Mientras la pregunta por si habrá o no una cumbre a corto plazo que selle la paz entre Alberto Fernández y Cristina Kirchner se repite una y otra vez, el sábado el presidente se presentó en el mismo sitio donde tres semanas antes estuvo Cristina Kirchner: Chaco, en una escena nuevamente armada por el gobernador Jorge Capitanich, y bajo el lema de institucionalizar al Frente de Todos (FdT). Alberto tiró un centro para el lado de la paz interna, “nuestro enemigo es la derecha maldita que quiere volver”.
Con clima trabado entre kirchnerista y albertistas, a propósito del “sendero económico”, emerge ya muy visible un factor clave en el armado peronista: los gobernadores. La semana que pasó dejó una noticia poco difundida; con 16 firmas de otras tantas provincias – con la auto exclusión de Omar Perotti, por Santa Fe, único peronista que no firmó-, los jefes distritales de dos tercios del país se pronunciaron por una reforma profunda de la Corte Suprema de Justicia. Aumentando el número de miembros a por lo menos 24. En contraste con los cuatro actuales, se propone una transformación profunda y sin precedentes.
El modelo de reforma ya lo esbozó en su visita al Senado el ex miembro de la Corte Raúl Zaffaroni: consiste en que cada gobernado proponga dos candidatos al Ejecutivo, y que el presidente arme una nómina de 24 (eligiendo uno por provincia), y envíe el pliego al Senado, para su tratamiento. Los miembros actuales seguirían, excepto que voluntariamente decidan retirarse. Santa Fe, en esta hipótesis, se convertiría en una provincia sobre representada, con dos miembros (Horacio Rosatti y Ricardo Lorenzetti, actuales).
Es que suena con fuerza la versión de que la actual Corte Suprema que expresa al puerto y a la zona núcleo de la Argentina (Caba, Santa Fe y Córdoba) está cerca de emitir un fallo favorable a la ciudad capital en su pretensión de apropiarse de una cuota mayor de la coparticipación federal. Tal cual le concedió el gobierno de Mauricio Macri, pero que luego el Congreso modificó a la baja. La liga de los gobernadores del PJ han comprendido que la profusión de candidatos presidentes nacidos y criados en Caba tiene su fundamento en una ventaja presupuestaria intolerable.
¿Por qué los habitantes de Buenos Aires pagan un viaje de transporte urbano 20 pesos y los del resto del país tres o cuatro veces más?; ¿por qué las grandes empresas agropecuarias o de energía, entre muchas otras, tienen sede en Capital, pagan sus impuestos en Capital, pero producen en los territorios provinciales?; otro tanto con las tarifas de los servicios públicos, en el área metropolitana de Buenos Aires, las facturas de luz y gas que pagan los ciudadanos son más suaves que en las provincias. La distorsión tiene 200 años, pero se han vuelvo preguntas urgentes para el siglo XXI.
La convergencia entre el kirchnerismo y el peronismo de tierra adentro se hace cada vez más visible. Entre el impulso del bloque de senadores oficialistas que orientan Cristina Kirchner y José Mayans y los gobernadores de al menos 16 distritos, empieza a germinar el nuevo formato que la vicepresidenta ya trabaja para el 2023: unidad bajo las banderas tradicionales del peronismo, y federalismo en serio. Desplazar el centro de gravedad del país lejos de los puertos, con eje en los recursos naturales como el litio, el gas, y el agua dulce, entre otros.
Los gobernadores peronistas quieren ganan en 2023: observan que Rodríguez Larreta, Macri, y en general los candidatos competitivos de Juntos por el Cambio (JxC), viven todos en el mismo puñado de barrios del norte rico de la Capital Federal. Y que su fortaleza política se construyó gestionando la ciudad más rica del país, la Ciudad de Buenos Aires. Donde, por caso, algunos parques públicos cuentan con un sistema de riego automatizado y por circuito, con grifos giratorios que emergen de la tierra, y luego de cumplir con su tarea – como en los campos de futbol profesionales- se vuelven a introducir bajo tierra, sin dejar rastros.
Entretanto, la presión de abajo hacia arriba por la unidad del FdT, crece. A la convocatoria de Capitanich, para institucionalizar el FdT, se suman actores intermedios del peronismo, ministros, intendentes del conurbano bonaerense urgidos por saltar la etapa kirchnerismo/albertismo e ir a otro lenguaje unitario y superador. La idea del chaqueño Capitanich de juntar al desavenido matrimonio presidencial y así inaugurar un nuevo momento de acercamiento, luego del grave desencuentro a propósito del acuerdo con el FMI, toma aceleración. Sin embargo, la cuenta pendiente, que ninguna conversación de cúpulas podrá resolver, pasa por la crisis de precios e ingresos, que el Ejecutivo nacional comenta, reconoce, pero no se decide a intervenir de manera contundente y eficaz.
“Las peleas las tenemos que dar”, dicen desde este novedoso conglomerado kirchnerista con el peronismo de tierra adentro, que se gesta en el Senado y que va tomando vuelo propio en cabeza de los gobernadores. La expresión se contradice con la declaración presidencial, “deberíamos aumentar las retenciones a las exportaciones del campo, pero no puede porque la oposición se opone”. Un dicho que rompe todos los manuales del ejercicio del poder presidencial y que cae mal en el peronismo.
Mientras sigue sin resolverse la crisis inflacionaria y la recomposición de ingresos que corre desde atrás, el kirchnerismo levantó el pie del acelerador contra el ministro Martín Guzmán. Con el desplazamiento de Roberto Feletti de la Secretaría de Comercio, el equipo económico de Alberto juega a suerte y verdad con su credo. Los próximos 60 días serán determinantes: o la inflación va a la baja de manera significativa y los salarios dan un salto de calidad visible, o el agotamiento de la estrategia económica de la Casa Rosada se volverá inocultable. No hay, matemáticamente, destino político para un partido popular con 60 puntos de inflación y los salarios que apenas empaten el guarismo. En especial, luego de los retrocesos que provocaron el gobierno de Cambiemos, la pandemia, y ahora la estampida de precios asociados a la guerra en Europa.
Mientras tanto, y aunque sea demasiado temprano para nombres, empiezan a asomar posibles candidatos del peronismo para 2023, con el aval y/o el impulso de Cristina Kirchner; Jorge Capitanich, y un viejo conocido, Daniel Scioli. Son apenas meras aproximaciones. Un año en la Argentina es un tiempo tan grande como los desafíos que deberá enfrentar el debilitado gobierno peronista que encabeza Alberto Fernández.