El Album del Mundial

Figurita 29:  Las frases, el trabajo de la semana.
29 de junio 2010 · 01:00hs

Figurita 29:  Las frases, el trabajo de la semana.

“Jugamos como nunca y perdimos como siempre” dijeron ayer medios aztecas reflejando una cierta bronca por la derrota ante los de Diego. En realidad, la frase autocrítica fue creada, ya hace tiempo, por Alfredo Di Stéfano cuando dirigía al Real Madrid.

Por algo más de un mes, y por algo más que un deporte, el planeta habla en un idioma común. Con distintas sonoridades, el show insiste en que todo se refiera a un solo tema: el fútbol.

Centenares de dichos sirven para hacerse respetar y admirar. Algunos no son análisis muy profundos, otras son tontas pero por repetidas suenan a verdades: “Técnico que debuta, gana”, aunque “no hay un partido igual a otro”, “todas son finales”, por eso “nunca hay que celebrar hasta que el árbitro dé el pitazo final”, ya que “los partidos duran 90 minutos”.

“Es sabido que “el 2 a 0 es el peor resultado en el fútbol” porque “con una pelota parada te vacunan”. Eso es porque “juegan con viveza criolla”, como “los brasileños juegan bien porque se acostumbran a jugar en la playa”, mientras “en Europa juegan bien porque tienen buenas canchas”.

Para hacer creer que se sabe, por haber jugado a la pelota, hay que expresarse como algunos futbolistas: “Lo importante es que el equipo está ganando” porque “no hay titulares ni suplentes” y van a “dejar todo en la cancha”, ya que “al entrar nos olvidamos la plata que nos deben” y “todo queda dentro de la cancha”, por eso es fundamental “el trabajo de la semana”.

Otra fuente inagotable de sabiduría son los relatores: “Era más fácil hacerlo que errarlo”, aunque “los goleadores son así, tienen una y la echan adentro” porque “salieron ganando desde el camarín”.

También hay comentarios o preguntas que molestan, sean inocentes o mal intencionadas: “Che, ¿cómo va el partido?” El 27 de marzo de 1955, esa duda fue lanzada por el delantero argentino Norberto Conde al defensor charrúa Matías González, cuando durante el Sudamericano jugado en Chile, Argentina vencía por 5 a 0 a Uruguay.

A modo de respuesta El León del Maracaná, zaguero campeón del Mundial en 1950, le puso al delantero de Vélez Sarsfield un piñón que lo dejó tan fuera de juego, como quedó él mismo tras ser expulsado.

Esas frases célebres también son respuestas a las palabras que antes hirieron o encubrieron intereses económicos de la prensa. Así, ante la embestida de algunos medios contra Diego, el astro inmortalizó su: “Al que no creyó, a los que no creían, con perdón de las damas… que la chupen, que la sigan chupando”.

  Figurita 23: Las botineras, tapones y taco aguja.

Corren tras jugadores exitosos, intentan seducirlos, mostrarse con ellos y quedarse con parte de sus ganancias. Así son algunos representantes de futbolistas, dirigentes y periodistas.

En esa corte de parásitos de un show sobrevalorado, también hay algunas pibas.

Para mantener a semejante bandada de buitres el futbolista debe ganar fortunas, así de sus bolsillos caerá algo para sus consejeros, asistentes, bufones y damas.

Los pocos pibes que ingresan a la élite del ultraprofesionalismo pasan a ser una mercancía, en la que además de exhibir sus dotes atléticos deben promocionarse, y qué mejor que con bellas jovencitas. Ellas también pasan a ser una mercancía, que además de exhibir sus atributos deben promocionarse, y qué mejor que con un crack.

Llenan programas cholulos que informan sobre ligamentos y lolas, mientras los siguen en sus cortas carreras para zafar y vivir con más de lo necesario.

La fábula de la belleza de un deporte y de jóvenes etiquetados como “ganadores” es un bien de consumo sumamente redituable para los que regentean el mercado. Sólo algunos son estrellas, mientras a los demás, engañados por valores comerciales y superficiales, para sentirse astros únicamente les queda consumir fantasías.

La entrada de la mujer en el mundo futbolero fue dura. En los 60, cuando el balompié era sólo masculino, Haydée Luján Martínez era líder de la barra millonaria y no se perdía un partido. Ante su entrega, el defensor charrúa Roberto Matosas le regaló su camiseta y, desde entonces, ella fue La

Gorda Matosas. Menos atractiva y femenina que las botineras tenía un amor: “River es mi novio, mi

amigo, mi amante y con eso tengo bastante".

En tanto, María Esther Duffau, vivió en calles, reformatorios, cárceles y un manicomio, pero era bostera. No vestía fashion, sino como pibe para sobrevivir como canillita. No salió con jugadores, pero al morir en 2008, a la Raulito la velaron en la Bombonera y el equipo pagó el sepelio.

En tanto, en septiembre de 2009, nació el Club Atlético Las Botineras, en La Chimbera, sobre la ruta 279 y a unos 60 kilómetros al sur de la capital sanjuanina.

Entre las dirigidas por un peón rural, con oficio en clubes zonales, juegan nueve madres. Van a los partidos con hijos, esposos y novios y participan en torneos, “pero también en desafíos por pollos o chorizos”, decía una botinera en una nota del Diario de Cuyo.

Ellas no aparecen en la tele, celulares calientes o internet, como tampoco lo hacen miles de pibes que juegan al fútbol sin botineras y hasta casi sin botines.



Figurita 23: Camarógrafos, la imagen redonda. Las jugadas de pelota detenida fueron creadas por entrenadores y camarógrafos que urdían goles y transmisiones televisivas más simples. Armaban jugadas para promocionar a algún atleta en virtuosos movimientos o pactaban no escrachar a rústicos defensores, a cambio de llevar el juego cerca del cameraman para su comodidad.

El oficio del que enfoca requiere destrezas: paneos dinámicos con defensas estáticas, tomas con acción a pesar de jugar al pelotazo, lograr selectivos enfoques en medio del pogo de un córner, o rescatar trípodes bajo lluvias de cascotes. El camarógrafo incide en el juego. El 8 de julio de 2008 el juez Víctor Hugo Rivera dudó si un pelotazo de un delantero del Sporting Cristal había entrado al arco de Sport Boys. El lineman marcó el tanto, pero ante furibundas quejas de los Boys, Rivera pidió a un camarógrafo que le mostrara la jugada. No cobró gol y eludió insultos. Pero, por eludir también al reglamento su confederación lo citó, aunque debieron admitir lo justo del fallo.

La lente sigue a la pelota. En noviembre 2008, el comisario deportivo de un Colón y Godoy Cruz advirtió que una bola había quedado en el techo del túnel. Al terminar el cotejo se sorprendió porque la redonda ya no estaba ahí y por las actitudes de un cameraman que portaba una redondeada mochila. Al consultarlo, el de la cámara dijo que tomó la pelota para entregarla a la policía. Pero, lo que se llevó la policía fue al camarógrafo de TyC.

Hay tipos que al esgrimir una camarita creen tener el oficio. Así, el periodista charrúa Sergio Gorzy filmaba en una cancha de Puerto Ordaz, cuando el 12 de junio de 2009 Venezuela recibía a Uruguay. Una maldición le cayó. Tras registrar el inicio del match subió al palco de prensa para seguir con su rol de comentarista. Pero, cuando Forlán metió un gol, Gorzy se los gritó en la cara a los colegas venezolanos, quienes lo insultaron y trompearon.

