La Región

"Que alguien se haga cargo de lo que pasó, y que esa pileta no se abra más"

Gastón y Edith no salen de la pesadilla. Reclaman justicia, pero sin sed de venganza. "En ese lugar no había ninguna seguridad", acusan.

Miércoles 19 de Diciembre de 2018

"Estamos en pie sólo porque queremos que alguien se haga cargo de lo que pasó con Francesco, no hay sed de venganza ni de revancha, sólo de Justicia. Y que esa pileta no se abra nunca más, porque más allá de las irresponsabilidades de quienes estaban a cargo, en ese lugar no hay seguridad". Gastón Gallardo (40 años) y Edith Ramírez (44), los padres del niño de cuatro años ahogado en una colonia de verano de Villa Gobernador Gálvez, no pueden despertar de la pesadilla.


"Nuestro problema más grande, en estos días, era qué le íbamos a regalar a Francesco para esta Navidad. El que crea que tiene un problema en la vida, que se acuerde de nosotros", expresó Gastón liberando las lágrimas que contuvo durante toda la entrevista con La Capital.

Si bien los Gallardo son una familia ensamblada (ambos padres tienen hijos de otros matrimonios), Francesco era el único de la pareja, y como tal se había criado. La mamá quería que socializara, que estuviera con otros chiquitos de la misma edad. Y por eso lo mandó a la colonia de vacaciones de la Cooperativa Integral de Villa Gobernador Gálvez.

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La adaptación no fue fácil. Los dos primeros días de actividad, Francesco lloró, quería estar con su sobrina, de casi la misma edad que él (Edith es abuela).

El jueves pasado, tercer día de actividades, la mamá lo llevó. Habló con los coordinadores para advertirles que, tal como lo había puesto en la planilla de admisión, Francesco era un chico inquieto, criado como hijo único, y les pidió especial atención.

Antes de dejarlo, el niño volvió hacia ella y le dijo "mamá, te amo, te prometo que hoy no voy a llorar". Edith se volvió a casa con esa frase dándole vueltas.

Por la tarde, volvió a buscarlo. Vio movimientos inusuales, chicos mirando a la pileta y en el borde una persona estaba siendo sometida a trabajos de reanimación. Cuando se acercó vio que era su hijo, "tenía la pancita hinchada, y lo estaba reanimando el bañero", cuenta la mamá, que en ese momento escuchó a alguien llamar a emergencias y decir "«código rojo». Mi hermana es médica, yo sé qué significa eso", contó la mamá. Los médicos llegaron, le aplicaron electroshock, lo entubaron, le pusieron suero. Pero ella intuía que ya no había nada que hacer, y así se lo dijeron después. "Ese día se me terminó la vida", cuenta.

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En el lugar

En la casa de Avellaneda al 2000, los Gallardo atendieron a este diario en la cocina comedor. Estaban con los suyos. Gonzalo y Melina, hermanos de Gastón, Brian y Diego, amigos entrañables del papá, Carla, hija de Edith, y otra gente que llegó a darles su apoyo. Edith es docente, Gastón, empleado municipal. La casa es sencilla.

La charla es extensa, ellos hablan sin parar. Sólo el llanto corta los testimonios. En la mesa hay una foto del niño en un formato ampliado, que ahora la mamá quiere enmarcar. Y en su celular se reproducen las fotos y los videos de Francesco, parado junto al árbol de Navidad o cantando una canción para sus padres.

"La pileta no sólo estaba abierta para la colonia, sino para todo el público. Y para todos había un solo bañero", cuenta Gastón. "A mi hijo lo sacaron del fondo del agua con un tiempo de inmersión que lo determinará la Justicia, pero que calculamos, en nuestra ignorancia y por lo que fuimos recabando, que estuvo sumergido casi media hora. Nadie responsable del predio se acercó a darnos una mínima explicación", protesta.

El lunes, familiares, amigos y conocidos se movilizaron hacia la cooperativa de luz, "sede de todas las instituciones y actividades que conduce Enrique Gomara", recuerda el papá. "No salió a la calle, nos atendió en su despacho, pudimos expresarnos pero nos habló como un gerente", narra, y advierte: "Su problema hoy es el dinero, y la vida de nuestro hijo no es plata. Queremos que paguen con el peso de la ley". Pasado mañana imputarán a un bañero y a dos docentes.

Para Edith no hay consuelo. "Es un niño de cuatro años que tenía muchas ganas de vivir, que quería conocer la playa, que quería empezar la salita naranja, que armó el arbolito de Navidad conmigo y se ponía, feliz, el gorro de Papá Noel".

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"No estaba controlado"

La madre no puede entender cómo funcionaba la pileta. "Entre la chiquita, a la que llevaban al nene, y la grande, que es olímpica, hay un paso, que no estaba ni vallado ni controlado. Francesco pasó a la pileta honda y nadie se enteró", dice. Gastón agrega: "Lo único que nos queda es pedirle a la fiscal (Valeria Piazza Iglesias), que está trabajando con eficiencia, que esta gente pague por su irresponsabilidad, más allá de la condena social que ya está recibiendo, y que esta pileta no funcione más". Y Edith remata: "Nunca más un Francesco".

Cuentan que el intendente Alberto Ricci se acercó y les garantizó la seguridad en favor de la causa de todo documento que comprometa a la institución, que el concejal Diego Garavano les brindó ayuda institucional. "Pero más allá de eso, no sabemos nada, no nos dieron respuesta, no nos dijeron cómo fue la situación".

"Ahora me toca contarlo"

Gastón recuerda: "Estas cosas yo las leía en La Capital, las veía en los noticieros, hoy me toca contarlo. Esta gente (por los responsables del predio) va a festejar la Navidad. Para nosotros no hay Navidad, lo único que nos apuntala es el pueblo de Villa Gobernador Gálvez, los compañeros municipales, los docentes que nos apoyaron, los medios de comunicación".

Ya en el final de la charla, es el padre quien se quiebra: "Ya habíamos pagado la inscripción para el colegio Teodelina, empezaba la sala de cinco, con todo el esfuerzo que significó para nosotros como trabajadores, habíamos pagado la inscripción y hasta los materiales. Teníamos una felicidad enorme. Nuestro único problema en este momento no era qué íbamos a comer, era qué le íbamos a regalar. Era el único inconveniente. Cuando alguien piense que tiene un solo problema en la vida, que se acuerde de nosotros".

A pesar del dolor, los Gallardo piensan en los demás. "Queremos hacer algo por algún niño que lo necesite", dice el padre, en una muestra de grandeza.


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