De la misma manera que existen diferentes modos de ser inteligente, coexisten
varias conceptualizaciones sobre la inteligencia. Por su complejidad es casi imposible intentar
especificar y proporcionar una definición en la que todos o la mayoría de los psicólogos estén de
acuerdo. A lo largo de los años el debate sobre la inteligencia ha girado en torno a si la misma es
hereditaria, adquirida, ambiental, o una combinación de éstos y otros factores.
El enfoque de mayor influencia y el que ha generado
estudios de mayor sistematización es el basado en los tests psicométricos. Los tests estandarizados
de inteligencia reflejan la posición de una persona en relación con sus pares generacionales,
midiendo un número de habilidades diferentes.
Para una mejor comprensión se la podría definir como la
capacidad del individuo para asimilar conocimientos concretos; recordar acontecimientos; razonar
lógicamente; manipular conceptos (números o palabras); traducir lo abstracto en concreto y lo
concreto en abstracto; analizar y sintetizar formas, enfrentándose con sensatez y precisión a los
problemas, además de priorizar lo importante entre un conjunto de situaciones.
Alfred Binet introdujo el concepto de edad mental, que es
el nivel intelectual medio correspondiente a una determinada edad. El coeficiente de inteligencia
es el resultado de dividir la edad mental por la edad cronológica (cantidad de años del sujeto)
multiplicado por diez. Cuando la edad cronológica y la mental coinciden el coeficiente de
inteligencia es igual a la media. Tal como es medido por los distintos test el coeficiente de
inteligencia es una interpretación de un resultado global de un test en relación con las normas
impuestas en cuanto a edad, nivel socio económico y sexo.
El coeficiente intelectual mide la capacidad funcional del
momento, no necesariamente su potencial futuro. No es en sí mismo indicador del origen genético
(innato) o ambiental de las habilidades que refleja.
Los tests de inteligencia más útiles son aquellos que miden
una gama variada de destrezas y capacidades, incluidas las verbales y las actitudinales, las
aprendidas recientemente o hace mucho tiempo, libres de influencias culturales o sometidas a ellas.
En realidad ninguno está absolutamente libre de influencias culturales, aunque el grado de éstas
varía considerablemente entre unos y otros.
Otro enfoque es el planteado por Spearman en su teoría de
los dos factores que propone que toda actividad intelectual incluye tanto un factor general (que él
llamó "g" o inteligencia general) y un factor específico (s). Entonces, las diferencia entre
individuos se atribuyen en gran medida al primero, ya que éste es una abreviatura de neogénesis,
que se refiere a la capacidad para deducir relaciones. Este factor sería completamente innato. Y
agrega que todas las ramas de la actividad intelectual tienen en común una función intelectual
(factor g) que permite que las personas se manejen con la misma habilidad en diferentes áreas.
Goleman propone que un coeficiente intelectual elevado
tiene poco que ver con la posibilidad de éxito en la vida diaria. Así muchas personas con elevados
rendimientos académicos no logran un buen desempeño en su vida profesional y social. Explica
también que el coeficiente intelectual contribuye sólo en un 20% a los factores que determinan el
éxito en la vida.
Howard Gardner expone que no existe una inteligencia global
y totalizadora sino que coexisten múltiples inteligencias. Su teoría se basa en que la inteligencia
no es una sola unidad, sino un conjunto de inteligencias múltiples. Cada inteligencia es
independiente de todas las otras; las inteligencias interactúan entre sí y la define como un
potencial biológico capaz de ser desarrollado en mayor o en menor medida como consecuencia de
factores ambientales. Asimismo plantea un amplio espectro de 7 inteligencias:
Inteligencia musical: incluye habilidades en el canto, tocar un instrumento,
dirigir y componer y, en cierto grado, la apreciación musical.
Inteligencia cinético-corporal: relacionada con el control del movimiento
corporal, que se localiza en la corteza motora del cerebro. Incluye habilidades para utilizar el
cuerpo, para expresar emociones, para competir en un juego o para crear un nuevo producto.
Constituye la evidencia de las características cognitivas de uso corporal.
Inteligencia lógico-matemática: incluye la computación numérica, derivación de
pruebas, resolución de acertijos y a la mayoría del pensamiento científico.
Inteligencia lingüística: habilidades implicadas en el leer, escribir, escuchar
y hablar.
Inteligencia espacial: se utiliza en la navegación marítima, piloteo de un
avión, conducción de un automóvil, deducir como llegar de A a B, determinar la propia orientación
en el espacio. También es importante en las artes visuales y el juego de ajedrez; y en el
reconocimiento de rostros y escenas.
Inteligencia interpersonal: relacionada con la actuación y comprensión de los
demás, como por ejemplo: notar las diferencias entre personas, entender estados de ánimo e
intenciones.
Inteligencia intrapersonal: se refiere a la autocomprensión, el acceso a la
propia vida emocional, a la propia gama de sentimientos, la capacidad de efectuar discriminaciones
de estas emociones.
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