El camarógrafo, deportivo o no, debe saber teorías de la luz y técnicas en piques cortos, empuje o seguimientos de movileros trajeados que sólo llevan grabadorcitos y no mochilas con equipos.

Algunos son acosadores. El 20 de mayo, Diego fue a la AFA para difundir a sus convocados para Sudáfrica. Un camarógrafo de Canal 13 se abalanzó para filmarlo, pero una rueda del Pelusamovil le pasó sobre su pie. Entonces, el técnico le preguntó: “¿Cómo vas a ponerlo abajo de la rueda, viejo?”

Algunos hombres de la cámara eran castigados cuando el fútbol no era para todos. Pasaban 90 minutos sin ver el partido y enfocando a hinchas. Tenían pesadillas con esas caras tan ninguneadas pero que entonces debían mostrar para no “enfocar” ciertos negociados.

  Figurita 18: Los jugadores eran maduritos y los cambios estaban agotados. La hinchada gritaba “vamos los pibes” y era evidente que ese aliento apuntaba a unos chicos que suelen jugar un partido distinto, pícaro, atrevido y tramposo.

Los alcanzapelotas son armados para diseñar estrategias y especulaciones. Cuando se pierde, apuran el juego y asisten con premura al irse afuera la bola. Cuando se gana, para cerrar el partido, los mocosos hacen tiempo, la pisan y retienen.

Un técnico moderno no debe descuidar a los juveniles, sobre todo a quienes ofician de alcanzapelotas en partidos de la división superior.

Pensar que ellos pueden hacer un gol es un disparate. Pero, en septiembre de 2006, en el torneo estatal de San Pablo (Brasil), luego que un pelotazo de un delantero del Sorocaba pegó en la parte de afuera de la red, la árbitro Silvia Regina y el lineman Marcos de Andrada creyeron que había sido gol y corrieron al centro de la cancha.

A sus espaldas, un alcanzapelotas aprovechó el momento y metió la pelota en el arco. Cuando el arquero del Santacrucense la tomó para hacer el saque de meta, la jueza remarcó el gol y se armó un terrible batifondo.

La viveza no es sólo brasileña. Durante un Vélez-Boca de 1982, una pelota que despejó Gatti rebotó en la baranda de la platea. Un alcanzapelota (Diego Simeone) le tiró otra redonda a Vanemerack, quien a la carrera la pateó al arco. “El Loco se quedó mirando la bola que había vuelto al campo, mientras la otra pasó pegada al palo. Loustau era el árbitro y se acercó hasta donde yo estaba y me dijo que me fuera", recuerda el ex capitán del seleccionado.

Passarella le pegó a un chico en La Boca, un pibe de Lanús provocó que expulsaran a un jugador de Colón. Otro alcanzapelotas, de River, desató un despelote que terminó con el arquero del Lobo jujeño fuera de la cancha. También Chilavert y Sessa protagonizaron serios incidentes con eso chicos.

En 1968, Estudiantes y Palmeiras jugaban en el Centenario de Montevideo la final de la Libertadores. Dicen que un alcanzapelotas de 11 años (Francisco Casal), arregló con Poletti, Bilardo y Pachamé el “uso y manejo” de pelotas por unos dos mil dólares. Con los años, y esa vocación comercial, Paco se dedicó a representar a jugadores como Enzo Francescoli y Ruben Sosa, entre otros. Además, llegó a ser capomafia del fútbol, básquet y del carnaval charrúa.

La gran oportunidad de vivir de cerca la atmósfera del fútbol, es manipulada por dirigentes y técnicos que adiestran a los pibes para delinquir, amparados en la inimputabilidad de su edad, aunque algunos ya sean muchachones.

Figurita 17: Cuarto árbitro, al borde de la fiesta

La Fifa dispuso que en el Mundial el cuarto árbitro empuñe mayores poderes e intervenga más en el juego.Hasta hace poco, se limitaba a controlar y anunciar las sustituciones o realizarinformes del partido.

Después del “panyqueso” y de poner las pilchas para marcar lo que serían los arcos y después de jugarse el partido, el Colo seguía paradito y olvidado a orillas de la cancha, como un cuarto o quinto árbitro. No jugaba con el resto, miraba y nunca protestaba, pero metia cizaña.

Nadie le hacía caso y le decían: “Ya te vamos a poner, esperá”. Después, anochecía.

El auxiliar del trío arbitral asume tareas de magnitud: controlar los tapones para que no sean tipo tacos aguja, o advertir al juez que ya ha mostrado por quinta vez una tarjeta amarilla a un mismo jugador.

También recibe quejas e insultos de ambos bancos de suplentes cuando una sanción los perjudica. Claro que después los delata. También el Colo revelaba a la vecina quién había metido el patadón contra sus ligustros.

El asistente debe estar atento a las escapadas de los técnicos del corralito asignado. No puede ser engañado por las mañas de un Tolo Gallego, ni tentarse con quedar bien con el Loco Bielsa y ofrecerle un banquito para que no esté tanto en cuclillas. Eso también era propio de el Colo, siempre intentaba hacerse amigote del dueño de la pelota, a pesar de que lo ignoraba.

Pero, los asistentes son ovacionados por la hinchada de los que pierden, cuando aparece con un cartel en el que se indica que se adjudicaron 18 minutos de descuento.

Los cuartos son fundamentales para ver y denunciar lo que no advierten los tres jueces de campo. En la última final, el cabezazo de Zidane a Materazzi fue divisado por el español Medina Cantalejo, quien alertó a Elizondo sobre el suceso.

Otra función es controlar los cambios y expulsiones. El Colo hasta tenía armadas largas listas de jugadores para despedir, por indisciplinas manifiestas e inventadas. El soñaba con tener poder.

Si un lineman, cae bajo un botellazo, llega el gran momento para el “cuarto”. Tras desentumecerse, corre a desalojar del campo al titular para reemplazarlo. En la canchita cuando había algún golpeado, el Colo le sugería que se vengara, y mientras se babeaba le decía: “Yo te suplanto”.

Destino gris del hombre que no juega con el resto y ni aplaude con la platea. Luego de una batalla, cuando hay festejos colectivos y desbordes, el cuarto ni es insultado o corrido como les ocurre a los árbitros principales. Sigue solo, como quedaba el Colo cuando la barra se iba a tomar la leche, pero sin él.

Figurita 16: La vuvuzela, fútbol para sordos

"Son un fenómeno cultural", dicen los organizadores del mundial, al asegurar que no prohibirán a esas ensordecedoras cornetas. Las quejas de jugadores, público, vendedores ambulantes y canales que televisan ya no podrán callar al molesto zumbido.

Sobre el origen de las vuvuzelas, al venderla, algunos aseguran que producen un sonido semejante al ancestral soplar de cuernos del kudu, un especie de antílope sudafricano de gran cornamenta.

. También dicen que "vuvu", en zulú significa "hacer ruido" y que eran utilizadas en ancestrales ceremonias. En la actualidad, los sudafricanos explican que "con su sonar parecemos estar todos unidos en una sola voz".

