Pandemia

"Sea solidario: use el barbijo", dice el cartel del kiosco del barrio

No. No hay ningún motivo para que cualquier habitante de nuestro país se niegue a utilizar el barbijo en el espacio público.

Lunes 22 de Junio de 2020

No. No hay ningún motivo para que cualquier habitante de nuestro país se niegue a utilizar el barbijo en el espacio público. Menos aún en el pico de la pandemia de coronavirus, que parece que llegó para quedarse un buen tiempo entre nosotros. Así lo expresan, al menos, los epidemiólogos que no se cansan de advertir que, ante la carencia de una vacuna que detenga al flagelo de marras, las únicas medidas medianamente eficaces son el aislamiento −o, ahora, el distanciamiento− social, preventivo y obligatorio y el cuidado de la higiene personal, que incluye, sine qua non, el barbijo.

   Parece mentira, pero en el pico de la pandemia, que ocasiona estragos en el Area Metropolitana de Buenos y en la de Chaco, y que ahora se extiende como la peste negra del siglo XIV hasta en las provincias y ciudades que hasta ayer no tenían casos, algunos habitantes caminen tranquilamente por la calle, se sienten en una plaza o hagan deporte en un parque sin tomar una medida preventiva tan simple como taparse la boca y la nariz, aunque sea con un pañuelo, una bufanda o hasta el cuello del buzo o la campera.

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   “No pasa nada. Yo lo uso cuando entro a un negocio o voy a la cola del banco”, se justifica mi amigo Juan, que también peina canas. Seguramente así pensaban el muchacho bonaerense que volvió de los Estados Unidos, no hizo la cuarentena, fue a un cumpleaños de 15 y contagió hasta a su abuelo, que murió a las semanas. O la madre de Necochea −donde no había casos− que organizó una fiesta de bienvenida donde se contagió hasta su criatura, que nació a los días. O hasta los muchachos y chicas de un gimnasio de la ciudad entrerriana de Colón −que tampoco reportaba casos− que compartieron el mate y desataron una cadena de contagios. Y así la lista de irresponsables se extiende como la pandemia por el mapa de nuestro país, a tono con los miles de corredores pedestres que salieron en manada a correr por los parque y calles porteñas cuando arreciaba el avance del coronavirus en todos los barrios del Amba.

   Por eso, a pesar de un puñado de habitantes que caminan irresponsablemente por las calles sin adoptar la más elemental medida de prevención, el coronavirus permaneció relativamente bajo hasta ahora por la mayoría silenciosa que cumplió el aislamiento social, preventivo y obligatorio a rajatablas y que adoptó el tapabocas como una parte inseparable de su atuendo y por el enorme trabajo preventivo de un Estado presente, en todos sus niveles. Por eso, propongo seguir el humilde ejemplo del kiosquero del barrio, que desde hace tres meses pegó un simple pero sabio cartelito en el vidrio: “Sea solidario: use barbijo”.

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