Como gestos de distensión, Cristina suspendió en El Calafate su ofensiva contra el ex jefe de Gabinete y concentró la artillería en Martín Guzmán, convertido en un paria tras su intempestiva renuncia al Ministerio de Economía, y Fernández ensalzó en la Casa Histórica de Tucumán el valor de la unidad.
Son señales de una nueva etapa en el Frente de Todos. Con un debilitado pero necesario Sergio Massa en la sala de situación del peronismo, Alberto, Cristina y el presidente de la Cámara de Diputados intentan encontrar algún mecanismo funcional de toma de decisiones ante un escenario endiablado. Si este peronismo no puede ser el partido del orden, la consigna es al menos no sumar más desorden.
Durante la semana el panorama fue sombrío. Con Fernández absorbido por la interna y con la agenda oficial en blanco, el vértice del gobierno proyectó una inquietante imagen de vacío de poder en plena corrida cambiaria y cuando los peces de todos los tamaños que componen la cadena alimentaria de la economía se lanzaron a la remarcación preventiva de precios.
En una de las orgas más cercanas a Fernández vieron esta semana al presidente “muy golpeado”. “Dilapidó gran parte de su capital político en bancar a Kulfas y a Guzmán”, cuestionaron.
Después de asediar durante meses al profesor de Columbia para forzar su salida, Cristina y los suyos critican al antecesor de Silvina Batakis no su renuncia sino el modo que eligió para eyectarse del gobierno. Cada vez más en pose de candidata, a Cristina no le conviene que un jaqueado Fernández deje el cargo antes de tiempo y sea ella la que tenga que tomar la riendas cuando no tiene margen para cambiar el rumbo.
A la amenaza real de la espiralización de la crisis económica y la falta de quórum propio en el Congreso se suman las señales alarmantes de la calle, que vienen tanto por izquierda como por derecha.
El título que dejó el jueves Máximo Kirchner el jueves en la provincia de Buenos Aires -"Guzmán los dejó tirados y ahí está Cristina otra vez poniendo la cara para sacar esto adelante"- ilustra la contradicción que atraviesa al kirchnerismo paladar negro. Hablan en tercera persona de una administración de la que reclaman ser los fundadores y accionistas mayoritarios.
En contraste con la posición dura del presidente del PJ bonaerense, el anfibio Eduardo Wado de Pedro -uno de los dirigentes de La Cámpora que hace su propio juego con miras a 2023- salió de gira con Juan Grabois para impulsar un Plan Marshall criollo pero también recibió elogios de la crema empresaria que nuclea el Consejo Interamericano de Comercio y Producción.
Habrá que ver qué estrategia consigue el aval de la jefa del kirchnerismo, que siempre fue mucho más pragmática de lo que sus fieles y enemigos quieren reconocer. Y, como remarcó en el sur, no permite a nadie que hable en su nombre.
Lo cierto es que después de devorarse al albertismo nonato Cristina se mostró en modo leona herbívora y pidió construir algún tipo de acuerdo para frenar una bola de nieve de problemas -escasez de dólares, inflación desbocada, pulverización de los ingresos- que con el correr de los gobiernos sólo se vuelve más grande.
Sin embargo, la histórica posición hegemonista del kirchnerismo, el deslizamiento hacia la derecha de un número no desdeñable de dirigentes y votantes opositores y el tamaño cada vez mayor de las elecciones en el horizonte complican cualquier tipo de entendimiento.
Con Fernández absorbido por la interna y con la agenda oficial en blanco, el gobierno proyectó una inquietante imagen de vacío de poder Con Fernández absorbido por la interna y con la agenda oficial en blanco, el gobierno proyectó una inquietante imagen de vacío de poder
En este marco, los distintos socios de Juntos por el Cambio observan a distancia la crisis del peronismo y ensayan un delicado equilibrio entre representar el malestar social y no erosionar más al gobierno. “Alberto está tán frágil que lo soplás un poco y lo tumbás”, dicen en el radicalismo, que algo saben de gobiernos que terminan antes de tiempo.
Es un consenso interpartidario en la Argentina contemporánea: nadie quiere ser factor de ingobernabilidad pero tampoco nadie quiere gobernar. Mientras tanto, hasta las palomas opositoras se animan a hablar de ajuste, en línea con las “acciones dolorosas” que pide Kristalina Georgieva, y Batakis ensaya una suerte de guzmanismo sin Guzmán de resultados inciertos.
“Estás atado a cumplir con el Fondo. Podés hacer hincapié en un shock distributivo, pero no podés ir a un lugar muy distinto al que planteaba Guzmán”, reconocen en el peronismo. De todos modos, en algunos campamentos creen que la crisis puede ser una oportunidad.
“Si fijamos la agenda de discusión política en las necesidades de la gente y logramos estabilizar los precios y recuperar poder adquisitivo podemos ser competitivos el año que viene”, señalan.
Tironeos
En tanto, en Santa Fe la deuda histórica del Estado nacional con la provincia trascendió el debate económico y financiero y se convirtió en un factor político. Tanto para dividir posiciones entre oficialistas y opositores como para aglutinar en los distintos campos.
Después de que la oposición primereara ante la opinión pública, y tras reconocer puertas adentro que la comunicación no es el fuerte del gobierno, Omar Perotti buscó emparejar el partido. Convocó al Consejo Económico y Social, a diputados y senadores provinciales y a intendentes y jefes comunales para explicar los alcances del acuerdo por el que Santa Fe recibirá bonos por casi 152 mil millones de pesos que se actualizan por inflación tras una larga batalla que terminó con un fallo de la Corte Suprema de Justicia de la Nación.
Después de que la oposición primereara ante la opinión pública santafesina, Perotti buscó emparejar la cancha y convocó a todos los actores Después de que la oposición primereara ante la opinión pública santafesina, Perotti buscó emparejar la cancha y convocó a todos los actores
También convocó para comienzos de la semana que viene al presidente de la Cámara baja, el socialista Pablo Farías, que dijo en la última sesión que el gobernador les mintió sobre los alcances del convenio.
“La postura tan mezquina y electoralista de la oposición me acercó al gobierno”, blanqueó un dirigente de una tribu que en el último tiempo tuvo una relación fría con la Casa Gris.
Eso no disuelve las diferencias y las tensiones al interior del PJ santafesino. Mientras algunos sectores se inclinan por alambrar la provincia y enfocarse en un discurso más de centro, otros quieren insertar al peronismo en el debate nacional y buscan ampliar hacia la centroizquierda.
Por su lado, la oposición busca sacarle todo el jugo político posible al acuerdo por la deuda histórica. Con sus matices, el tema le da a los distintos espacios no peronistas la oportunidad de unir posiciones en un tema mucho más tangible que la demorada reforma constitucional, y explotar tópicos atractivos para cualquier opositor: cómo se obtienen y se usan los recursos públicos, el funcionamiento de las instituciones y la relación con el poder central.
De todos modos, eso no significa necesariamente que las fotos y los comunicados conjuntos entre la UCR, el PRO, el PS y el espacio de Pablo Javkin cristalicen automáticamente en el cascoteado frente de frentes.
Sin embargo, más allá del rechazo público de la Coalición Cívica y del PRO, y la frialdad del PS y el intendente rosarino, en el radicalismo creen que no hay lugar para una tercera vía. “Todos nos necesitamos mutuamente”, plantean.