El 10 de septiembre de 1998 Los Shocklenders tocaron en un festival realizado en
Vigo, España, en un estadio colmado por unas 15 mil personas. Tocaban muchas bandas del lugar, pero
la rosarina fue presentada como "la revelación de Latinoamérica". No bastó. Ese día fue el último
show del grupo, que siempre se movió entre el funk y la música disco, con letras irónicas y hasta
zarpadas. Hoy, a casi 11 años de aquel recital, los Shocklenders se presentarán juntos por primera
vez con aquella formación. La cita es a las 23 en Willie Dixon (Suipacha y Güemes). "No tengo dudas
que mantendremos la misma energía que aquella vez", dijo el cantante Tato Vega.
Menem era presidente, las Torres Gemelas estaban intactas, Cromañón no figuraba
en la lista de hechos policiales y se empezaban a componer canciones hablando del temido fin de
siglo. En ese contexto, Los Shocklenders le ponían música de fondo a la Argentina, pero
principalmente a Rosario.
Con una hablar pausado y sin comerse las eses, hace unos días Tato Vega dialogó
con
La Capital desde Miami, donde está radicado hace tiempo. Lejos de imaginar un
proyecto con sus viejos amigos, sólo espera escuchar ese primer acorde con los cuatro juntos para
saber de qué va la cosa. "Estoy viviendo el presente sin saber qué va a pasar. Mirá, hace un par de
años que venimos hablando de esta reunión, siempre quise que sea algo natural. Yo quiero ver qué
nos pasa en acción, aunque creo que habrá la misma energía que cuando tocamos en los 90", detalló
Vega.
Al apretar rewind, a Tato se le aparecen escenas fugaces de aquellos años. "Yo
recién despertaba de un viaje de inconsciencia de mi vida, fue como si hubiera abierto los ojos a
los 22 años, y con ellos tocamos hasta mis 25 años, era todo muy divertido", recordó.
Aunque algunos hablen de que la banda es una suerte de mito en la escena local,
Tato corre la mirada hacia otro foco. "Teníamos letras infantiles. Los chicos de la secundaria de
aquel entonces ahora la verán como letras sin sentido, livianas y divertidas. Hablábamos de drogas,
de sexo, de política, pero irónicamente y con mucha inocencia", indicó.
La parte musical y la actitud desprejuiciada en escena eran otros fuertes de la
banda que completan Francisco Pesado en batería, Máximo S. o Hernán Benegas en bajo y Piturro en
guitarra y coros. "No había muchas bandas a ese nivel de funky, la cosa de boliche. Estaban los
Babasónicos, que tocaron un par de veces con nosotros, pero hacían un funky más moderno, tipo Red
Hot Chili Pepers. Lo nuestro era más Kool and the Gang, más onda 70", destacó.
La banda tuvo dos registros discográficos. "¡Cómo me gusta!", en 1995, y
"Shocklenders", en 1997. Fue suficiente para dejar en el imaginario rockero local algunas canciones
que aún hoy son la banda de sonido de aquellos años. La más conocida es "Fuckin’ Laurita",
pero también se recuerda "Un chicano en Nueva York" y "McNamara".
Los cuatro hicieron su carrera en el exterior. Armamon proyectos artísticos,
integraron bandas, produjeron grupos o bien se dedicaron a la publicidad, pero siempre con la
música como norte. Tato y Piturro tocaron con Manu Chao, mientras que Máximo y Francisco produjeron
música para la película "Tapas". Los cuatro van por más. Fiel al estilo Shocklenders.