Newell's

"A mí me tocó la varita mágica", reveló el juvenil Cabrera

Lisandro Cabrera recorrió en una extensa charla con Ovación su historia de sacrificios para llegar a lo máximo: jugar en primera. Mañana el chaqueño debutará de titular en la Superliga.

Domingo 07 de Octubre de 2018

La imagen final es lo que se observa en el fútbol. El producto terminado. Pero pocas veces se conoce la trastienda, el trayecto mezclado con angustias y alegrías acumuladas para llegar al lugar soñado. En este caso particular dentro del fútbol. Lisandro Cabrera, quien mañana debutará de titular en la Superliga (lo hizo de arranque en la Copa Santa Fe), es una promesa casi armada que se asoma en este Newell's de Omar De Felippe. Es una de las apuestas del cuerpo técnico para buscar el poder de fuego que necesita con cierta urgencia el equipo. Este delantero, de 20 años, que asomó la nariz en primera recorrió un largo camino —como todos, o la gran mayoría, lo hacen— hasta arribar a las luces de la primera división, en este caso particular con la rojinegra. "A mí me tocó la varita mágica", reconoce este chaqueño que llegó al parque Independencia procedente de Boca Juniors. Lugar en el que también hizo escala por esas "cosas del destino" —como sostiene— y, sobre todo, por sus cualidades futbolísticas.

Ya tuvo su bautismo en la máxima categoría y llegó sabiendo que "si trabajaba bien en reserva la oportunidad se me iba a dar. El DT me la dio ante Atlético Tucumán y la verdad es que todo me llegó muy rápido", relató el atacante en una charla distendida con Ovación después de la siesta y mientras su hija de un año y meses reclamaba con un llanto por la mamadera. "Ahí está mi hija", dijo sonriente y feliz.

Pero, ¿quién es Lisandro Cabrera? "Soy del pueblo de Quitilipi (Chaco). Llegué a River cuando tenía 11 años. Jugaba en un club de mi pueblo, Juventud Cooperativista, y concurrí a un torneo. Gente de River me vio y le dijeron a mi entrenador que me fuera a probar. Lo hice y quedé seleccionado. Pero no aguanté en la pensión y le dije a mi mamá que me quería volver. Yo siempre dije que tuve una suerte muy grande porque un día el Colo (Carlos) Mac Allister llamó a mi mamá para acercar una propuesta. Me pagaban un pasaje por mes para viajar a ver a mi familia hasta el Chaco. Lo hice durante un largo tiempo hasta que un día le conté a mi familia que me quería quedar porque me estaba adaptando. Empecé en la pensión de Villa Luro. Después fui a Casa Amarilla y luego a La Candela", relató emocionado buceando en su corta, pero intensa, historia transitada dentro del fútbol.

Si hay algo que repite una y otra vez Lisandro es la palabra "humildad". Lo hace como para nunca olvidarse de sus orígenes y de las enseñanzas que le dio su familia. "Mis viejos siempre me mandaron dinero para ayudarme y para que la siguiera peleando", dice orgulloso. Y enseguida cuenta que su padre era carpintero, pero ahora "tiene un quiosco". Y que su madre se dedicó a la casa, aunque "ahora trabaja cuidando a una señora".

"Vengo de una familia que siempre la luchó. Y ahora lo hago yo, que soy padre de una nena de un año y nueve meses. Tengo que pelearla porque esto recién empieza. Por eso si me toca jugar ante Colón lo haré al máximo".

Llegar a tener una oportunidad en primera no es simple y mucho menos mantenerse. "Eso es difícil porque día a día hay que luchar para defender un lugar. En mi puesto hay muchos delanteros, así que hay que lucharla". Cabrera tiene en claro que debe aferrarse a esta posibilidad que le surgió porque "si te va bien será todo perfecto. Caso contrario tenés que hacer algo diferente. Trabajar en otra cosa. Yo aposté al fútbol".

El Licha, como lo apodan, llegó procedente de Boca. Cualquiera diría que estaba en el lugar ideal y puede serlo por lo que significa el xeneize, pero también es verdad que para tener una oportunidad de aparecer en primera es muy complicado porque el club generalmente se nutre de "estrellas" consagradas. "Cuando estaba en Boca veía muy lejos la chance de llegar. Jugaba en reserva y entrenaba con la primera, pero observaba lejana la chance porque es un club que tiene plata y contrata jugadores. A los mejores. Cuando llegué a Newell's sabía la situación en la que se encontraba y que la oportunidad me iba a llegar. Acá se la dan a los que vienen de abajo".

Como todo futbolista hay sueños y el de Cabrera no escapa al común de la mayoría: la salvación económica. El objetivo está puesto en triunfar en primera para luego pegar el salto a Europa, donde se puede hacer la diferencia y solucionar el futuro familiar. "Quiero hacer muchos goles en Newell's, triunfar y lograr una transferencia al fútbol europeo". Dentro de todo lo que piensa y proyecta está el deseo de comprar "una casa para mí y otra para mis padres. Me encantaría tenerlos cerca porque durante muchos años estuvieron lejos".

Debe haber sido difícil para vos vivir con otros chicos en una pensión, ya que no es fácil adaptarse.

Eso fue difícil y, a la vez, lindo. Conocí mucha gente. Me adapté, aunque reconozco que a la noche cuando me iba a dormir tiraba alguna lágrima, ja. Durante el día jugaba al fútbol y me divertía con los compañeros. Ahora cuando apoyaba la cabeza en la cama se complicaba. Ahí estaba el tema.

En las inferiores todos corren una carrera, en la que muchos se van cansando y quedando en el camino.

Es así, el que llega es el que resiste. Muchos extrañaban y se volvían a pesar de las condiciones que tenían. Por eso digo que a mí me tocó la varita mágica, por todo lo que tuve que pasar y siempre fueron éxitos, pero siempre hay que acompañarlo.

¿Sos el famoso de Quitilipi?

Se podría decir que sí (se ríe), pero por jugar al fútbol y porque debuté en primera división. Se puede decir que soy conocido y está bueno eso, pero siempre con humildad. Es lo primordial.

Es difícil conservarla. No todos lo hacen porque se marean con la fama.

Sí, pero hay que tratar de mantenerla siempre. No sos más que nadie por ser jugador.

Hay chances de que estés entre los once ante Colón porque el DT confía en vos.

Es importante que el técnico confíe mucho. Si me toca, bien, y si no entraré desde el banco. Y trabajaré hasta que me toque ser titular.

Y después se viene el clásico.

Se acerca ese partido tremendo y me dicen que es picantísimo, pero primero debo pensar en Colón y después en ese duelo.

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