En los años 90, un pícaro se avivó al ver que los hinchas usaban cuernos para alentar a los suyos en las canchas. Entonces, empezaron a fabricaron vuvuzelas de plástico. Ahora, en el mundial esperan recaudar cerca de dos millones de euros.

Las importadas de China valen unos 20 rand (2,6 dólares). Las producidas en Sudáfrica cuestan 60 rand, pero son más parecidas a los cuernos y tienen boquillas que no dejarán tantos labios partidos. Por suerte, a los niños se le complica hacerlas sonar.

En 2009, durante la copa Fifa Confederaciones 2009, se había pedido a los de Blatter que las eliminaran por molesta, pero no hubo caso.

Pero, ya no faltaron otros pícaros que promocionan un "Filtro Anti Vuvuzelas". En el sitio antivuvuzelafilter.com, la filantrópica firma indica: "Descargue nuestro filtro e diseñado para eliminar el ruido de las vuvuzelas en su equipo de música, ordenador, iPod, iPhone".

En tanto, no faltan científicos que alertan sobre un brote de una epidemia de gripe producido por la ciruculación masiva de gérmenes en el aire. Otros expertos señalan que en el partido inaugural, entre Sudáfrica y México, el tronar de vuvuzelas alcanzó los 135 decibeles, superior a los 130 que produce un avión al despegar y a los 120 que resiste el hombre sin padecer afecciones auditivas.

Por su parte, periodistas mexicanos revelan un complot. Aseguran que ante Sudáfrica un azteca que estaba en posición de gol pidió la redonda a un compañero. Pero las vuvuzelas no dejaron oir el reclamo por la asistencia y el portador decidió patear al arco, con escasa fortuna.

Está feo impedir que lleven esa trompetas a los estadios, pero se podría llegar a acuerdos para que se usen respetando también el fenómeno cultural de la mayoría de los futbolistas. Habría que aconsejar utilizarlas como todo lo que se lleva a una cancha: tirarlas a los contrarios, quemarlas, esgrimirlas contra otros del público o escupir a distancia, tras lo cual se procede a cantar, gritar e insultar como corresponde en estas disciplina.


 

Figurita 15: Dirigente de selecciones, “El Padrino”


 

El cabezón Ruggeri, durante sus peleas con la AFA destapó que unos 120 dirigentes viajaban, algo equivalente a dos millones de dólares. Pero, la entidad aclaró: "No hay subvención ni dádivas, la selección cobra por jugar el Mundial y una mínima parte es lo que cada dirigente con representatividad tiene derecho a tomar para ir al acontecimiento”.

Julio Grondona, presidente de la AFA está en el hotel Michelangelo. Se trata del bunker de Johannesburgo donde se alojan autoridades de la FIFA, con habitaciones de entre 1.800 a 3.700 pesos.

En ese lugar exclusivo, entre los popes del fútbol internacional, anda el hombre que nació como dirigente de un pequeño club del viaducto de Sarandí.

Don Julio tenía 24 años cuando fue uno de los fundadores de Arsenal, en enero de 1956. En ese club fue presidente hasta 1976, cuando pasó a tomar el mismo cargo en Independiente, hasta 1979, al ser suspendido un año por agredir a un árbitro.

Abandonó la carrera de Ingeniería, pero no a la ferretería familar Lombardi-Grondona, sus dos estaciones de servicios o un tambo que funciona en su campito.

En 1978, con Argentina campeón mundial, fue nombrado presidente de la Asociación del Fútbol Argentino (AFA). Ahí, en el trono del tercer piso de Viamonte 1366, se eternizó.

"Me eligieron los clubes, no el almirante Alberto Lacoste”, resalta cuando lo vinculan a la dictadura militar. En abril de 1979 fue sacralizado con 35 votos y fue reelecto en seis oportunidades.

En su reinado Argentina ganó el Mundial del 86, dos medallas doradas en los olímpicos de 2004 y 2008, y las Copas Américas de 1991 y 1993.

Llegó a vicepresidencia de la FIFA y en la Comisión de Finanzas y el Consejo de Mercadotecnia y Televisión, con la confianza de Joao Havelange y de Joseph Blatter, movió negocios millonarios

Con cintura, eludió a políticas y a militares, radicales y peronistas. También esquivó causas judiciales y una treintena de hallanamientos a la AFA por supuesto fraude, evasión fiscal o encubrimiento de dopping. .

“Edificó una red de negocios y contratos vinculados con los clubes de fútbol, la selección y la construcción”, dicen en una investigación los periodistas Susana Viau y Nicolás Wiñazki.

Don Julio, “El Padrino”, se maneja con precaución, sin demasiado autoritarismo pero con acuerdos y consensos que teje con recompensas, insinuaciones o recomendaciones muy finas. Pero no va a canchas argentinas. Sabe que ante cualquier duda por referatos, penales o expulsiones, se suele adjudicar el episodio a que: “estos arreglaron con Grondona”.


 

Figurita 14: Dirigentes de la FIFA: “Africa mía”

 

Regentea la devoción como el Vaticano, la políticas como la ONU, las intrigas como la CIA, las inversiones como el FMI y los shows como Disneyworld. La corporación trasnacional despliega sus agentes en todo el mundo y sus reglas rigen para católicos, musulmanes, hebreos y también ateos.

El poder de la Fédération Internationale de Football Association (FIFA) es revelado en una investigación elaborada por periodistas sudafricanos. En el libro “Player and referee” se indaga en los gastos inflados (4.200 millones de dólares) y los destinos de esos costosos gigantes de cemento y acero, que se comieron mil millones.

También se ventilan contratos de exclusividad, la merma del vuelto destinado al país organizador y las mayores ganancias para firmas privadas.

Mientras las vuvuzelas ensordecen, no se escuchan voces como la levantadas en el documental Farenheit 2010, donde advierte el contraste entre el millonario torneo y la pobreza del pueblo.

La Fifa, nacida en Francia -mayo de 1904- para organizar la práctica del internacional del deporte, desde su actual sede en Zúrich ya había anunciado ganancias de 3.200 millones de dólares. Pero los 30 mil millones de telespectadores del show poco ven de las barriadas del estadio Soccer City, de Soweto. En esa áspera periferia de Johannesburgo habitaban beligerantes morochos que resistieron al apartheid durante años.

En Nelspruit, el estadio Mbombela se levantó en una precaria aldea sin agua y luz. Las obras que costaron 171 millones de dólares, para jugar cuatro partidos, no demandaron la mano de obra prometida. Hubo protestas y en la represión fueron muerto ocho pobladores. Además, se debieron cerrar dos escuelas, y en donde había aulas ahora funcionan oficinas de la FIFA.

El actual presidente de la FIFA es el suizo Joseph Blatter, de 74 años. Llegó al puesto, no tanto por su pasado como jugador (militó entre 1948 y 197 en la División de Aficionados), sino por su experiencia como licenciado en Economía y Administración de Empresas.

Blatter operó durante 23 años en la entidad y trabajó en las negociaciones de contratos de televisión y comercialización de los mundiales junto a Joao Havelange, a quien sucedió en el trono en junio de 1998. Blatter luego apoyó a Africa.

