No hay nada más democrático que un alfajor. A todos les gusta, todos han probado decenas de
marcas diferentes y todos tienen algunas que aman y otras que odian. Pero ninguna opinión es tan
respetada como la del El Lord de los Alfajores, un experto que desde su Blog de los Alfajores cata,
degusta y analiza cada uno de los alfajores que pasan por los quioscos de Buenos Aires. Planeta JOY
lo convocó para que nos contara cuáles son los mejores y los peores. Aquí, su veredicto.
1.
Havanna de chocolate. Clásico entre clásicos, Havanna es casi sinónimo de
“alfajor” en la Argentina. Tienen una variedad muy grande de sabores pero los de
chocolate son los más buscados por los alfajómanos del mundo. Dulce de leche cremoso, galletitas
que se desmigajan suavemente y un delicioso baño de chocolate amargo: los ingredientes justos para
hacer de estos alfajores una auténtica maravilla.
2.
El Cachafaz. Sabor y elegancia reunidos en un sólo y explosivo redondel negro. Cuenta la
leyenda urbana que en realidad se trata de un alter ego del antiguo alfajor Havanna (de esos que
sólo se podían conseguir en Mar del Plata). Más allá del mito, podemos decir que el alfajor posee
una textura y un sabor único que nos transporta en cuestión de milisegundos al paraíso de los
dulces.
3.
Minitorta Aguila Clásica. No importa que algún genio del marketing de Arcor haya bautizado a
esta maravilla como “minitorta”. Esto sigue siendo un alfajor triple, hecho y derecho.
Sus virtudes: una masa más esponjosa que la que suelen tener los otros alfajores, y un suave y
delicado baño de chocolate con leche. Para completar el combo, nos regala dos capas de relleno,
cada una con un sabor distinto. La minitorta es una verdadera bomba.
4.
Milka Xtreme chocolate. Masa oscura, delicioso chocolate con leche como baño y dos capas de
relleno, una de mousse de chocolate y otra de dulce de leche. Los amantes del chocolate estamos de
parabienes.
5. Bla
nco y Negro de Bagley. Los que tenemos cerca de 30 años aún recordamos aquel pegadizo jingle
que acompañaba la publicidad televisiva de estos alfajores en los años 80. Hoy no tienen el mismo
sabor que antes, pero son una buena elección. Ambas versiones vienen con pedacitos de maní en la
cobertura, lo cual genera una interesante crocancia al morder, y dejan un buen sabor en la boca por
largo rato.
6. Tripl
e Shot. Hay muchos que no son amigos de los alfajores con galletita dura, pero así y todo no
pueden resistirse a la magnificencia de esta golosina. El mismo sabor al chocolate que les dio
origen nos inunda la boca al primer mordisco. Pequeños trozos de maní (que ojalá vinieran en mayor
cantidad) se unen al estupendo baño que cubre toda la superficie y forman una sinfonía de puro
placer chocolatoso. De yapa, una capa de rellena de mousse de chocolate y otra de crema tipo
maní.
Los peores
1.
Tatín. Seco. Dos capas de galletita sin gusto y, entre ellas, una línea que simula ser el
relleno de un supuesto dulce de leche. Para completar el combo, un baño de algo que ronda entre el
alquitrán y el petróleo crudo en la variante negra y un poco de cal recién sacada de una
construcción como baño blanco.
2.
Fulbito. Es difícil llamar alfajor a este mamarracho. Dos cachos de cartón corrugado unidos
por una sustancia viscosa sin sabor (parecida a la baba de caracol) que simula ser el relleno. Todo
eso escupido con un polvo blanco con sabor a limadura de hierro. Por suerte sólo se consiguen en
oscuros e inaccesibles quioscos de estaciones de tren del conurbano bonaerense, de esas que están
hechas de madera y en las que uno tiene que andar esquivando charcos de vómito y perros fornicando.
Sólo para masoquistas y amantes de las emociones fuertes.
3.
Alfajor Grandote. Conocido por muchos por su horrenda publicidad radial que dice
“¡Probaste el chiquito! (¿?) ¡Ahora probá el Grandote!”. Nos encontramos con un alfajor
soso cuyas galletas son secas y generan migas en exceso, con un baño de repostería vulgar en su
versión negra y un horrible pseudo glaseado en su versión blanca. Para colmo, el poco dulce de
leche que poseen como relleno empalaga. A la hoguera directo.
4.
Guaymallén de fruta. Sus versiones en negro y blanco son pasables, sin embargo la versión
con relleno de fruta (que en realidad es una especie de mermelada de sabor ambiguo) cuenta con
muchos detractores. Y no podemos culparlos: el relleno es empalagoso como pocos y su cobertura
blanca símil cera de vela determina que la combinación no sea feliz. Le decimos “si” a
Guaymallén, pero “no” a esta variedad que falla miserablemente.
5.
Tofi. El alfajor Tofi se cuelga del respeto que todo adepto a las golosinas tiene hacia el
delicioso chocolate que tantas alegrías nos ha traído. Nos encontramos con un alfajor totalmente
común y berreta, que comete el pecado capital número uno de los alfajores: ser grasoso en exceso.
¿Dulce de leche? Sí, creo que con un microscopio podemos encontrar unos átomos de algo similar a
esta sustancia en el lugar en el que debería estar el relleno.
6.
Ser. ¿Hay algo peor que un alfajor que quiere hacer sentir culpa a quien lo consume? Comer
un alfajor es disfrutar sin miedo de esas calorías que sólo lo dulce provee. Partiendo de esta
base, un “alfajor light” es un oxímoron, es decir una contradicción en su propia
terminología. Algo así como decir que un helado está caliente. Un alfajor es engordante. Y punto.
Si alguien nos ofrece uno, lo único que podemos hacer es huir despavoridos.
¿Están todos o falta alguno? ¿Cuáles son tus favoritos? ¿Nos contás?