Martes 11 de Mayo de 2021

En este hombre que sostiene una rosa roja en la mano se condensan mil significados. En 1972, hace casi 50 años, fue de los miembros fundadores de un partido. Difícilmente alguien podría haber dicho en ese momento que bajo ese emblema político Rosario sería gobernada treinta años y la provincia durante tres períodos. Algo que en la odiosa humedad de la mañana seguía sonando a sorpresa.

Juan Carlos Zabalza fue protagonista y testigo de ese tiempo echado a la aventura en aquel acto fundacional. Seguramente algunos de sus sueños de hace cinco décadas se habrán encarnado, seguramente otros no. El devenir de las acciones públicas encuentra aciertos y desaciertos. A veces se quiere y no se puede. Otras veces se puede, se quiere y falta algo. En la vida política, como en las de las personas, las satisfacciones conviven con desdichas.

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En esa mueca que aguanta el sollozo, en las manos que sostienen la rosa, una pizca de eso parece atisbarse. Algo de uno siempre se marchita con la melancolía velada por el compañero perdido. En este caso, aquel con el que se frecuentaba cada miércoles en las reuniones de gabinete en la Intendencia entre 1995 y 2003. Al que trató en los plenarios partidarios, con el que habrá cavilado más de una vez, acordando o disintiendo, en cada ocasión brava o en el posible albor de una victoria.

Por descontado Zabalza sabe que la política es siempre hacer y rehacer. El compañero al que despide estaba hace apenas un mes en la perspectiva de un renacer político bien alto pensable y factible. Y en un soplido todo se derrumba en una renovada incertidumbre. Pensar en eso sin embargo vendrá después. Al fin de cuentas ni en la política ni en la vida nada está nunca asegurado.

La foto captura el momento de despedir al amigo. Pero la juvenil forma de la flor en las manos de un hombre con motivos para estar triste habla de un tiempo que no está caduco. Y que no es el tiempo de este o aquel partido, sino de las mujeres y los hombres que, con pegadas y mancadas, le dan su vida a la política. Y que venga lo que venga, la seguirán haciendo.

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