Más allá de su negativa a usar cámaras en el arco para saber si una pelota entró, el presidente casi fue desplazado en 2002 por las acusaciones por blanqueo de dinero, evasión fiscal y encubrimiento de explotación de jugadores y trabajo infantil. Entonces, Blatter se logró sostener con el voto de, entre otros, los delegados de países africanos.


 

Figurita 13: Ayudante de campo, del edecán al espía


 

Son los primeros en abrazar al técnico por un gol. También son los primero en abrazar al técnico para frenarlos ante una sanción en contra o un alargue perjudicial.

Son ayudantes en el campo, pero también están a su lado en el banco, ómnibus y en la calle, cuando lo despiden tras tres derrotas. Es el más próximo al entrenador, su hombre de confianza y el que puede quedarse con el cargo en un descuido.

Están ahí, casi en el mejor lugar pero no tanto, calman los ánimos, atienden y deben ver todo lo que el técnico no ve. Son confidentes, consejeros y buscadores de mínimos datos que puedan cambiar la suerte.

Cuando expulsan de una cancha al jefe deben asumir su responsabilidad, gritar por encargo y ser una especie de delibery con indicaciones Gritan por encargo. Tienen que ser simpático con los jugadores y botonear. A la vez, también brindan confianza a todos para obrar como conciliadores

Suelen trabajar en combos inalterables: Alejandro Mancuso y Carlos Enrique, amigos de Diego son hoy los ayudantes de la selección. Puesto que también arañó otro compinche: el Cabezón Ruggeri, pero quedó afuera tras un conflicto que enredó a don Julio Grondona en la polémica.

Esos grupos de trabajo defienden su estilo de juego en diferentes campañas. Angel Cappa

laburó con Jorge Valdano en Tenerife y Real Madrid, y con Menotti en Peñarol de Uruguay, Barcelona y la selección de Argentina.

Alejandro Sabella acompañó a Daniel Passarella con la selección criolla y la charrúa, el Parma italiano, el Monterrey mexicano y el brasileño Corinthians. Luego recalaron en River.

Muchos se iniciaron en sus clubs, el Archu Sanguinetti, ayudante de Falcioni campeón 2009, es el histórico emblema de Banfield. Luis Zubeldía surgió como ayudante de Ramón Cabrero, en el granate

Pero, ayudantes deben ser invisibles: casi espías. El Negro Astrada tenía de ayudante a Hernán Díaz, pero Carucha Corti husmeaba a los rivales.

Junto al Loco Bielsa, en la selección nacional, el periodista Gabriel Wainer registró datos de contrincantes de todo el continente, camuflado como reportero o hincha, Bielsa decía que esa información era “legal” y no definía su juego, pero “servía”. Luego, Wainer trabajó junto al Tata Martino en Paraguay.

Ahora, con Chile, Bielsa cuenta con un despabilado jovenzuelo que, sin ropajes oficiales de La Roja, recorre el mundo viendo en qué andan los futuros contrincantes.

Pero también la tecnología aportó otro tipo de ayudantes de campo. En los staff de equipos importantes y selecciones, de variadas disciplinas, aparece la figura del “Analista de Videos”. Con un archivo de partidos de los suyos o rivales, tomados desde la tele o internet.



 

Figurita 12: El apartheid, el color del mundial.

Tras salir campeón con Estudiantes en 2006, el fino y sudado traje que lució en los 20 partidos del torneo fue subastado en 3 mil pesos, en beneficio de un hospital platense. El Cholo usó uno nuevo pero no ganó más y los analistas dicen que no había que cambiar.

Otros apuntan a cuestiones casi deportivas. Prendas elegantes o ropa deportiva, es la antinomia del fútbol. Pero los argentinos siempre desorientan: Bielsa y Maradona calzan buzos, como a veces lo hace el Tata Martino, claro que son contados los casos de creativos, arriesgados e impredecibles.

Entre los técnicos, algunos son motivadores y desde el borde arengan: ¡“Vamos, vamos!”, indescifrable mensaje que debe indicar secretos recursos de sobrevivencia. También están los de sobrevivencia que no prometen y apuestan a conservar el equipo en media tabla y a mantener su empleo.

Algunos gritan “Actitud, carajo”, y exigen no dar por perdida una pelota, aunque sus defensores corran a la calle a buscar bolas que reventaron.

Hay estrategas que juegan al ajedrez, pero a veces sólo con caballos. Estudian y hacen distintos planteos a cada rival, variantes que desorientan hasta a sus propios dirigidos.

A casi todos los une la identidad cabulera. El Cholo se trajeaba también por cábala. Todo sirve: conjuros, brujerías y colgar en arcos a defensores y estatuas de santos .

Hay entrenadores que se hicieron directores técnicos. Vistieron como profesionales, jefes de recursos humanos y traficantes del orden tecnocrático.

Sin improvisar, duplican la producción, no entrenan, trabajan y cambian pizarras por pantallas con diagramas de jugadas concebidas por diseñadores gráficos. Expertos en explicar derrotas, la exposición mediática termina descartándolos tras perder tres partidos.

Pero, pese a sospechas, el fotbal no se juega sólo en la tele. Algunos investigadores afirman que existen reservorios (veredas, descampados, pasillos o canchitas) donde con una pelota algunos muchachotes se divierten haciendo goles.

Entonces hay entrenadores. Miguel Macri dirigió a pibes de Villa Gobernador Gálvez para armar un equipo que, sin bajarse del camión desafiara a la codificación de la pasión y a excluir a los gurise s de barrio del juego con la pelota.

En Coronel Aguirre se peleaba por la copa del torneo para muchachotes y por copas de leche y libros para los más chicos. “Se intenta desdramatizar al fútbol. En casa preguntan cómo salieron, no

cómo jugaron. Trabajamos en la educación grupal, en convivir. No aceleramos el proceso de maduración y al de 12 años se lo trata como si tuviera 12, y si es distraído en la escuela ¿cómo le vas a gritar ¡concéntrese!”, afirmaba el Loco Macri.

Figurita 11: El apartheid, el color del mundial.

La inauguración del Mundial tendrá con la presencia del ex presidente Nelson Mandela un símbolo de la conflictiva relación del deporte con la política. El líder de 91 años, pasó 28 años preso cuando el apartheid excluyó en su país a los que no eran blancos.
Esa segregación heredada de colonos holandeses fue institucionalizada en 1946 por el Partido Nacional, que buscaba el desarrollo separando razas. Había escuelas, hospitales, ómnibus, hospitales y plazas sólo para blancos, mientras los morenos debían andar con documentos a la vista.
En 1944 el abogado Mandela formó el Congreso Nacional Africano que enfrentó al racismo e imperialismo desde el pacifismo y la desobediencia civil. Pero, en 1962, como miles de detenidos, fue encarcelado.

Tras la presión internacional y protestas internas en 1999 fue liberado en 1990. A los cuatro años llegó a la presidencia y en 1995 fogoneó un Mundial de Rugby en su país para unir a la población cruzada por rencores.
Pero el juego de la ovalada era cosa de blancos e imagen del opresor. Entonces, convocó al capitán del quince, François Pienaar para unificar al país. Al tiempo, el seleccionado cantaba el himno en lengua zulú, como se entonaban en manifestaciones contra el apartheid.

