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El crack rosarino no lo puede creer. Se queda afuera de la competencia en cuartos de final.
A dos goles de alcanzar los 500 goles oficiales como azulgrana, ni siquiera Lionel Messi encontró el acierto para quebrar la muralla defensiva de los hombres de Massimiliano Allegri.
Lo intentó el astro argentino de todas las maneras. Y firmó las mejores ocasiones de su equipo. Todas salieron desviadas. Y aunque con dignidad y un buen partido en líneas generales, al Barcelona no le quedó más remedio que despedirse del torneo que más deseaba esta temporada, sobre todo por su nefasto partido en Turín.
Nada tuvieron que ver hoy los dirigidos por Luis Enrique con el errático e inanimado equipo que compareció en la ida. Y su hinchada, pese a la eliminación, lo reconoció con ovación de gala en los últimos minutos del duelo.
El entrenador azulgrana recuperó el 4-3-3 y a Jordi Alba para intentar abrir el juego por las bandas. Y casi todo sucedió por el carril del internacional español, siempre buen aliado de Messi.
Sobre todo a partir del primer cuarto de hora de partido, cuando el Barcelona pudo superar la presión inicial de la Juve, que salió decidida a marcar pronto.
Gonzalo Higuaín tuvo su primera ocasión a los cuatro minutos de partido. El delantero argentino tendría un par más durante la primera parte, más controlada por los azulgrana en su última media hora.
Los dirigidos por Luis Enrique necesitaron de 15 minutos para estabilizarse, hilvanar ataques un poco más largos, y comenzar a generar ocasiones de gol.
Las dos más claras las protagonizó Messi, con un disparo que salió rozando el palo en el 19' y un doble remate que primero rechazó Gianluigi Buffon y luego impactó en el lateral de la portería del arquero italiano a la media hora de partido.
Con Gerard Piqué y Sergi Busquets imperiales, los azulgrana firmaron unos primeros 45 minutos más que dignos, sin dejar que la permisividad del árbitro los descentrara en exceso.
La Juve buscó el gol de entrada y, cuando vio que el Barcelona tomaba el mando del partido, se replegó. Los italianos se defendieron con orden y criterio, con continuas faltas y sin pasar demasiados apuros.
El descanso llegó sin el gol que querían los de Luis Enrique para alimentar el sueño de la remontada y sin que los italianos lograran ampliar la ventaja lograda en la ida.