“Yo tuve mucha suerte”, dice Cholo Montironi, con una humildad
asombrosa. Sobre todo porque el pasado, el presente y el futuro de este bandoneonista rosarino está
más cerca del perfil de un virtuoso que de un hombre cuyos logros son una mera cuestión
azarosa.
Tocó con Tony Bennet, fue el fueye de la ópera rock “Evita” con
Paloma San Basilio, acompañó a figuras de la talla de Jorge Sobral y fue solista de la Orquesta
Filarmónica Real de Londres y la Orquesta Sinfónica de Francia.
Recorrió el mundo con el tango, ya que tiene 64 giras a Europa, 9 a Estados
Unidos y una a Japón. Acaba de grabar un disco impecable “París-Rosario”, junto al
guitarrista Alfonso Pacín, en el que ratifica, a sus 79 años, que su talento no tiene techo. Allí
va de Gardel a Piazzolla, y de Lennon-McCartney a Charles Aznavour. “Los Beatles fueron una
locura y lo siguen siendo, no creo que nadie los supere”, explica con voz tenue.
Simple, ajeno a las críticas a colegas, El Cholo se presenta a la nota con
Escenario vestido de negro riguroso, pero, eso sí, en zapatillas oscuras con un vivo amarillo.
Quizá sea un guiño a su estilo combinado de clásico y renovador .“Sí, yo estoy en esa, en la
renovación, en la de Piazzolla, porque me siento bien, además es la que gusta en Europa”,
dice en el Bar La Capital, mientras deja enfriar su mate en saquitos en una mesa alejada de la
ventana, acompañado por Hugo Vitantonio, de la Fundación Musimedios, que coprodujo el disco junto a
Ediciones Musicales Rosarinas, de la Municipalidad de Rosario.
El sábado, en el teatro El Círculo, El Cholo presentará
“París-Rosario”, con el guitarrista Marcelo Stenta, en reemplazo de Pacín, quien no
pudo viajar; Javier Martínez Lo Re, en piano; Rubén Molino, en contrabajo, y Gabriela Estrada y
Ricardo Paradiso, en voz.
“En las giras a Italia, durante 8 años hicimos en 40 días conciertos en 34
ciudades, con 38 temas por sesión, y ahí había 30 que eran de Astor”, cuenta El Cholo, y
confiesa que todavía le da miedo de “pifiar una nota”. Es el temor de los verdaderos
artistas, que transpiran antes de un show pero después entregan hasta la última gota de sudor y
pasión en el escenario.
A los 8 años debutó en el programa radial “La hora de todos”, de LT3
Radio Cerealista, y sorprendió. “A los 11 o 12 yo era un pibe y tocaba en la calle. Ganaba 4
o 5 pesos por día y a mi viejo le pagaban un peso como operario en Celulosa Argentina”. La
anécdota que se remonta a los años 40 fue una señal en su vida. “Siempre viví de la
música”, asegura con cierto orgullo. “Con ese cajoncito le empataste a Dios”, le
dice su mujer asiduamente en alusión al gastado pero rendidor cajón de su fueye.
El Cholo cuenta como al pasar cómo conoció a uno de los artistas estadounidenses
de pop y jazz más importantes de todos los tiempos: “Era la época del Mundial 78, yo tocaba
con Sobral en Caño 14, y Tony Bennet fue a ver el espectáculo, no a mí. Pero después del recital me
pidió para su show del Luna Park, era para el tema en el que hace la gorda Serra Lima, ¿cuál es?,
no es un tango, ¿cómo se llama?, ah, «A mi manera»”.
A su manera. Así vive El Cholo y marca el paso con su fueye. Pero, claro,
lo de él no tiene secretos. “Yo estudio mucho, todos los días desde las dos de la tarde hasta
las ocho de la noche me la paso tocando y escribiendo”, destaca quien además de compositor es
docente de clases de interpretación de bandoneón en La Casa del Tango.
Mientras se ríe cuando imagina un gran recital en el Anfiteatro para el año
próximo, cuando cumpla los 80, El Cholo insiste con eso de la buena estrella: “Yo tuve mucha
suerte, pero ojo, es difícil tener suerte, aunque es verdad que soy muy estudioso. A veces me
amargo y paro cuando pierde Central, pero me tira el bandoneón”.