Sudáfrica logró llegar a la final y cuando Mandela apareció en el estadio con la camiseta verde del seleccionado, 72 mil gargantas gritaron: “¡Nelson, Nelson!”. Los esperaban los All Blacks de Nueva Zelanda, pero la victoria y el campeonato fue para los locales Springboks, nombre tomado del antílope o gacela de sabanas surafricanas.
Hoy, siete morenos, entre ellos el ídolo Bryan Habana, integran a los Springboks. Pero, la tensión entre conservadores blancos y nacionalistas negros sigue y es lento el cambio. El 22 de mayo el presidente Jacob Zuma fue abucheado en Mpumalanga. “No pasó nada”, protestaban, por la falta de servicios de agua y luz. A los dos días, otra marcha terminó con 78 detenidos.

En el rico territorio de minas de diamante viven 45 millones de habitantes, pero se cree que para 2050 el sida cobre 12 millones de vidas. La mitad de la población está por debajo de la línea de pobreza, la esperanza de vida es de 48 años y sólo el 10 por ciento de tierras es de la mayoría negra.
La inequidad sobrevive y el marco internacional sólo declama. En esa tierra, Argentina vivió una vergonzosa página el 3 de abril de 1982. Al otro día del desembarco militar en Malvinas, una selección de rugbiers argentinos camuflados como Sudamerica XV, le ganaba por 21 a 12 a los Springboks. La dictadura y la Unión Argentina de Rugby prefirieron jugar ese partido y burlar el boicot internacional al gobierno más racista.

Figurita 10: Los suplentes, bancos y corralitos.

Diego no deja de alarmar a la Fifa. Ahora declaró: “No hay titulares o suplentes”. Ante el temor de tener un malón criollo en las canchas, las autoridades se dedicaron a devolver hinchas, por si ellos también deseaban jugar.
Todos serán titulares, pero algunos pasarán tardes en acondicionados quinchos que parecen paradas por donde no suele parar el colectivo que lleva a la gloria.
Mirar sentado el partido y esperar que el técnico lo mande a precalentar puede llevar más de 90 minutos. Entonces, con temor a entumecerse, se juega un particular partido, casi platónico.
Dolorosos casos rodean a los suplentes, algunos mucho más terribles que pensarse toda la vida en el banco. Un ídolo, como Claudio Cannigia, tras ser convocado por Bielsa para el Mundial 2002 nunca fue titular. Hasta lo desalojaron del banco en el primer tiempo de la frustrada clasificación contra Suecia, cuando el árbitro le mostró la roja, por algún gesto que lo incomodó.
Pero antes, entre los años 60 y 70, los arqueros suplentes habían logrado reivindicaciones al aparecer en la típica foto con los titulares. Así, se pueden ver en imágenes de Central al Pato Abbondanzieri y al Rifle Castellano. 

Pero el Rifle fue un histórico suplente de marcado protagonismo. En 2008 llegó a la fama al ser expulsado en tres oportunidades, aún estando en el banco de suplentes.
En tanto, en 1995 llegó a Ñuls el búlgaro Velko Nicolaiev Iotov, venía con el prestigio de haber sido suplente de Hristo Stoichkov, en la selección de ese país. Pero, roturas de meniscos, ligamentos cruzados y nanas en el talón lo confinaron hasta 1999. Se fue del Parque en 2001 reclamando 1,3 millones de dólares para su propio banco. 

Los técnicos, cuando está por finalizar el partido y se pierde, suelen manotear a suplentes para que den vuelta el marcador. A veces, a los arqueros suplentes les toca jugar porque expulsaron al titular, ahí deben correr al arco con la obligación de atajar un penal que no cometieron. Hay pocos casos como el de Víctor Loyola, guardametas suplente del chileno Santiago Morning, dirigido por el ex canalla Juan Antonio Pizzi en 2009. El Audax le ganaba 2 a 0 en las semifinales del torneo. A 8 minutos del final, el técnico mete a Loyola, pero como delantero. Convierte un gol de cabeza, clasificaron y se llevó toda la gloria.

Pero el banco es traicionero, el 16 de mayo último, el internacional Marcelo Gallardo se despedía del fútbol. Va de suplente para que luego su ingreso sea festejo. Pero como River perdía 5 a 1 con Tigre, Angel Cappa gasta los cambios al meter a Buonanotte y Rojas. Entonces Gallardo se quedó sin festejo en su despedida y sentadito en el banco, como un triste muñeco.

  Figurita 9: El goleador, errar es inhumano

“La Fiera”, Bernabé Ferreyra, jugó en Tigre hasta que en el 1931 River lo adquiere en “35 mil pesos. En esos días, un obrero cobraba 50 pesos”, decía en 1982 el periodista Osvaldo Pepe.

“Con esa suma, en esa época se podían comprar 11 autos Opel sedán con cuatro cilindros y asientos regulables, 514 trajes de lana genuina e inglesa, 90 juegos combinados comedor-dormitorio, 1 toilette, 2 mesas de luz, 1 cama de dos plazas con elástico de acero, 1 mesa para ocho y 6 sillas tapizadas en cueros de búfalo”, cuenta Pepe. Desde entonces, a River lo bautizaron Millonarios.

"Esa cifra equivalía al valor de 70 mil entradas populares” para ver al “El mortero de Rufino”, quien en 185 partidos metió 187 goles", agrega.

Era la década del 30, arrancaba el profesionalismo y una “dictadura daba marco al fútbol rudimentario y sin ciencia. Pero, en el 40, se incorpora la picaresca de potreros y los notables”, relata.

Pepe marca el contexto del fútbol: “En los 50, aparece la tecnología de posguerra, tácticas y estrategias”. Surge el “árido pizarrón del catenaccio. Helenio Herrera reemplazó lo bello por lo práctico, la intuición por el razonamiento, y la improvisación por la especulación”. Pero en los 70 estalla la rebeldía, crecen las melenas y se suelta Brasil.

Entre los atrevidos, descollaba el wing, ermitaño que no pisaba el centro y enfilaba al arco zigzagueando en vuelo bajo sobre la raya. Se enredaba con el lineman y heladeros o sacaba un centro a la marchanta. Pero la hinchada goza con el virtuosismo atolondrado, expreso al gol que descarrilaba en las vísperas. A Houseman no lo podían marcar y escapaba hasta de las concentraciones. Sucede que todo wing es ahijado de remolinos. Su tranco avivaba las brasas del choripanero y sacaba a flamear a la pollerita de la hermana del arquero.

De pibes no jugaban a la pelota en la vereda, lo hacía en el cordón. Sus incursiones dejaban chifletes que refrescaban siestas. Corrían y no regresaban, entonces salían en rescate sus marcadores, gendarmes, acreedores y parientes cercanos.

No volvían, se sabían condenados por la osadía y su estilo morfón. Sabían que les esperaba: amoldarse a las reyertas en media cancha, disfrazarse de marcadores con proyección o sobrevivir con planes de ayuda como punteros barriales.

No se arriesgan a no arriesgar y corren aún con las medias bajas cobijados en las tribunas que veneraron a esos loquitos.

Osvalo Pepe decía: “El destino del goleador quedó sellado y la sociedad lo obligó a no fallar. Curioso vínculo emocional con la gente. Porque un grito de gol tiene mucho de rebeldía, a veces se grita gol con hambre y bronca atrasadas, con ánimo de protagonismo y rebeldía de marginado”.

