Tras el cuarto intermedio que determinara el tribunal que juzga el accionar del crimen del Walter Cáceres, el 4 de febrero de 2010, los jueces José Luis Mascali, Edgardo Fertitta y Julio César García escucharon por la tarde el testimonio de distintos testigos presentados por la fiscalía que imputa a Claudio Fernando Chino Fleitas, Claudio Ariel Pájaro Cantero y César Raúl Marchetti como coautores de homicidio calificado agravado por uso de arma de fuego.
Lo destacado de esta audiencia fue el testimonio de Diego Panadero Ochoa, un “hincha” según se autodenominó, de la barra leprosa. La fiscal Ana Rabin hizo preguntas que por momentos parecieron erráticas pero hicieron a su estrategia. Ochoa se mostró tranquilo y caviló cada respuesta. “Veníamos de Buenos Aires, pinchamos y mientras esperábamos el auxilio de otro colectivo recibimos una balacera”, sintetizó.
Dijo que no “percibió” nada porque estaba oscuro y al preguntarle si sabía quiénes podían haber disparado dijo no saber, lo que motivó que Rabin pidiera la lectura de una declaración anterior de Ochoa. En esa testimonial durante la instrucción el hincha sostenía que “el motivo fue porque los Cantero me quieren sacar de la barra, Pimpi quería recuperarla y me hacían llegar mensajes por medio de mi gente de que Caminos haría algo y pasó lo de los colectivos”. Inmediatamente la Fiscalía pidió una causa por falso testimonio para Ochoa.
El Panadero retrucó rectificando sus dichos anteriores y expresó: “Fueron comentarios de personas que estaban cerca mío en ese tiempo pero que después me traicionaron. Lo que me dijeron entonces no era tan así. Nunca me sentí amenazado por esa balacera ni por otras”, sostuvo, y negó conocer a los imputados del crimen.
Al volante. En tanto, por la mañana y por la tarde testimoniaron los choferes de los tres colectivos que traían a los hinchas. Roberto Andrés R. D., quien conducía el micro de Cóndor del Sur donde viajaba Ochoa, contó que todo se inició cuando pincharon las dos cubiertas duales del vehículo en la subida del puente del arroyo Saladillo. El chofer recorrió unos metros para intentar cambiar los neumáticos, pero sólo pudo colocar el gato. Entonces se contactó con Antonio G. —chofer del micro de La Vanguardia— y le pidió ayuda.
Unos 15 minutos después arribó G., quien ya había dejado a sus pasajeros en Villa Gobernador Gálvez. “Cuando los hinchas cargaban los bombos y banderas en el colectivo amarillo (en alusión al de La Vanguardia) comenzaron las detonaciones”, comentó R. D.
Desesperados, los pasajeros del Cóndor del Sur comenzaron a correr y el chofer reinició la marcha con las ruedas en llantas. “Me agaché sobre el costado del escalón y lo puse en marcha. En ese momento un tiro entró por el parabrisas. Como pude seguí hasta el casino, tomé Uriburu, Ovidio Lagos y me fui a mi casa”, narró.
Rabin preguntó si pudo identificar a los tiradores y el chofer dijo que “no, porque estaba oscuro”. En ese momento, la fiscal le recordó que en el juzgado de instrucción había dicho haber visto a “tipos escondidos detrás del guardarrail, boca abajo, tirando contra los colectivos”. Ayer, en la audiencia, dijo que había observado “figuras que tiraban con ametralladoras”.
Otro punto contradictorio lo mencionó el abogado Fausto Irure, al decir que en la instrucción Roberto R. D. había declarado que algunos pasajeros de los colectivos dispararon y se originó un tiroteo mientras que ayer el chofer dijo: “Desde mi colectivo no tiraron”.
Antonio G. contó que acudió a auxiliar a R. D. “Cuando abrí la puerta para que subieran los pasajeros del Cóndor empezó el tiroteo. Arranqué con la gente que se había podido subir y, en el trayecto, me gritaron que había un chico herido. Entonces fuimos al Heca”.
Otra versión dio Carlos Muratori, otro chofer del micro El Cóndor. Lleva aún la marca del tiro que esa madrugada le entró por el pómulo izquierdo y le salió debajo del ojo derecho, “cuando llegó el colectivo de La Vanguardia empezó el tiroteo, . Apenas me dieron me puse a resguardo pero no me desmayé , la cara me sangraba pero pude ver cómo del micro del Cóndor una pistola respondía el fuegor”, dijo y fue la primera versión que puso a un tirador en escena.
La fiscalía luego hizo leer el testimonio de Diego Malcovich, quien antes de morir en otro hecho declaró en febrero de 2011 haber visto fogonazos que partían desde un yuyal de barrio Las Flores. Claudio Cantero miró fijamente a cada testigo y sopesó cada palabra y cada silencio volcado en el tribunal.