Pixar se larga a hablar otra vez de la muerte y lo hace de un modo sutil, sensible y divertido. ¿Cómo?¿Una animación para chicos se mete con la muerte? Y sí. No es la primera vez. El recuerdo más latente de Pixar es con “Coco”, que para muchos fue una de las más lacrimógenas pero no hay dudas que también es una de las más logradas. Es que hablar de la muerte es una manera más real de hablar de la vida. Y Pete Docter, que viene de hacer “Intensa-mente” y “Up, una aventura de altura”, lo sabe bien. Aquí se adentra en la historia de Joe Gardner, un músico afroamericano que ama el jazz pero se gana la vida como profesor de Música en una escuela. Sueña con tocar en las grandes ligas, pero nunca se atrevió a dar el salto. O es por su madre que quiere que tenga un empleo seguro o simplemente porque no confía del todo en su potencial. Hasta que un día lo descubre Dorothea, una figura de un club de jazz y cree que su vida finalmente tomó el rumbo que él anheló durante tanto tiempo. Pero no. Un accidente lo dejará en un lugar de transición, tan al borde de la vida terrenal como de su muerte, que le permitirá toparse con su pasado para poder visualizar su futuro. Aquí es donde aparece la mano del director. Porque en vez de situarse en un espacio incómodo y extraño llevó el conflicto a una situación distendida, en donde las almas toman protagonismo, incluso en un tono tan disparatado que favorece a la historia. Joe se encontrará ante la dualidad de conocer El Gran Antes y El Gran Después de su vida acompañado de un alma bastante particular, llamada 22, que en su viaje por la Tierra hasta se revelará ante ciertas incongruencias del mundo real. Lo que atraviesa toda la película es que es tan atractiva para niños como para grandes, incluso es ideal para ver en familia, y en más de un caso habrá situaciones de esos dibujitos de la pantalla que se verán espejadas en los de carne y hueso. Hay un mensaje que recorre todo el argumento de “Soul” y es el valor de defender las pasiones. Porque este pianista se enfrentará al desafío de seguir su vocación, a costa se soportar los vaivenes económicos que devienen de las búsquedas artísticas, o acomodarse en un lugar estático del trabajo con obra social y un sueldo a fin de mes, pero sin emociones a la vista. Incluso 22 lo invitará a revisar su vida sentimental, en otro llamado a darle fuego a sus pasiones dormidas. Pixar lo hizo de nuevo, bien vale poner el alma en “Soul”.


































