Es por lo menos asombrosa la actitud del Jefe de Gabinete al calificar como "chantas" a los opositores (lo cual incluye a muchos millones de argentinos que desde el anonimato también "militamos" (palabreja de moda) en la oposición y tenemos una actitud muy crítica de las políticas y de la ideología del actual gobierno. Este señor utilizó una expresión popular que significa estafa, el chanta es un estafador; y se ha expresado así quizás muy irritado (como todo el kirchnerismo) por una realidad social, política, económica e incluso moral, que les es cada vez más adversa y lógicamente le debe molestar mucho que se lo recuerden permanentemente. Es que hasta último momento estuvieron negando toda posibilidad de modificar o atenuar, de alguna manera, el mal llamado "impuesto a las ganancias", impuesto cuya aplicación original a los altos ingresos de los ejecutivos, empresarios y hombres de negocios en general, se transformó en un "impuesto al trabajo". Es decir, que un "asalariado común", en relación de dependencia, que por su convenio, antigüedad, calificación profesional, premios y horas extras supera lo que "este gobierno dispone" como mínimo no imponible, debe resignarse a que una buena parte de sus ingresos el Estado se lo confisque, no es otra cosa. Y la señora presidente sin duda presionada (aunque le duela reconocer) ante un sindicalismo que se le ponía totalmente en contra, incluso "las bases" de los llamados sindicatos "oficialistas", accedió a que no se descuente dicho impuesto sobre el medio aguinaldo de fin de año, y sólo por esta vez, es decir que el impuesto sigue sin modificación alguna. Queda entonces como una concesión graciosa, un acto de bondadosa generosidad y no como el reconocimiento del derecho de los trabajadores a ser exceptuados de una quita que no corresponde. Por esto, entre otras cosas, es que dudamos de la autoridad moral de Capitanich para calificar como "chantas" a la oposición. ¿No será al revés?
































