Los triunfos nutren las buenas campañas y a esos triunfos no hay manera de nutrirlos que no sea convirtiendo goles. De eso se trata el fútbol y es algo que Central no puede lograr. Allí hay que buscar las explicaciones más certeras sobre este momento del equipo de Miguel Angel Russo. Aunque hilando más fino también aparecen las explicaciones de por qué a este Central le está costando tanto. Con el partido ante Banfield el canalla llegó a cuatro encuentros sin marcar goles, demasiado para un equipo que encaró este segundo semestre con ansias de protagonismo. En el minuto 85 del partido contra River, en la pasada Liga Profesional, Luciano Ferreyra marcó lo que fue el último grito del canalla. Después de eso, cuatro presentaciones secas, una de ellas ante Chaco For Ever, por Copa Argentina.
El número está ahí, sobre la mesa, para observarlo y analizarlo de la forma que uno quiera, pero es inequívoco e incontrastable. Pasaron esos cinco últimos minutos ante River y cuatro partidos más en los que el canalla no pudo volver a convertir. Por las dudas se aclara, dos de ellos fueron con Alejo Veliz en cancha. Es que pareciera que todos los males de Central comenzaron tras la partida de su goleador al fútbol inglés, pero en realidad no es tan así.
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Los futbolistas de Central caminan con la cabeza gacha en cancha de Banfield, donde el canalla volvió a perder como visitante.
Héctor Rio / La Capital
Aún en los momentos de bonanzas, de buenos resultados, siempre estuvo la idea de que la presencia de un 9 goleador era una de las grandes virtudes de este equipo, pero también que la producción metía una ayuda elocuente. Hoy Central ya no tiene nada de eso. Le falta un 9 que tenga presencia de área, pero también un juego colectivo que permita, en caso de que el centrodelantero no funcione, que otros futbolistas puedan hacerse cargo de la situación.
Esto es fútbol y siempre ocurrió que un equipo entre en racha y se abrace a la eficacia, que genere poco y convierta, pero eso a Central no sólo no le sucede, sino que está fallando claramente en la gestación de juego. Allí parece estar el problema de fondo
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Ante Atlético Tucumán, arrancó Bianchi y lo reemplazó Martínez Dupuy. Ninguno de los dos pudo convertir.
Sebastián Suárez Meccia / La Capital
Después de aquel frenético y gran partido que hizo ante River, el canalla se montó en una curva descendente. Los 90 minutos ante Belgrano (última fecha de la Liga Profesional) fue de lo más elocuente. Mallo recibió tras un tiro libre desde la izquierda y desde un ángulo muy cerrado le prendió mecha. Fue la única más o menos clara que tuvo el equipo de Russo ese día en el Gigante de Alberdi.
Generó bastante más y mereció posiblemente mejor suerte en el choque ante Chaco For Ever, pero teniendo en cuenta la diferencia de categoría entre un equipo y otro, la superioridad no se vio reflejada en el arco chaqueño. Un cabezazo en el palo de Quintana, el mano a mano de Veliz que terminó dando en el palo y una palomita de Mallo con el arco de enfrente (estuvo el gol de Cortez mal anulado) fue lo poquito que tuvo el canalla en un partido en el que se esperaba que la diferencia fuese más notoria.
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Alejo Veliz tuvo una muy clara ante Chaco For Ever, por Copa Argentina, pero falló en el mano a mano.
Sebastián Suárez Meccia / La Capital
Ya dos partidos sin goles y llegó el parate, para recargar pilas, para acoplar refuerzos que llegaron demasiado tarde y para reconfigurar el andar futbolístico. Fue ante Atlético Tucumán, en el debut de esta Copa de la Liga, en el que Central tuvo solamente el cabezazo de Bianchi (pareció off side) que le tapó el arquero y esa arremetida de Malcorra en la que intentó definir de derecha y se fue muy alta. Sólo eso.
Y ahora esto de Banfield, donde tuvo la mejor chance como para romper el maleficio, con el penal que hubiera significado el empate transitorio, pero Quintana falló en el remate. Después, alguna que otra aproximación, pero nada que llevara demasiado riesgo al arco de Cambeses.
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Giaccone traslada en el partido contra Belgrano. Ese día no tuvo la compañía de Malcorra ni Campaz.
Marcelo Bustamante / La Capital
Cuatro partidos sin goles es mucho para cualquier equipo y a Central no hace falta que nadie se lo cuente. Porque está viviendo en carne propia los coletazos emocionales de una racha que está obligado a romper cuanto antes. Es que no tendrá otra alternativa para encauzar el rumbo, pero para lograrlo no sólo deberá afinar la puntería, sino que la generación se potencie en cantidad y calidad. Porque en ese andar de paso cansino mucho tiene que ver la escasa producción futbolística de un equipo que anda con la garganta seca.