidad. Así vas a evitar esos fracasos.
La integración del Consejo de la Magistratura y el rol de la Corte
—Desde la reforma de 1994 se discute cómo debe estar integrado el Consejo de la Magistratura. ¿Mantendría la composición de 20 miembros y la presidencia de la Corte?
—Está bien la conformación. Quizás se podría discutir la presidencia de la Corte. Si no hay cambios reglamentarios y por consenso, habría que impulsar una nueva ley sin tocar los estamentos. Si la Corte ya tiene representación en el Poder Judicial, ¿por qué debe presidir el Consejo? Antes era rotativo y eso le da otra dinámica. Que el presidente de la Corte no sea también el del Consejo, que administra los fondos del Poder Judicial. Salvo ese tema, que está en discusión, el resto me parece bien.
—¿Qué propone para la Escuela Judicial y el presupuesto?
Se estaba discutiendo un presupuesto de 700 millones de pesos por mes para la Escuela Judicial. Es una barbaridad. Debería funcionar mediante convenios con universidades y una currícula del Consejo. Debe enseñar habilidades blandas y no jurídicas, completar la formación para ser un buen juez. Esos 700 millones después faltan en infraestructura para los juzgados federales del interior. La Justicia nacional de Buenos Aires se lleva casi el 80% del presupuesto del Consejo. Debería traspasarse a la ciudad, con su presupuesto. Eso permitiría reordenar y concentrarse en la Justicia federal del interior, principalmente en lo vinculado a la narcocriminalidad. Hay mucho para cambiar.
—¿Qué le dice a un abogado que está decidiendo su voto? ¿Qué diferencia de otras listas?
—Somos nuevos, venimos con ideas transformadoras y demostramos que tenemos lo necesario para llevarlas adelante. Las otras listas son los mismos que hace 25 años manejan el Consejo y sigue funcionando mal. Lo que digan son eslóganes de campaña. Le pedimos al colega que vaya a votar: vota uno de cada cinco abogados. Entiendo que muchos no iban para no legitimar algo que no funcionaba. Esos aparatos ganan con muy pocos votos. Ofrecemos una opción distinta y sincera. Decimos lo que somos, no escondemos nada ni nos disfrazamos detrás de un candidato o personaje. Queremos que la Argentina se transforme.