El Mundo

Mariano Rajoy no ve motivos para cambiar sus políticas

Cambio de equilibrios políticos en España. El jefe del gobierno español apuesta a que el fin de la recesión le sumará votos en las elecciones generales de fin de año.  

Martes 26 de Mayo de 2015

El jefe del gobierno español y del Partido Popular (PP) Mariano Rajoy, reconoció que su partido sufrió una importante pérdida de votos en las elecciones regionales y municipales del domingo, pero rechazó realizar cambios ("no tengo previsto ningún cambio") y se dijo "tranquilo" de cara a las elecciones nacionales de fines de año. El PP y Rajoy confían en que frente a unas elecciones generales en las que se elegirá nuevo gobierno, los españoles valorarán el final de la larga recesión y el inicio de una recuperación económica que se consolidó en 2015 y que, según las previsiones, continuará en 2016.

"Hemos sufrido una notable pérdida de votos y por lo tanto no podemos estar satisfechos", afirmó Rajoy tras una reunión del comité ejecutivo del PP que, pese a ser la fuerza más votada en los comicios del domingo, perdió las mayorías absolutas que tenía en muchas regiones e importantes municipios, como Madrid y Valencia, donde gobernaba desde 1991. "Los resultados de ayer no son evidentemente los que nos hubiera gustado tener, pero demuestran que el Partido Popular sigue siendo la opción preferida de los españoles", afirmó Rajoy, achacando el mal resultado electoral al desgaste de cuatro años de gobierno y una crisis económica que comenzó antes de que asumiera en diciembre de 2011. Rajoy, cuyo gobierno debió aplicar drásticas políticas de austeridad, es candidato a la reelección en las legislativas de fines de año. Desde el final de 2014 y en lo que va de 2015, la economía marcó una clara recuperación y dejó atrás la recesión en que se hundió España en 2008. En 2015 la economía española está creciendo un 2,8 por ciento del PBI. Se estima que ese crecimiento aumentará en 2016, según calculan los economistas. "Estoy absolutamente convencido de que los españoles en las próximas elecciones generales van a reconocer el esfuerzo", del gobierno por encarar la crisis, surgida de la debacle financiera internacional a mediados de 2008, cuando gobernaba el socialismo con el premier José Luis Rodríguez Zapatero. "Estoy muy cómodo y muy tranquilo", afirmó Rajoy, descartando "hacer algún tipo de cambio en el gobierno ni tampoco en el partido". Tal vez Rajoy haya fundado su optimismo en estos números de los comicios municipales: el PP colectó 6.032.496 votos, el 27,03 por ciento del escrutinio total; el PSOE, 5.587.084 de votos, un 25,03 por ciento; tercero quedó Ciudadanos, con 1.461.258 de votos y 6,55 por ciento. Podemos no presentó listas propias a nivel regional ni municipal, pero claramente es la tercera fuerza de España.

Rajoy se enfrenta sin embargo a un panorama político muy diferente al de hace cuatro años, con la competencia, además de su tradicional rival socialista, de dos formaciones emergentes, Podemos en la extrema izquierda y Ciudadanos en el centroderecha. Denunciando la corrupción que sacude a las dos grandes formaciones tradicionales de la política española, estos partidos tienen tras las elecciones del domingo la llave de la gobernabilidad en varias regiones y ayuntamientos (municipios) donde se requerirán pactos para formar mayorías. "Hoy no es un día para hablar de pactos ni de acuerdos", afirmó sin embargo Rajoy. "En este momento no hemos tomado ninguna decisión, yo no he hablado con nadie y nadie se ha puesto en contacto conmigo para nada", agregó. Los pactos, sin embargo, serán necesarios: el PP ganó por mayoría simple en nueve de trece regiones en disputa. Allí, como en cientos de municipios, necesitará tener socios. En Madrid busca un aliado para seguir al frente de la ciudad (ver aparte).

Escenario fragmentado. En este escenario fragmentado, que apunta al fin del bipartidismo en España, el foco está puesto en los posibles pactos para garantizar la estabilidad, en los que serán clave Podemos, surgido hace dos años al calor del movimiento de los "indignados", y el más reciente y centrista Ciudadanos. Los líderes de las principales fuerzas políticas esbozaron ayer las líneas para llegar a futuros acuerdos, de los que podrían salir coaliciones inéditas hasta ahora, y los teléfonos empezaron a sonar.

La llamada del líder del Partido Socialista (PSOE), Pedro Sánchez, irá dirigida al líder de Podemos, Pablo Iglesias, y al de Ciudadanos, el catalán Albert Rivera, con la intención de liderar el "cambio progresista hacia la izquierda que quiere la sociedad española", según dijo tras conocer los resultados electorales. Pero los partidos emergentes, que han capitalizado el descrédito de los partidos tradicionales y que han desplazado a otros, como Izquierda Unida (IU), hasta ahora tercera fuerza a nivel nacional, o el centrista UPyD, que va camino de la desaparición y fue absorbido por Ciudadanos, ponen condiciones y dibujan sus "líneas rojas". "Quien se quiera entender con nosotros tendrá que dar un giro de 180 grados", declaró a los micrófonos de la televisión pública española Iglesias, cuya formación ya impuso en la región de Andalucía tan duras condiciones al PSOE para apoyar la investidura de su candidata tras las elecciones del 22 de marzo que esta aún sigue bloqueada. Un cuadro que puede repetirse.

Ciudadanos. El líder de Ciudadanos, que como tercera fuerza municipal podría facilitar la gobernabilidad del PP en ayuntamientos y regiones, recordó que no formará parte de gobiernos que no pueda encabezar. Exigió, además, el cumplimiento de un "decálogo anticorrupción" que incluye elecciones primarias en los partidos, condición que el PP no cumple. "Ahora llega el momento de la política con mayúscula. Se han acabado las mayorías absolutas prepotentes, se ha acabado ignorar a la oposición", subrayó Rivera. El joven dirigente claramente prefiere quedarse afuera de algún gobierno municipal o regional antes que "ensuciarse" con el PP, al que ha criticado sin matices desde que se lanzó a la arena política.

¿Te gustó la nota?

Dejanos tu comentario

LAS MAS LEÍDAS