Los docentes atravesaron con valentía los años más inciertos de su vida laboral, tomando iniciativas impensadas de adaptación y aprendizaje durante la pandemia. Luego, llegó el desafío de la bimodalidad, el aula invertida, la gamificación y una multiplicidad de recursos didácticos novedosos para instrumentar. Ahora, es la inteligencia artificial que se hace presente en las aulas, que moviliza a los profesionales de la educación para repensar sus diseños de clases y ajustar la calidad de sus propuestas.
Cada vez queda más en evidencia que ya no es posible enseñar como aprendimos, ya no alcanzan los recursos tradicionales de la tiza y el pizarrón para hacer frente a los escenarios complejos de nuestros estudiantes. Las clases no pueden concebirse como extensas exposiciones de los docentes, y las evaluaciones no consisten en sacar una hoja y desarrollar un tema. La educación hoy es interpelada también en sus propuestas académicas y escolares. Demanda de los docentes formación pedagógica, creatividad e innovación.
Muchos graduados universitarios encuentran en la docencia una nueva vocación que les permite otro modo de ejercicio profesional y compromiso social. Mediando entre los estudiantes y el saber experto que poseen, se esfuerzan en el desarrollo de competencias generales y específicas según su área de conocimiento.
La universidad, en su rol pedagógico, reconoce la formación docente como una prioridad. Si pensamos en el futuro de nuestra sociedad, esta apuesta resulta ineludible, ya que se necesitan docentes reflexivos de su propia práctica, familiarizados con entornos colaborativos de trabajo, creativos en sus propuestas, promotores de innovación en los procesos de enseñanza y aprendizaje. Docentes que cedan la centralidad del aula a los estudiantes y sus aprendizajes, pero sobre todo que se comprometan en instancias de formación permanente para que todo esto sea posible.
Patricia Dimángano. Directora de Profesorado Universitario para la Educación Secundaria y Superior de la UAI.