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La escuela secundaria, una puerta difícil que se abre

Chicos y chicas que comienzan esta etapa suelen enfrentar cambios profundos en los que no faltan la angustia y el desconcierto. ¿Qué rol tiene la entidad educativa? ¿Qué puede hacer la familia para facilitar este proceso?

Domingo 01 de Abril de 2018

Freud hablaba de tres oficios imposibles: curar, gobernar y educar. Muchos cambios sucedieron en los últimos tiempos que acentuaron la complejidad de la educación. Uno de los más impactantes: la influencia de la cultura del consumismo en la que hay que tener para poder ser y en la que se desprecian los valores que antes nos sostenían.

En un contexto tan complejo es importantísimo tener en cuenta la constitución subjetiva del adolescente. ¿Cómo limitar su omnipotencia infantil? ¿Cómo lograr que vaya incorporando que la realidad no va a ser siempre como el o ella quieren, que no va a poder hacer siempre lo que desean?. De a poco deberá ir asumiendo la tolerancia a la frustración (que tanto lo va a ayudar como adulto en un futuro cercano). Para esto también es fundamental que el adolescente comience a conocer cuáles son sus propios límites, construir la tolerancia, desarrollar la capacidad de espera y de esfuerzo, actitudes necesarias para poder construir su propio proyecto, con metas a mediano y largo plazo.

   El comienzo de la pubertad coincide con el comienzo de la escuela secundaria. Cada adolescente lo vivirá en su singularidad de acuerdo al momento que esté atravesando. Para algunos chicos es muy angustiante enfrentarse a esta situación. Es una transición profunda en su educación y conlleva muchos cambios y pérdidas. Se dejara atrás la escuela y los compañeros del ciclo primario que son sus primeras relaciones interpersonales fuera del círculo familiar.

   El inicio de la secundaria implica la apertura a un mundo nuevo, desconocido, que despierta ansiedades, expectativas y temores. Casi todos lo sienten y lo piensan: ¿Podré adaptarme a las exigencias y responsabilidades de este nivel de estudios? Familiarizarse con una nueva escuela tal vez, desde el lugar físico, nuevos espacios, otras normativas, los profesores más estrictos que las seños de la primaria, otras demandas de hábitos de estudio. Es un posicionamiento diferente y una prueba para el adolescente poder percibir cómo se mueve ante los nuevos códigos y modos de relacionarse con este entorno y con ellos mismos.

   En ese camino suelen sentir la necesidad de diferenciarse, de verse distintos de cuando estaban en la primaria. Ahora comienzan el tiempo del hacer, de realizar aquellas cosas que fantaseaban, que observaban que los chicos mayores hacían.

   Necesitan tener mayores posibilidades de expresarse, de reunirse con sus compañeros, de adquirir más tecnología para sobresalir e investigar otras áreas del conocimiento.

Amistades y roles

Esta etapa marca una transformación importante para padres e hijos. Hay un cambio en esta relación y en la función y rol que hasta el momento ejercían los padres. Pero es necesario que estos estén presentes sosteniendo al adolescente como un marco permanente de referencia y contención. En la adolescencia es necesario e inevitable el alejamiento de los lazos parentales, el tránsito de lo familiar y conocido a lo extrafamiliar con la aparición de otros lugares diferentes que le posibiliten la creación de su propio espacio. Y en este proceso confuso, ambivalente y también doloroso, los amigos comienzan a tener un protagonismo fundamental.

   Para los jóvenes es clave sentirse parte de su grupo. Los adolescentes buscan en sus amigos un doble para sentirse más fuertes, un confidente para compartir las dificultades, un espejo viviente para reconfortarse, fundamentalmente porque no están seguros de ellos mismos. A veces buscan hasta un sentimiento de fusión, de unión, como sucedía con los padres cuando eran pequeños y creían todavía en que esa relación de amor con ellos era indestructible e inmodificable.

   Esta relación tan fuerte que liga a los adolescentes entre sí genera en los padres muchos conflictos. A veces los padres se sienten despreciados y traicionados por sus hijos que prefieren a sus amigos y no los dejan "meterse".

   Es importante que el joven pueda elegir por sí mismo sus amigos, que los padres no intenten imponer a quien a ellos les gusta. Sin embargo es necesario que los adultos sepan sobre los movimientos de su hija o hijo, que tengan algún control, sin tornarse un modo persecutorio. Es relevante que estén al tanto de los grupos que frecuentan los chicos, porque ellos, a su manera, también reclaman esas miradas y esa atención. Y si bien los adolescentes necesitan la ayuda que le brindan sus amigos y compañeros, fundamentalmente precisan el apoyo de los adultos, por más que los critiquen y los juzguen.

   ¿Cómo pensar la función de la escuela secundaria cuando está fuertemente exigida y demandada y ha quedado prácticamente como única cabeza visible a nivel institucional? Sabemos que la escuela tiene como función fundamental la producción de subjetividades. Esto tiene que ver con la formación de sujetos, con brindar herramientas para su socialización y su preparación para la vida. No se trata sólo de la transmisión de información. El acopio de conocimientos que hoy pueden ser obtenidos por los avances en la ciencia y la tecnología, sino de posibilitar la apertura del pensamiento simbólico.

   La adolescencia es un momento de gran fragilidad y vulnerabilidad en el cual el adolescente deberá poner en cuestión todo lo familiar y buscar otros modelos, otros ideales con los que pueda sostenerse. En esta cultura del posmodernismo los adolescentes no encuentran modelos adultos con los cuales identificarse. Antes era la figura del docente, como subrogado paterno, la que les permitía idealizar, tomar ciertos rasgos, admirar y confrontar. Hoy no son pocos los maestros y profesores que tienen dificultades para asumir su autoridad, que se encuentran en un lugar descalificado, no respetado y con una mayor exposición que antes.

   En ocasiones, además, el adolescente no es tenido en cuenta como un sujeto, sino como un objeto, como un chico problema, pre-juzgado y no pudiendo sustraerse a esa etiqueta. Pero cabe preguntarse, ¿es posible que los adolescentes tengan deseos de aprender, cuando sus padres no le trasmiten el valor al saber y no confían en quienes son sus maestros?

   Por eso, en el proceso educativo, la responsabilidad no es sólo de la escuela. Se puede llevar a cabo si el alumno confía en el docente y si hay una valoración de la palabra del otro.

   Es fundamental recuperar la idea de un futuro posible, la confianza en nuestra capacidad de cambio, para que la vida tenga sentido. Abrir espacio a la creatividad, a los proyectos, los sueños y anhelos, sin los cuales el presente carece de sentido. Si nos quedamos pegados a la inmediatez, a lo puramente autoconservativo, nos limitamos a sobrevivir. Cada uno en nuestro lugar y en nuestra función podemos reflexionar y hacernos responsables posibilitando una realidad diferente para todos en la que la adolescencia se transite, no sin conflictos, pero sí con amor y esperanza.

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