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Francia enjuicia al terrorista más sanguinario de la Guerra Fría

Ilich Ramírez ("Carlos el Chacal") debe responder por varios atentados dinamiteros. Ya está cumpliendo condena por los asesinatosde un informante y dos agentes secretos.

Martes 08 de Noviembre de 2011

"Carlos el Chacal", uno de los terroristas más temidos durante la Guerra Fría, apareció ayer desafiante y sonriente al comparecer ante la justicia francesa, esta vez para ser juzgado por cuatro ataques mortíferos en Francia hace casi tres décadas.

El venezolano de 62 años, cuyo nombre verdadero es Ilich Ramírez Sánchez, sonrió al entrar en el tribunal y se identificó como "un revolucionario profesional", asumiendo una postura combativa.

Ramírez vuelve a ser sometido a juicio por actos de terrorismo ante un tribunal especial de París. Ya cumple una sentencia a cadena perpetua impuesta en 1997 por un asesinato triple en 1975 en París.

Hace unos 30 años era el rostro de la lucha armada marxista, añadiendo su afición por los habanos, la boinas al estilo del Che Guevara, el alcohol y las mujeres a su imagen revolucionaria.

Para su pequeño círculo de admiradores, era un romántico combatiente antiimperialista, mientras que para otros era un asesino a sangre fría.

Ramírez fue uno de los terroristas más temidos durante la Guerra Fría. Se le acusa de instigar cuatro ataques en 1982 y 1983 que dejaron 11 muertos y más de 140 heridos. Ramírez ha negado los cargos. Un panel de jueces anónimos fallará después del juicio de seis semanas. De ser condenado, Ramírez enfrenta una posible segunda cadena perpetua, la pena máxima en Francia.

Ramírez formó parte de una generación de guerrilleros urbanos que sembraron el caos en los 70 y los 80 con ataques contra figuras e instituciones destacadas. En la Alemania Occidental, el grupo Baader-Meinhof cometió asesinatos, y en Italia las Brigadas Rojas lanzaron una feroz campaña de violencia. Los dos grupos fueron desarticulados y sus dirigentes encarcelados.

El "Chacal" realizó atentados en todo el mundo, en operaciones financiadas por la ex Unión Soviética y países como Rumania o Siria.

Con tres gendarmes a su lado y gafas oscuras en la mano, Ramírez levantó un puño en actitud desafiante, hizo afirmaciones antisionistas y sonrió mirando a alguien en la galería del público y se calificó como "revolucionario de profesión".

Debido al alto número de muertos y heridos provocados, el juicio tiene una larga lista de demandantes civiles. Al juez que preside el tribunal, Olivier Leurent, le llevó casi 20 minutos leer sus nombres y determinar si estaban en la sala. Sólo algunos estaban, y algunos han muerto en el tiempo pasado desde los ataques.

"Está en actitud combativa como siempre", comentó Isabelle Coutant-Peyre, su abogada y esposa, antes del comienzo del juicio. Dijo que no había motivos para juzgarlo nuevamente casi 30 años después de los hechos y acusó a la fiscalía francesa de hacerlo "por propaganda o algún otro interés en vez de la justicia".

Sin embargo, el abogado que representa a algunos civiles en el caso, Francis Szpiner, replicó que el juicio era importante para demostrar que los terroristas serán perseguidos siempre y para señalar "el fin de la cultura de impunidad" para ellos.

El juicio se centra en cuatro atentados con explosivos: dos en trenes franceses, uno en una oficina parisina de un periódico en idioma árabe y otro en un centro cultural francés en lo que era entonces Berlín Occidental.

Ramírez cumple una sentencia a cadena perpetua por los asesinatos en 1975 de dos agentes secretos franceses y un supuesto informante. También es el principal sospechoso en la toma de rehenes en 1975 de los ministros petroleros de la Opep que dejó tres muertos.

Después de la caída del comunismo, agentes franceses lo capturaron en Jartún, Sudán, y lo llevaron a París. Fue condenado y sentenciado a cadena perpetua tres años más tarde.

La detención de Ramírez no ha sido precisamente ordinaria. Estando en prisión, en 2001 se casó con Coutant-Peyre en una ceremonia islámica. También fue condenado a confinamiento solitario el mes pasado después de conceder una entrevista no autorizada a medios franceses.

Archivos abiertos tras la caída del Muro de Berlín en países del ex bloque soviético, en particular Hungría, Alemania del Este y Rumania, permitieron conocer los preparativos de los atentados cometidos en Francia por "Carlos", leyenda de la lucha armada propalestina en la Europa de los 70.

Al resolver asuntos de procedimiento, el presidente del tribunal rechazó la admisión como querellante de la Federación Nacional de Víctimas de Atentados y Catástrofes (Fenvach). En cambio aceptó a la Asociación de Familias del atentado del DC10 de UTA (Níger, 1989, 170 muertos).

Ramírez intervino varias veces mientras el presidente del tribunal leía el caso. Cuando el magistrado lo interrumpió para decirle que de momento se estaban examinando los planteos de los abogados y que el martes (por hoy) podría contar su biografía, "Carlos" levantó la voz visiblemente enfadado. "No es mi biografía", le respondió al juez antes de sentenciar: "Esto es una comedia".

Tras los atentados en Francia, se refugió en Damasco y en los años 1990 se trasladó a Sudán, donde en 1994 fue detenido por agentes franceses.

Como Astiz

“Sé que no les gusta a los asesinos, a los terroristas, que a pesar del tiempo se les pidan cuentas”, sostuvo el abogado de la acusación contra el terrorista, Francis Szpiner, antes de recordar que “en esta misma sala Alfredo Astiz (ex marino argentino) fue condenado a cadena perpetua” en ausencia en 1990. Ayer, “Carlos” dijo que “como soldado querría dar información que concierne a los atentados” y se presentó como “un anticolonialista de nacimiento como todo venezolano bolivariano”.

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