Figurita 8: El volante, confusión y creación

 El nene está saliendo con un carrilero por izquierda”, admitía la madre a su vecina mientras intentaba explicarle la importancia de la marca hombre a hombre en el fútbol. Sus amigas le hacían notar que su muchacho andaba pegadito a otro hasta para ir a la panadería, pero la señora las instruía sobre las tácticas que le inculcaban a su muchacho en el club. “Ellos aprovechan los descuidos y se agarran en los corners”, explicaba.

Con el tiempo, en el barrio callaron las dudas y empezaron a hablar de tácticas gracias a pedagógicos videos del kiosco, sobre “el gordo que sale en la tele con una pelota bajo el brazo”. En nombre del fútbol todo se fundamenta. Se hacen negociados, fraudes y exaltan nacionalismos, fanatismos y pertenencias a mercados. Dicen que es casi mejor jugar a no dejar jugar, aunque anular a un contrincante, signifique también anular a uno de los nuestros.

Hoy, los volantes ocupan el medio campo, dividen el trabajo y producen en escala. La zona del círculo central es la de mayor caos en el tránsito. Piquetes de tribus sedentarias arman embotellamientos con volantes de confusión. Saquean a transeúntes y se quedan con las redondas y retienen hasta a sus propios avances.

Ahí también levantan lanzas los carrileros, nómades que patrullan con técnicas casi guerrilleras, con sorpresa y furtivos bombardeos al área rival.

Antes, el 8 la paraba y manejaba. El 5 despertaba discusiones: algunos eran de esfuerzo y entrega, onda el Tolo Gallego. Pero había elegantes portadores como Redondo o Gago. Los volantes defensivos eran la vanguardia de la retaguardia, protegían la zona y la permanencia cosechando tarjetas amarillas. Adelante se parapetaban los enganches, para horadar la defensa y enganchar con zancadillas.

Casi con pudor, los volantes ofensivos intentan disimular sus habilidades por temor a quedar como delanteros y tener menor salida laboral en el mercado, ya que a veces con un solo atacante se arman equipos exitosos. Las rígidas tácticas no permiten varios creativos, y sólo alguno es “volante de creación”. Era imposible evitar que Bochini, Maradona y Garrafa Sánchez dejaran estresados a sus marcadores en “una baldosa”, para meter una exacta asistencia a otro que metía goles.

Tenían un talento especial para jugar a la pelota, aún en un partido de fútbol oficial, con cancha de césped bien marcada y arcos con red y todo. Gracias a esos no domesticados y desubicados, la gente sigue en tribunas y valora al atrevido que levanta ilusiones y enseña que se pueden burlar limitaciones y jugar por utopías, dentro o fuera de una cancha.

Figurita 7: El defensor, "vos sacala..."

Era un delantero con buen pie y también ponía la gamba para trabar todas. El entrenador le dijo que le gustaba su estilo y que jugaría, pero como marcador de punta. El habilidoso futbolero se asustó y consultó: “Pero nunca fui defensor. ¿Qué hago? “Vos sacala”, le soltó el técnico, resumiendo teorías no tan modernas, como mezquinas. Para algunos, lo atractivo del juego es ganar, pero eso no siempre hace que el juego sea atractivo.

Cuentan que tras la Segunda Guerra Mundial, en la desolada Italia, el campeón Torino era la base, con diez jugadores, del seleccionado itálico. Pero, el 4 de mayo del 49, tras un amistoso contra Benfica, al regresar a Turín, la niebla provocó la caída del avión sobre la basílica de Superga.

Entre los 31 fallecidos, 18 eran jugadores de Torino. El desastre conmocionó a Italia, que además de tantas vidas, perdía a la mayoría de los convocados para el Mundial de 1950.

En la emergencia, para superar la pérdida de habilidosos y dotados técnicamente, se recurrió a una ultradefensiva escuadra, de dura marca y sacrificio. Italia cayó en la primera ronda del Mundial, pero el planteo de cerrojo o “cattenacio” se difundió desde el Inter de Helenio Herrera a todos los posteriores seleccionados.

Los periodistas defendieron lo “defendible” y Gianni Brera ligaba al catenaccio con el duro y sufrido campesino: “era la lucha de clase: uno es débil y tiene que defenderse”. Ya en 1932 el equipo austríaco de Karl Rappan usaba la táctica de sacarla lejos y ver. Así nacieron ultrazagueros, líberos, marcadores centrales y laterales, stoppers y hasta los nueve bajaron a sacarla. “Los delanteros ganan partidos, pero los defensores ganan campeonatos”, afirmaron.

Blas Giunta trabó con la cabeza y los bahienses colgaron los trapos: “Laspada es Argentino”, en reclamó de su convocatoria al seleccionado. Nicolino Locche ganaba tras esquivar y cansar al rival. Empezaron a bajar todos para aguantar. Así también hubo rotulantes frustraciones y aceptación de míseros empates. El arquero del Racing Universitario de Argel y Nobel de literatura 1957, Albert Camus, sostenía: "Lo que más sé de moral y de obligaciones de los hombres, se lo debo al fútbol”. Quizás, ese aprendizaje nos lleve a armar también fuera de las canchas cerrojos ante “los más poderosos”.

En desventaja física y técnica, el equilibrio de fuerzas surgiría de la colectiva resistencia frente a los grandes. Dicen que el general Perón, ante la proscripción de su movimiento, durante la Resistencia Peronista, llamaba a “encarajinar” el avance de “la contra”. Algo como “no achicarse, sino achicar”, para armar una salida. Otro defensor del fútbol y el arte, Miguel Franchi, advierte: “No estamos retrocediendo, sino tomando carrera”.

Figurita 6: El arquero, la maldición

Jugaban un amistoso Inglaterra y Colombia en Wembley. Era el 7 de septiembre de 1995 y, a los 22 minutos, el Jamie Redknapp disparó de lejos al arco de René Higuita. Burlando la cordura y mesura que condenan a los arqueros, el ruliento morocho destapó una pirueta. Se tiró para adelante y en el aire, antes de apoyarse en el césped, le pegó a la redonda con la suela de sus botines. “El Escorpión”, como se llamó a esa cabriola, parecía a medida de románticos y rebeldes. Pero al tiempo, Higuita admitió que había visto al lineman marcar el offside, cosa que lo animó a arriesgar. De todas formas, el encantamiento no se desvaneció, pero entonces había sido aquel juez de línea el mago que bajó rápido su varita para darle más magia al fútbol.

Es dura la suerte del arquero, solo ante una enorme valla codiciada por los rivales. Solo y con una hinchada que lo intima de atrás. Solamente a metros de fotógrafos que esperan escarchar la imagen del gol que se coma. Dicen que la condena nace con “el gordo va al arco”. Pero la maldición es más profunda: Cristian Luchetti, del Banfield campeón 2009, nunca fue gordo y comenzó jugando de 9, aunque luego lo confinaron entre los maderos. Pero el Laucha llegó a ser goleador cañoneando en penales a sus pares adversarios.
Hasta que un entrenador mandó que los penales sean ejecutados por jugadores de campo. Ese DT: Julio César Falcioni, quien había sido arquero. Don Adolfo Pedernera contaba que en un partido su arquero le pidió patear un penal. No lo dejó y explicó: “Si usted lo yerra me van a crucificar por dejárselo patear. Y si convierte, usted habrá humillado a un compañero”.

