Lo primero que surge al ver “Luca” es “Pixar lo hizo de nuevo”. Porque es otro golazo de la firma que no para de sumar éxitos. Pero esta historia - disponible desde este viernes en Disney + - tiene varios condimentos que le dan un punto a favor, no sólo desde la ambientación geográfica en plena Riviera italiana, sino también por el guiño a los amantes del cine. El director Enrico Casarosa, que integró el equipo creativo de “Ratatouille” y “Up: Una película de altura”, pasó gran parte de su niñez en los bellos paisajes de Cinque Terre y quiso mostrar ese lugar y esa respiración. Y vaya si lo logró. Pero también apuntó a que la animación sea disfrutable para los mayores de 50 o 60 años, que se sorprenderán al ver afiches de grandes clásicos del cine italiano de los años 50 como “La Strada” y “La princesa que quería vivir”. Hay una línea sensible que atraviesa toda la historia de “Luca”, en un relato que intenta visibilizar los procesos de transformación y búsqueda en tiempos de la infancia y preadolescencia. Luca es un pequeño monstruo acuático, que tiene una vida familiar supuestamente parecida a la que viven los humanos, pero, claro, sin demasiadas aventuras por descubrir. Sus padres no quieren que salga a la superficie y él no sabe a qué se debe esa prohibición. Hasta que un día se da cuenta que cuando sale del agua se convierte en un niño de carne y hueso, pero con una particularidad: cuando se pone en contacto con el agua, no sólo del Mediterráneo sino incluso con la lluvia, se vuelve a convertir en un animal acuático. Esa cualidad de ser diferente fue la que utilizó el director como disparador de toda la trama. Primero le puso la cuota necesaria de humor y después se lanzó a mostrar de qué manera se intenta ofender y aniquilar al que se muestra distinto, solamente porque su apariencia es desconocida o extraña.

































