Cultura y Libros

Mujeres en viaje

En un reciente libro publicado por Adriana Hidalgo se reúnen textos escritos por mujeres que se lanzaron a la aventura en épocas difíciles. Su intensidad, lucidez y belleza resultan inusuales. En diálogo con este suplemento su editora, Luisa Borovsky, cuenta cómo llegó hasta ellos y por qué no tuvieron la difusión que hubieran merecido

Domingo 01 de Marzo de 2020

El libro de viajes fue, durante mucho tiempo, un género consumido por multitudes. Cuando el mundo comenzó a abrirse —a fines del siglo XVIII y comienzos del XIX—, y de manos del floreciente romanticismo, los periplos por parajes entonces exóticos se tornaron habituales. Y quienes viajaban, por cierto, lo hacían también para compartir sus singulares experiencias. Así, muchos fueron aquellos que recorrieron el globo y después escribieron, sin que la lista excluyera a autores de prestigio y talento.

Lo que tiene de singular un libro recientemente publicado por Adriana Hidalgo es que el eje que vertebra los textos antologados dentro de ese marco es el género: Mujeres viajeras, en efecto, reúne las voces de un grupo de damas que se lanzaron a la aventura y la convirtieron, después, en palabras. La selección realizada incluye nombres conocidos, como los de Juana Manso y Eduarda Mansilla, con otros que acaso parezcan ignotos. El resultado, sin embargo, es apasionante. El volumen puede leerse como una novela, por lo entretenido, y al mismo tiempo como un buceo en paisajes físicos y humanos signado por la perspicacia y la hondura.

En diálogo con este suplemento, la editora del libro, Luisa Borovsky, explicó pormenores de su trabajo.

—¿Cuál fue el disparador que te impulsó a reunir textos tan disímiles en un libro? ¿Fue idea tuya o un pedido editorial?

—Fue Fabián Lebenglik, el director editorial de Adriana Hidalgo Editora, el que me convocó para plasmar la idea de un libro sobre mujeres viajeras. Conversamos y definimos algunas líneas fundamentales: el libro iba a incluir miradas de viajeras argentinas sobre países extranjeros y de viajeras extranjeras sobre nuestro país. Me entusiasmó el proyecto, empecé a investigar enseguida y me encontré con estos materiales tan disímiles; y lo son porque las protagonistas escriben desde lugares diferentes y con objetivos también diversos. Y a la vez están ligados por denominadores comunes: en todos los casos fueron escritos por mujeres valientes, decididas, inteligentes, creativas, que por su pensar y hacer fueron pioneras de la progresiva ampliación de los derechos femeninos.

—Te pienso como lectora y no puedo dejar de sentir sorpresa: ¿de qué manera llegaste a materiales de tan difícil acceso?

—Tengo verdadera pasión por descubrir textos difíciles de encontrar —“inhallables”, les decimos— que merecen ser publicados. Y como soy editora y traductora desde hace mucho tiempo, ya tengo bastante entrenamiento en el scouting, en la búsqueda de esos materiales.

—¿Podrías darme una definición escueta de cada una de las mujeres que elegiste para la obra?

—Como punto de partida me parecen ilustrativas las descripciones que corresponden a cada viajera en los títulos de capítulo. Eduarda Mansilla: “Viajera distinguida en Yankeeland”. Lina Beck Bernard: “Claroscuros de la vida en Santa Fe”. Juana Manso: “De los Estados Unidos a Cuba”. Florence Dixie: “Hazañas en la Patagonia”. Katherine Dreier: “La mirada de una sufragista norteamericana”. Ada Elflein: “Una maestra precursora del turismo aventura”. Juana Rouco: “Cuando es forzoso partir”. Cada experiencia lectora, en su propio viaje a través de los textos, va a enriquecer estas descripciones.

—Si tuvieras que elegir a una sola, ¿cuál sería y por qué?

—A medida que trabajaba, descubría que todas son prodigiosas. Cada una aporta una mirada distinta, reveladora. Cada una derribó a su manera los prejuicios que condicionaban a las mujeres de la época. Cada una demostró tener capacidades que cualquier hombre habría deseado. Si tuviera que elegir, posiblemente la más impresionante sea Juana Manso, por ese modo de decir lo que piensa “sin filtro”. Y Lina Beck Bernard prácticamente por lo opuesto, porque con un estilo aparentemente liviano devela aspectos poco explorados y cruciales para la gestación de nuestro país (ver páginas 2 y 3).

—Mientras avanzaba en la amena lectura del libro, me preguntaba: ¿cuál es la razón de que plumas tan valiosas sean tan escasamente conocidas? ¿Es, otra vez, apenas el género la respuesta? ¿O subyacen otras cuestiones?

—El género es, sin duda, uno de los factores que limitaron la circulación de libros escritos por mujeres. Pero las restricciones que impuso el género están entrelazadas con otros factores, históricos, económicos, sociales, y en buena medida son su resultado. Es lo que intento decir en el libro. Con respecto a la difusión de ciertos materiales, las franjas lectoras —y su criterio de lo valioso— son muy diversas. Lo que en lo personal como lectora considero valioso suele ser, desafortunadamente, poco difundido. En parte, porque una industria editorial cada vez más concentrada puede subordinar el diseño de sus planes de publicación al criterio de rentabilidad. Queda a cargo de las editoriales independientes la compleja —y meritoria— tarea de publicar lo que buscan franjas lectoras menos numerosas, que siguen defendiendo el pensamiento crítico.

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