Política

Vernet, a 25 años de aquella asunción del 83: "Hoy la sociedad es otra", dice

Cuando asumió como gobernador de Santa Fe tenía 39 años. Se había casado a los 27 y ya habían llegado al mundo sus seis hijos: la mayor tenía 10, la menor dos y entremezclado estaba el único varón, que hoy es bandoneonista en Buenos Aires.

Domingo 07 de Diciembre de 2008

Cuando asumió como gobernador de Santa Fe tenía 39 años. Se había casado a los 27 y ya habían llegado al mundo sus seis hijos: la mayor tenía 10, la menor dos y entremezclado estaba el único varón, que hoy es bandoneonista en Buenos Aires.

José María Vernet, rosarino, inauguró la cadena de gobernadores justicialistas que tuvo la provincia desde la reinstauración democrática en 1983 y que se cortó recién el año pasado, con el triunfo del socialismo. Vive en Buenos Aires, viene de vez en cuando a Rosario a pasar algún fin de semana —como este, en que bautizan a su cuarto nieto— y rota con su esposa Eloy entre Fisherton (donde están los amigos de Villa Margarita) y Funes, residencia de una hija.

¿Se puede extraer alguna enseñanza de quien fue gobernador más de 20 años atrás y luego no pesó más? ¿Avanzó algo en este tiempo la sociedad, la provincia, los ciudadanos, la política, según su mirada? ¿Y el peronismo, lo hizo?

—Se dejó la barba candado.

—Me creció la última vez que estuve internado. Mi hija me dijo "te queda linda" y me la dejé. Después me di cuenta de que me reconocen menos , así que la sigo usando.

—Cuando usted fue gobernador tenía 39 años mientras que el actual, Hermes Binner, tiene 65. ¿Qué edad es más apropiada?

—Si alguien me dice: "Quiero ser gobernador pero no sé si a los 40 o a los 65", le contesto que opte a los 65 porque te destruye la vida y a los 65 tenés la vida hecha. No es fácil criar los hijos chicos y menos la época que me tocó. La sociedad era distinta, más agresiva.

—Quizá deba traducirse "más maledicente"; creo saber donde apunta.

—Digo que antes te cargaban todo lo que pasaba. Una catástrofe era responsabilidad del gobernador. Hoy no, hoy la política perdió peso dentro de la sociedad, el político incide menos, los jóvenes casi no los tienen en cuenta. Suelo decir, sin desmerecimiento, que antes se gobernaba una sociedad; hoy se gobierna una administración. El gobernante hoy la tiene más fácil. Las decisiones, además, a nivel nacional, las toman cuatro o cinco. El resto "se posiciona".

—¿Y antes no?
  —El poder estaba más abierto, había debate de ideas, se conocían los gabinetes, los ministros hablaban. Antes tenías un gobierno con mil personas, una interna partidaria inscribía 40.000 candidatos: hoy la mitad son fraguados. Hay poco debate y una cantidad de entretenimiento y uso del ocio que anestesia las conciencias.
   —¿Qué piensa de los gobernadores que lo sucedieron: Víctor Reviglio (1987-91), Carlos Reutemann (91-95; 99-2003), Jorge Obeid (95-99; 03-07) y Binner (2007)?
  —No... El que pasa por allí no juzga. Hay que lidiar con circunstancias cuyos entresijos el resto desconoce. Uno firma decretos y al rato patea los sillones del odio que tiene, pero son las consecuencias del juego del poder. Nosotros tuvimos que nombrar 200 jueces: la presión que recibí hasta de mi madre fallecida era de una magnitud que nunca imaginé en mi vida. Designar las autoridades policiales de ese momento fue dificilísimo; me amenazaban con mis hijas aún antes de asumir; las bandas del Proceso militar operaban adentro.
  —¿Y usted terminó su gobierno bien o mal?
  —La elección más grande que hizo el peronismo en la provincia la cumplió al fin de mi mandato. Cuando Reviglio lanzó la campaña tenía el cuatro por ciento de conocimiento y termina ganando con 400 mil votos de diferencia sobre el radicalismo. Pero la política es así: un mes antes de irme una encuesta nos daba el 80 por ciento de aceptación popular, y otra, dos meses después de terminar, marcaba el 12. Y era verano y no había pasado nada.
   —¿Entonces?
  —La sociedad interpreta que si te alejaste de un lugar es porque fracasaste en algo. El consuelo es que prima lo colectivo, porque si la provincia de Santa Fe está entre las mejores en cuanto a calidad institucional es precisamente por eso, porque no tiene reelección.
   —¿Ah sí, cómo es eso?
  —Santa Fe y Mendoza, institucionalmente, son de las más firmes. La gente no lo ve, pero en el análisis político salta.
   —Sin embargo los últimos gobernadores, Binner y Obeid, impulsaron la reelección.
  —Yo no busqué la reelección y la mayoría de los gobernadores que me siguieron tampoco. La inventan los grupos de alrededor, como yo bromeaba, el grupo de “los 1.000 para seguir viviendo” (en los años 80 era popular el “Llamamiento de los 100 para seguir viviendo”). El poder es perverso, todo grupo de poder tiene su cuota de perversidad y cuanto más dura más perverso es. Acá en Santa Fe no se buscó con insistencia la reelección y eso favoreció a los ciudadanos. Y segundo, gobernador que se fue no incidió en la política después del retiro. Esas fueron las bases, sumadas a la ley de coparticipación nacional, la ley de municipios y comunas, la descentralización de la justicia, la reivindicación de las ONG en los consorcios camineros, los comités de cuenca, los consorcios de luchas contra plagas, las comisiones de hospitales.
   —De usted llegaron a decir que se había enriquecido y era dueño de frigoríficos. ¿Fue lo más alevoso? ¿Le dolió?
  —No. Uno sabe que eso en política existe. El daño calculado por ser un gobernador rosarino en Santa Fe fue la historia del puente colgante, una canallada...
  —Cabe preguntarse, en todo caso, porqué al peronismo le entran esas balas. Que robaron el puente colgante, que ganaron las elecciones con el fraude de la ley de lemas o gracias a un apagón (como la tarde que usted triunfó); que son responsables por las muertes de 2001...
  —En política todos hablan desde el inconsciente: quien acusa de corrupción suele ser un corrupto en el fondo. Y contra el peronismo la acusación prende porque somos los cabecitas negras en la historia argentina. El apagón fue otro invento. Ese día había ganado Alfonsín con mucha fuerza y en Santa Fe veníamos parejo. El apagón ocurrió en Santa Fe mientras los votos y las urnas estaban en cada localidad, en el correo, de manera que los dejó sin argumentos. Es doloroso perder y más perder por poco.
  —¿Le dolió la derrota del peronismo el año pasado?
  —Hubo acciones incomprensibles desde el gobierno que jugaron en contra del peronismo y eso me dolió. Me duele.
   —¿La derogación de la ley de lemas?
  —No. Muchas acciones. Hay cosas inexplicables, pero Antonin Artaud decía que el que opina y no actúa engendra la peste, así que no opino sobre una cosa concreta porque genero un vacío que después no resuelvo. Expreso mi sentimiento y qué lo motiva. Pero creo que el peronismo no perdió: lo perdieron. 

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