La ciudad

El comedor San Cayetano, uno de los tantos espacios con lista de espera

Domingo 12 de Mayo de 2019

"Mi sueño es que estos lugares no existan más. Que no hagan falta, que la gente tenga trabajo y no necesite de este espacio para poder comer", dice Claudia Taborda, mientras recorre el angosto pasillo que lleva a la cocina del Centro Comunitario San Cayetano donde, a diario, unas 500 personas de barrio Ludueña concurren con sus ollas, tupper u otros recipientes a buscar su almuerzo. Por ahora, el sueño de Claudia parece lejos de cumplirse: a diario, dice, llegan caras nuevas al comedor que cada mes suma entre 20 y 30 personas a una lista de espera. Un sinsentido, considera, porque las necesidades son cada vez más urgentes.

Son las 11.30 de un día de semana y una veintena de personas hace cola frente al comedor para esperar su ración. La mayoría son mujeres, concurren temprano porque después tienen que buscar sus chicos a la escuela. Claudia llama a todos por su nombre, y también conoce sus historias. Como la del señor bajito que camina con alguna dificultad porque pasó mucho tiempo viviendo en la calle y llegó con los pies completamente infectados, o la de la chica rubia que también participa de los talleres de violencia de género que se hacen por la tarde, o la de otra piba flaquita que tiene dos chicos con bajo peso.

En la cocina humean varias ollas repletas de fideos con salsa. El comedor recibe fondos de Cáritas y ayuda de otras instituciones como el Banco de Alimentos o algunas empresas. En las épocas "más fieras", las mismas mujeres aportaban mercadería para preparar los alimentos.

El trabajo en el centro comunitario es casi exclusivamente femenino: cuatro mujeres son las conductoras, y hay otras once mamás colaboradoras que tienen a su cargo la elaboración de la comida, de lunes a viernes. Después, otras 180 doñas tienen a su cargo una tarea que cumplen una vez a la semana: limpian las ollas, asean la cocina, los vidrios, el piso del salón de usos múltiples.

Esta puntillosa organización permite que, cada día, 480 personas retiren el menú que, en muchos casos, representa el único plato caliente del día. Claudia prefiere que la gente se lleve la ración a su casa. "Así no se pierde la costumbre de comer en familia, todos juntos", explica.

Con historia

El frente del comedor San Cayetano está pintado de rojo, un mural recuerda a Mercedes Delgado, una de las colaboradoras del comedor asesinada en enero de 2013, cuando salió a buscar a su hijo para ponerlo a resguardo de un tiroteo entre bandas que se había desatado a pocos metros del centro comunitario.

Claudia compartió muchas tardes con "la Mecha" y con una sonrisa repasa varias anécdotas. "Empezamos con el comedor en un patio de tierra, calentando leche con leña que conseguíamos en un campito que había acá cerca. Así pasamos los últimos días del gobierno de Alfonsín, la hiperinflación y los saqueos, dándole la leche a los chicos", recuerda.

Hoy, el sueño de Claudia es que el centro comunitario ya no sea necesario.

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