Economía

La foto de partida en el arranque de un año electoral

El pasado año los dólares en fuga fueron casi 30.000 millones. Esto equivale el 50% del préstamo del FMI.

Domingo 13 de Enero de 2019

Son las primeras horas del año y como todo inicio, al menos desde las expectativas lo nuevo genera esperanzas de algo mejor, de una renovación de expectativas y por qué no pensarlo, un año electoral siempre es una carrera contra el tiempo en que se fuerza la maquinaria de la economía para maximizar los procesos electorales.

Para entender dónde estamos parados sin mirar atrás y mirando hacia delante, es necesario hacerlo desde la crudeza de los números y ser lo más objetivo posible. De hecho, no hay otro ánimo.

Vivimos de prestado (y así seguimos), la gestión del actual gobierno se inició con una deuda pública de 240 mil millones de dólares (52% del PBI) y por estos días ronda los 315 mil millones de dólares (87% del PBI). ¿Podremos bajar esta deuda en 2020?

El pasado año los dólares en fuga fueron casi 30.000 millones. Esto equivale el 50% del préstamo que se acordó con el Fondo Monetario Internacional. ¿Podremos recuperar la confianza y revertir la tendencia a quitar los dólares del circuito?

Puede surgir una inquietud bien intencionada aunque ingenua: con los dólares prestados, ¿se resolvieron problemas de producción o se invirtieron estos fondos a obras de infraestructura para mejorar nuestra alicaída competitividad?.

La respuesta es un no rotundo.

El PBI se redujo un 40% durante el año 2018 en términos de dólares. Los salarios cayeron otro 50% en términos de dólares desde 2015 a la fecha. Esta realidad asestó un durísimo golpe a la economía real que se no se puede soslayar cualquiera sea la variable que quieras analizar.

Las tarifas subieron un 54% en 2015 en términos de dólares y para no dejar de asombrarte en números, 3.630% en términos de pesos. Al inicio de gestión, las tarifas implicaban un esfuerzo del presupuesto del 6,3% y hoy representan 26%. Era lógico también que las tarifas debían actualizarse.

Claro está que ser menos productivos, con salarios deprimidos y por debajo de la inflación, más un esfuerzo cuatro veces mayor en términos presupuestarios para sostener los servicios básicos, el resultado era cantado.

La pobreza escaló a niveles del 33% incluyendo en este número la friolera de 13 millones de personas, seguramente el indicador que más debe doler a todos quienes tienen responsabilidad de gobierno.

Una inflación de casi 50%, que consolidando 2015-2018, estamos en valores cercanos al 140%. El 2019 luce como con una tendencia descendente, no sin considerar que pueda conseguirse con un escenario recesivo y altas tasas de interés que han asfixiado las iniciativas empresariales. Al menos hasta ahora.

Como emergente de esta ensalada de datos, Argentina se endeuda irremediablemente no para resolver sus problemas de fondo, tampoco para ser más competitiva sino para seguir alimentando un nivel de gasto que hunde a la economía en todas sus variantes.

Sostener este nivel de gasto implicó endeudarnos con el único prestamista que "creyó" en la débil situación de nuestra economía: el FMI.

Por supuesto que el condicionamiento es ajustar la política monetaria, achicar el gasto primario y bajar la inflación.

Hace 7 años que Argentina no crece y 80 años que viene en decadencia en términos de retroceso frente a lo que el mundo avanza. Es demasiado tiempo el que dejamos pasar como para confiar en que haciendo lo mismo nos va a ir mejor o para pensar en que "estamos mal pero vamos bien".

Son slogans fuera de moda, mientras la vida se nos pasa en el "ojalá que el año próximo sea mejor" y en rigor de verdad parece que las pre-ocupaciones de la dirigencia por estos días es ocuparse en maximizar su período de poder y no en el del necesario consenso político y resolución de los problemas que nos impiden crecer.

Como mensaje alentador, no hay que esperar que nadie nos resuelva los problemas, sí que los gobiernos no nos compliquen el camino (si no suman, que no resten). Los progresos son consecuencia de nuestra tenacidad para lograrlos y de condiciones que nos permitan sembrar el esfuerzo en una tierra fértil que ojalá se llame 2019.

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