Hasta si hacen goles pueden ser criticados. Héctor Roganti, ex arquero del Huracán, cuenta que sus propios hijos no le creían demasiado cuando les relataba que había jugado en el equipo campeón 1973. Explicaba que al no existir tantos videos de esa época, cuando aparecía en una jugada era porque le habían metido un gol. Ni les dan la camiseta del club. Eso sí: debe ser dueño del área, despejar y adelantarse como un defensor, no puede perder una bola ni dejar que le pongan un cabezazo. Además, en todo el barrio se lo debe escuchar cuando sale a cortar bramando: “¡Míaaaaa!”, aunque no vea por dónde vuela la pelota. Le exigen excelente estado físico, reflejos instantáneos, decisión, confianza, concentración, coraje y buena pegada para originar una jugada que llegue al gol.

En un clásico de 1992, el juez pitó penal a favor del visitante millonario. Los bosteros enojados arrojaron con bronca una radio que cayó cerquita de Angel David Comizzo. Trapito levantó el aparato y se puso el auricular para seguir la jugada mirando a los rivales. Pero, el Mono Navarro Montoya se lo atajó a Hernán Díaz. Sin festejo, el arquero parecía una postal del que está lejos de los goles propios y demasiado cerca de los goles ajenos.

Figurita 5: La linegirl, todo fallo es erróneo

Corren de costado, como egipcio de friso. Se frenan, juntan talones y —ante el terror de los que atacan—, erguidos como estatuas levantan el brazo con el banderín y anulan la jugada. Entonces, tras segundos de profundo silencio, se detonan los más desgarradores insultos. Coleccionan piezas de arte: celulares, encendedores, radios, zapatillas, pilas y piedrazos que llevan en un chichón. El estrecho alambrado que intenta separarlos de las hinchadas, no sirve ni para colar escupitajos cuando desaprueban sus fallos.

Se van de la cancha bajo escudos policiales y sus hijos niegan en la escuela que sus padres “trabajan de eso”. En tanto, se ilusionan con otra vida, en la que tras siempre andar sobre la raya, se reencarnan en un wing. Mientras, recrean leyendas y se hacen llamar “solferinos”. Ante ello, intelectuales del insulto que indagan en seminarios sobre la creación de nuevas e hirientes palabrotas, al cobrar una cuestionable falta, le vociferaron al cuestionar un supuesto offside: “Cheee, acordate del 24 de junio de 1859”.

Al ser citados por el tribunal de la AFA para indagarlos sobre semejante amenaza, basaron su alegato en documentos históricos que registran una brutal masacre propinada por Napoleón III al ejército austríaco en el norte italiano, en un pueblo llamado Solferino (Sol feroz). También explicaron que en honor a ese combate, científicos franceses bautizaron como “solferino” a una tonalidad obtenida con colorantes artificiales. El tribunal no los entendió, anuló la demanda y el lineman pidió quedarse con el término, mientras agitaba su banderín, que hasta entonces parecía rojo.

En 1863, el estricto y autoritario progreso inspiró a los ingleses para reglamentar la ley del off side, y discriminar a los adelantados. Pero esa emboscada para libertarios chupamates que pasaban tardes chamuyando al arquero rival a la espera de un pelotazo para golearlo, fue de polémica aplicación.

La luz, velocidad del juego, altura del césped, rotación terrestre y pestañeos del lineman, atentaban contra un buen fallo. Los lineman más prácticos sólo atendieron a datos que les dieran seguridad. Se privilegió respetar más los gustos de los locales, sobre todo si eran muchos. Pero también es determinante la ubicación del lineman y la hinchada a su espalda, intentando no irritarla con sanciones en su contra.

Ya en 1993, la Fifa los condenó. Resolvió que: “Se es árbitro o juez de línea”. Así se acabaron los sueños de ser árbitros principales, no por la fama, sino para alejarse de las gradas. Errar es humano, pero algunos parecen herrados. Finalmente, la solución parece llegar con la primorosa aparición de la linegirl. Es indiscutible la intuición femenina —más su cordial porte—, aunque suelen dejarnos, a menudo, fuera de juego.

Figurita 4: El árbitro, un bien innecesario

Es extraño que alguien se alegre al abrir un paquete y encontrar inmortalizada en el cartoncito a la cara de un referí. La pasión no tiene aspecto de esos prolijos señores, seguramente engominados en cabellos y almas, con cara de cualquiera menos de alguien que pasa tardes en una cancha de fútbol.

Esa figu nunca es la difícil y nadie dudaría en cambiarla por otra cualquiera, hasta por una repetida. No es muy de futbolero llevar en la billetera, o atesorar en el cajón de las medias, un cartoncito en honor a Horacio Elizondo. Tampoco es usual ver en el banco de una plaza a un orgulloso abuelo relatándole a su nietecillo tiernas historias, mientras le muestra la figurita de Guillermo Nimo.

El fubolero no confía en los botonazos, arbitrarios jueces que privilegian el respeto a las leyes del juego a que gane nuestro equipo. Seguro que cuando eran pibes, cuando la profe iba al baño les pedía a esos que anotaran en el pizarrón el apellido del compañerito malo que tiraba tizas.

Pero, hace poco, el vendaval propagandístico del movimiento del nacionalismo futbolístico nos vendió que no podemos admitir un triunfo mundialista sin argentinos y debimos fanatizarnos con el pitar del cuerpo arbitral.

En la historia de tan ecuménica justa atlética quedó estampada la memoria de don Horacio Elizondo y sus jueces de línea: Rodolfo Otero y Darío García, próceres criollos que impartieron justicia en aquella final entre Italia y Francia, en 2006. Pero no se registraron aglomeraciones en el Monumento a la Bandera, ni cuando Elizondo expulsó al francés Zinedine Zidane por cabecear al italiano Marco Materazzi.

Por no perder publicidades y horas de televisión, los promotores del show describieron al colegiado como un artista, que con un diminuto instrumento de viento convoca a estruendosos festejos o a una multicolor suelta de puteadas. No hay músico que con apenas un silbato intérprete hasta la leve intensión violenta de un defensor.

Por tomar decisiones cruciales bajo la vista de millones y correr 90 minutos sin ligar un pase, los árbitros merecerían un lugar entre las figuritas.

Pueden enfrentar al gentío y ser respetado, pero al salir del perímetro del paraíso terrenal, se quedan sin impunidad. Orgulloso de su prestigio, el mismo Elizondo aceptó impartir su oficio en un cruce de representativos de Fuerte Apache y Ciudad Oculta.

Entre ásperos monoblocks del oeste porteño, el prestigioso juez dirigió el encuentro, sin que se registrara violencia alguna. Pero, al irse del predio comprobó que le habían afanado el reloj que había ganado en el Mundial. De todas formas, el hecho no fue caraturalado como delito, sino como justa venganza por nunca escuchar advertencias como: “¡¡La hora referí !!”.

