mas

Un nuevo abrazo entre padres y maestros es posible

Podemos pensar a la escuela como un reflejo de nuestra sociedad violentada.

Domingo 21 de Octubre de 2018

Podemos pensar a la escuela como un reflejo de nuestra sociedad violentada. Un escenario complejo donde todos los actores, alumnos, padres, docentes y directivos se pueden ver involucrados en acontecimientos agresivos, imprevistos, accidentados, que ponen en jaque a la institución educativa, agravando las condiciones conflictivas que se suceden con mayor frecuencia e intensidad que antes.


Así se despliegan estos sucesos de irracionalidad colectiva que se presentan como una lucha de todos contra todos en un contexto donde nadie parece escucharse ni establecer acuerdos ante tanto malestar e impotencia.

En esta sociedad la función paterna está devaluada. Aparece una descalificación de la autoridad del modelo tradicional de la figura del padre que es correlativa a la declinación de los semblantes de autoridad y que "arrastra" a otras figuras con roles relevantes como el docente, el médico, el juez.Hace un tiempo, el "título" de padre, madre o docente llevaba implícita cierta autoridad. La paternidad/maternidad y también la docencia eran sostenidas por una sociedad que los avalaba y donde sus palabras tenían credibilidad, peso y valor.

La autoridad se construye y hay que "merecerla", eso sí, cada uno le da su sello particular. Ahora, sostenerla depende del ejercicio de esta función que cada uno haga cotidianamente, y solo si es reconocida queda legitimada.

Algunas de las cuestiones que aparecen en estos tiempos en el que imperan las relaciones frágiles, tienen que ver con la confrontación entre la escuela y los padres, lo que constituye un ambiente hostil en el que se disputan funciones, incumbencias, responsabilidades, el grado de participación y compromiso, donde las demandas son mutuas.

En el medio, los alumnos, quedan "atrapados" en esa frontera imprecisa y confusa, en soledad, sin respuestas a sus inquietudes.

En otras épocas padres y docentes "pertenecían al mismo equipo", tenían objetivos comunes o muy parecidos. Pero actualmente se produjo un rompimiento, un quiebre en esta alianza que duró tanto tiempo.

De este modo vemos a padres y madres que exigen e increpan a los docentes, en relación al trato y a las calificaciones de sus hijos. Y tal es el grado de exaltación y furia que se puede llegar a situaciones extremas.

Muchos docentes dicen sentirse amenazados, vigilados y cuestionados en su tarea. Incluso no pocos son presionados por el establecimiento educativo en el que dan clases.

Profesores desbordados ya que las realidades que se le presentan lo exceden de sus funciones y no están preparados para resolver esos conflictos. Les resulta difícil sostener su lugar ante las actitudes desafiantes de los alumnos.

Es fundamental que la institución escolar sea un espacio convocante de reconstrucción de las relaciones entre el personal escolar y la familia. Y los involucre y comprometa a redefinir funciones y cooperar en la creación de nuevos modelos educativos que estén en consonancia con la época que vivimos y las necesidades e intereses de los alumnos.

La característica natural de la relación entre adultos ( padres y docentes), en relación a un niño, es la asimetría, según S. Bleichmar. Esto significa que hay diferencia de poder y de saber o capacidad simbólica, en la cual el adulto se hace cargo del menor. Pero ejercer la asimetría no significa poner el acento en el poder o en modelos autoritarios sino en la obligación del adulto respecto al niño. La asimetría tiene que ver con la función del adulto y con la responsabilidad que este tiene frente al menor.

El declive de las instituciones, cierto debilitamiento o resquebrajamiento de la ley, dieron lugar a un cambio de posicionamiento del adulto, a la horizontalización de las relaciones, como si todos fueran pares, como si estuviesen en los mismos lugares. Aparece expuesto que todo se fue de control, imperando el orden del sinsentido.

Los padres arremeten contra las normas de la institución, no pudiendo pensar que esto también cuestiona su autoridad. No se dan cuenta de que creyendo que "toman partido por sus hijos" y agreden al personal educativo se desacreditan ellos y perjudican a quienes creen defender. De esa manera les transmiten que "todo vale", que no hay reglas ni limites. Y fundamentalmente una manera de relacionarse con el otro a través de la agresión y no del diálogo.

Los límites son clave. Hay que aprender también a aceptar el no. Desde pequeños deben saber que la realidad no va a ser siempre como ellos quieren, que no van a poder hacer siempre lo que desean.

La constitución de la subjetividad del menor esta primeramente vinculada a los lazos parentales. La función de los padres es fundamental en la formación de sus hijos, que desde pequeños, tienen que ir internalizando marcos de referencia como portadores de sentidos, que le transmitan los modos de hacer las cosas, las formas de pensar y de sentir, las maneras de ver el mundo. Necesitan de un adulto ordenador que les transmita las normas, la ley, los valores, los códigos, que le van a dar la posibilidad de constituirse como personas y prepararse para convivir en sociedad.

A pesar de las deficiencias y errores que puedan presentarse, la escuela es para los jóvenes, uno de los pocos lugares donde algo del orden del saber se transfiere: es el ámbito del aprendizaje. Es el lugar donde se juega la transmisión de los ideales, modos de ser, de los valores de la cultura. Además, es el encuentro con lo extrafamiliar, siendo un espacio de reunión, de socialización y construcción de lazos y donde se muestran los nuevos síntomas sociales.

Como sociedad es fundamental que podamos ir reconstruyendo los entramados que se han desconectado para que nos contengan, para que podamos mirarnos como sujetos y hagamos posible la vehiculización de la palabra. Dando lugar a la palabra podremos significar lo silenciado, lo oculto, tejiendo cada historia, lo que abrirá nuevos caminos creativos y una sociedad mejor, en la escuela, y más allá.


¿Te gustó la nota?

Dejanos tu comentario

script type="text/javascript"> window._taboola = window._taboola || []; _taboola.push({flush: true});