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Óvulos jóvenes, un seguro frente a la maternidad tardía

Cada vez más mujeres tienen hijos después de los 35, pero la tercera parte de ellas debe recurrir a óvulos de donantes. También se pueden congelar ovocitos propios a edades más tempranas. La ovodonación eleva al doble o más las chances de embarazo en mujeres mayores. Hoy, uno de cada cuatro tratamientos de fertilización asistida se hace con óvulos donados.

Domingo 14 de Julio de 2019

Las argentinas son mamás cada vez más tarde: casi 4 de cada 10 recién nacidos tienen madres que ya pasaron los 30. El aplazo más notorio de la maternidad se da entre las mujeres de 35 a 39 años: en 2001 nacieron poco más de 68.000 niños de mujeres de esa franja etaria; en 2016, casi 97.000 bebés. También aumentan los hijos de mujeres mayores de 40: 21.000 nacidos en 2001 contra 27.000 en 2016. Especialmente en mujeres de mayor nivel de educación, tener hijos es un deseo a concretar a largo plazo. Y cuando la expectativa de vida nos hace creer que todavía somos muy jóvenes y nos queda mucho por delante, los límites de la biología se imponen como muros nada fáciles de atravesar.

"La especie humana tiene, naturalmente, una baja tasa de reproducción" explica Alejandra Hallberg, médica del staff del Programa de Asistencia Reproductiva de Rosario (Proar). "Un varón y una mujer sanos y jóvenes tienen entre un 20 por ciento o 25 por ciento de posibilidades de lograr un embarazo cada ciclo. Después de los 30 años baja notablemente la fertilidad femenina. Por eso si una mujer joven decide postergar su maternidad la mejor decisión que puede tomar es congelar sus propios óvulos".

La recomendación no parece en vano. Durante la última década hubo una explosión de los procedimientos de fertilización in vitro (FIV) por ovodonación: actualmente, nacen alrededor de 5.000 bebés cada año con óvulo de donante, lo que representa uno de cada cuatro tratamientos de fertilización asistida.

Desde junio de 2013, cuando se sancionó la Ley Nacional de Fertilización Asistida (ley 26.862), pudieron acceder a tratamientos muchas personas que antes no lo hacían, generalmente por limitaciones económicas.

"En promedio, las mujeres llegan a su primera consulta para ser mamás a los 38 años. Y desde la sanción de la ley aumentó mucho la demanda de tratamientos de mujeres de 40 a 60 años con óvulos propios —explica Stella Lancuba, presidenta de la Sociedad Argentina de Medicina Reproductiva (Samer)—. Pero cerca del 65 por ciento de ellas opta por la ovodonación luego de varios intentos de FIV. Es que después de los 40, con óvulos propios, son bajas las tasas de embarazo y mayores los abortos espontáneos".

La juventud del óvulo tiene mucho que decir en relación con la posibilidad de lograr un embarazo. "La ovodonación es el procedimiento más exitoso. Es como si una chica de 25 años buscara un embarazo, es la edad ideal, que es la que suelen tener las donantes. En estos casos el éxito de los procedimientos alcanza al 55 por ciento", afirma Hallberg, que dirige el Programa de Ovodonación de Proar.

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Los propios y los ajenos

Cuando una mujer joven está estudiando o haciendo carrera en alguna profesión y considera que no es el momento ideal para ser mamá, pero que sí querría serlo en el futuro, se puede realizar una evaluación de su reserva ovárica para evaluar si tiene más o menos tiempo por delante para atrasar el momento del embarazo. Para asegurar la fertilidad a futuro se pueden congelar sus propios óvulos.

Sin embargo este procedimiento, que se logra a través de una técnica llamada vitrificación, es cubierto por el sistema de salud sólo en aquellos casos en que se debe enfrentar algún tratamiento médico que pone en riesgo su fertilidad: quimio o radioterapia para afrontar un cáncer o medicación citotóxica para tratar alguna otra enfermedad.

"Se pueden congelar óvulos o embriones, esto último si la mujer tiene una pareja estable con quien desea tener hijos —agrega Hallberg— aunque eso crea un compromiso a futuro con esa persona que no siempre se puede asegurar. Si decide embarazarse, por ejemplo, a los 40, es como si lo hiciera a los 25 o a la edad que tenía cuando congeló".

La congelación de óvulos no es, por cierto, para todos los bolsillos: tiene un costo aproximado de 120.000 pesos y el mantenimiento anual es de alrededor de 8.000. La contracara es que optar por ello facilitará de manera contundente la posibilidad de ser madre con óvulos propios aunque el calendario haya pasado.

Tanto la preservación como la ovodonación se realizan en instituciones privadas porque el sistema público no tiene tecnología de alta complejidad que permita preservar óvulos, una gameta mucho más difícil de manipular en el laboratorio que el espermatozoide. "Desde la existencia de la Ley de Fertilización Asistida —dice Lancuba— el acceso a los tratamientos se transformó en un derecho. Existe una deuda pendiente de parte del Estado que es un Registro Nacional de Donantes, un ente que provea los óvulos, proteja a las donantes y organice el sistema".

La ley prevé que la cobertura con óvulos propios sea hasta los 43 años y 364 días en tanto los procedimientos con óvulos donados desde los 44 y hasta los 50 años. Cada paciente tiene cubiertos 3 tratamientos. "Si bien no existe una edad límite para gestar —agrega la presidente de SAMeR— nuestra entidad aconseja respetar el límite de los 50 años para proteger la salud materna".

En el 90 por ciento de los casos, las mujeres que donan sus óvulos lo hacen por una intención solidaria; en el 10 por ciento restante, por una motivación económica. "La donante está cubierta por el servicio de salud de la receptora, ya sea obra social o prepaga —dice Lancuba— pero también se le ofrece una compensación económica, un contrato privado, por el tiempo que destinan a ir al centro de fertilidad, dejar de trabajar, aplicarse medicación, etc,"

Para poder convertirse en donante de óvulos, las mujeres deben ser sanas, tener hasta 35 años y es preferible que ya hayan tenido hijos. "Es una donación anónima y confidencial —aclara Alejandra Hallberg—. El centro de fertilidad donde se realiza el tratamiento conoce la identidad de quien ha donado y la mantiene a resguardo. No se aceptan donaciones de familiares o amigos. Si ofrecen donar, les agradecemos mucho y lo recibimos, pero será para otra persona".

Es cierto que se buscan rasgos físicos similares a los de la receptora (color de ojos y pelo, color de tez, contextura física), pero lo que resulta imposible es asegurar es que quien dona esté absolutamente libre de transmitir la predisposición a enfermedades. Es por eso que en los artículos 563 y 564 del nuevo Código Civil y Comercial se establece la posibilidad de conocer la identidad de quien donó gametas en caso de existir problemas de salud del niño o niña que se hayan concebido a través de éstas. También, y siempre bajo la autorización de un juez, es posible que llegada la mayoría de edad "y por razones debidamente fundadas" —un concepto muy amplio— sea posible develar esa identidad.

"Pero en 23 años de experiencia con ovodonación nunca tuvimos un solo caso de algún hijo o hija nacidos a través de esta técnica que hubieran querido conocer la identidad de la donante —asegura Alejandra Hallberg—. Hemos asistido a congresos internacionales y sí sabemos de casos en que fue necesario por cuestiones médicas, pero por motivos sociales o psicológicos, nunca. Eso es para Netflix, no para la vida real".

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