Figurita 3: El público, turi-hinchas y olas

“No suelen llegar en camiones, colados en el tren, ni de a ochos en Fititos, sin embargo se les dice: “hinchas”. Pero, son asistentes, espectadores, público o mejor: turi-hinchas. Compran extraños jarrones, no choripanes; despliegan estandartes, no cuelgan trapos; los esperan recepcionistas, no los matungos de la Montada, y no hacen avalanchas, pero se sacan fotos junto a todas las fuentes.
Andan munidos de cámaras y hacen olas que les consumen casi todo el partido. La expresiva, creativa y colectiva actividad suele exigir mucha atención mientras se acerca el momento sublime para pararse y levantar las manos, mientras se miran sonreír en la pantalla gigante. Luego controlan el transcurrir de la ola entre los demás concurrentes. No es demasiado entretenido, pero para quien no entiende o gusta demasiado del fútbol es una bella y armónica forma de pasar la tarde.

Entusiastas del aplauso, se saludan y admiran mutuamente por el cotillón que adquirieron. Así, gustan lucir gorros estrafalarios, disfraces estrafalarios y maquillados con colores, también estrafalarios.
Los espectadores de partidos mundialistas no van a la cancha, “concurren a estadios”. No cantan desesperados, entonan salmos como en un templo, y no provocan incidentes, salvo que descubran otra fuente en la que aún no se habían fotografiado.

Son privilegiados asistentes de elite de un suceso mundial, pero no pueden putear a los jugadores rivales o propios, amenazar a una hinchada rival o advertir al señor árbitro con esperarlo a la salida. Los beneficios para el gentil público está en su impunidad: ya que si pierden no deben soportar cargadas al otro día en el laburo, no todos tienen como compañeros a nigerianos o portugueses.
Más allá de algún contingente de barrabravas subsidiado, el resto de los criollos deben poner unos 7.500 dólares para viajar (vuelo, hotel 3 estrellas, 10 días, sin comidas y traslados a dos partidos de la selección). Pero, también hay tours por 30 mil dólares, que incluyen entradas a partidos y participar en un partido en la formación de una barrera, si la cobran a mitad de cancha.
El peligro real entre el público mundialista radica en: familias que llevan niños que lloran a lo loco por hamburguesas, los fogonazos de fotógrafos seriales y los duros enfrentamientos entre barras de gerentes de multinacionales que asisten con perversos objetivos de cometer todo tipo de negociados.

Los viajes de barrabravas a mundiales son denunciados por surgir por espurios arreglos y compromisos con poderosos dirigentes. Pero no se sospecha de tantos empresarios que viajan, también junto a socios y amigos: poderosos dirigentes. Así, se puede elegir el riesgo de andar entre guardias pretorianas del mercado o participar de algún safari al ritmo gutural del bombista Tula.

Figurita 2: La cancha, teatro sin batallas

"Es un cuenco abierto hacia afuera, etéreo y con un techo ondulante que suaviza la lógica volumétrica e intenta mimetizarse con el océano", dicen los organizadores del mundial sobre el estadio Green Point. Quienes tenemos otra idea sobre las canchas de fotbal, debemos comprender por qué a esa gente se les da por hacer olas, surgidas del mar y finas graderías.

Es difícil que un futbolista salga a tal paraíso a "matar o morir". Pero ahí, nuestros gladiadores rumiarán gloria, so pena de no regresar sin la copa.

El Green Point, al pie de apacibles playas atlánticas y moderadas montañas, "fue concebido como un objeto escultural, con un respeto genuino por la belleza del paisaje natural de la ciudad", explican.

Pero en esas praderas peligra el espíritu épico, esa conmovedora osadía que recalienta las almas al acercarse a la cancha del Docke, entre nubes de mugrosas sustancias que brotan del Riachuelo, mientras rostros tallados a trompadas cortan al aire.

En nuestros desarmaderos de gente (canchas) no se registran peloteros, y es imprudente llevar niños, salvo en penitencia. Pero, el Moses Mabhida (Durban), con su "arcada delineada en símbolo de la unidad tras el apartheid", tiene hasta áreas de juegos infantiles.

Viejos estadios, como el Free State (Bloemfontein) y el Loftus Versfeld (Pretoria) fueron rediseñados y nada quedó de legendarias canchas. El Ellis Park (Johannesburgo) perdió su magia y fue rebautizado como Coca Cola Park, y no por una ancestral leyenda.

Los biólogos tienen al Peter Mokaba (Polokwane), con forma de baobab, tradicional árbol africano. Y, también está el Mbombela (Nelspruit) cerca de una reserva ecológica, pero edificado sobre chozas sin luz ni agua. Hasta se asemeja a la atmósfera de los prados de Jáuregui, entre jaurías de cimarrones animales e hinchas de Flandria.

Para un turismo de aventura, no hay como trepar al Ferrocarril Belgrano Sur, ramal González Catán e intentar llegar al predio de Lafe (Laferrere).

En Sudáfrica faltan atractivos. No existe la ventaja deportiva, minutos de gracia que aquí se dan a visitantes para huir de los locales y cuidacoches. Tampoco tienen "recorridos antipiñas", senderos urbanos diseñadas para que seguidores de un club, y sus perseguidores, sólo se crucen en peajes donde se paga con sangre.

Será difícil revivir grescas más creativas que esas habituales entre hinchadas, cuando en coloridos combates se trenzan sectores de una misma barra, en disputa del liderazgo.

Pero, como los estadios mundialistas se diseñaron con "criterios de salas teatrales, para disminuir la distancia entre el espectador y el campo de juego", al menos se podría disponer de una accesible línea de tiro a la cabeza del arquero rival, o del propio, de acuerdo a su perfomance.

Figurita 1: La pelota, el hombre en cuero

Gordita histérica y engreída. Rea de campitos que ahora te la das de vedette. Ahora te hacés la señora distinguida e inalcanzable para el piberío que te hizo famosa cuando la siesta se hacía fiesta.

Eras mezquina y eludías a los más rudimentarios para irte con los habilidosos. Pero a los revolcones, te machucaron.

En Sudáfrica te bautizaron Jabulani, “celebración”, en bantú. Te pintarrajearon con once colores, por el número de futbolers, los idiomas de esa nación y las once comunidades que te cobijan.

Los creyentes afirman que al séptimo día de la creación, al Señor se le cayó un cacho de Sol, y demonios y ángeles se trenzaron en el primer picado dominguero. Pero, los herejes aseguran que en ancestrales ritos por la fertilidad, naciste como esfera para ser centro de ceremonias.

En tanto, los chinos juran que 500 años antes de Cristo, el gobernador Fu-Hi aplastaba raíces dentro de un cuero hasta redondearlo para usarlos en juegos. Hindúes, persas, egipcios, griegos y romanos hacían juegos de mano con cosas redondas. En la Edad Media, entre fechas libres de combates los caballeros se lanzaban bolas en torneos.

Mientras descubría, sin saber qué, Cristóbal Colón se topó con tribus que reboleaban bolas que rebotaban mágicamente, las armaban con una sustancia pegajosa extraída de un árbol, también saqueado, y del que luego fabricaron el caucho.

No faltó un marino británico que en ajenas costas se apropiara de ajenos juegos, que al adoptarlos en Inglaterra armaron tumultuosas lides. Eso sí, como son disciplinados, crearon reglas en 1848, lo que permitió ya implementar las trampas.

En 1880, la vejig

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Por Gonzalo Santamaría

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