Madrid.- El escritor español Camilo José Cela definió la siesta como “el
yoga ibérico”. Decía el premio Nobel que él la dormía “con pijama, Padrenuestro y
orinal”. Otros no llegan tan lejos, pero ciertamente echar una cabezadita después del
almuerzo es algo así como un deporte nacional.
Ahora, ese deporte tendrá su campeón, gracias al I Campeonato Nacional de Siesta que por estos
días se desarrolla en Madrid. La idea detrás del curioso certamen es también defender una costumbre
que en estos tiempos tan frenéticos va desapareciendo cada vez más, explica David Blanco,
presidente de la Asociación de Amigos de la Siesta.
“Hay que evitar que se pierda este hábito tan saludable”, dice David, de 32 años,
quien organizó el campeonato junto con su amigo, el publicista Eduardo Reolid. El certamen para
coronar al mejor dormilón tiene lugar en un centro comercial de Madrid, lo cual ya constituye una
dura prueba para los casi 400 participantes, ya que han de conciliar el sueño pese al constante
bullicio de la gente y la música ambiente de las diversas tiendas. Si bien están permitidos
los antifaces y los tapones para los oídos, utilizarlos resta puntos.
Además, los cinco sofás azules dispuestos para el campeonato son bastante angostos y demasiado
cortos para algunos participantes. A Hugo, un estudiante de 20 años, eso le importa poco. Apenas se
acuesta, el sueño se apodera de él. “Es que anoche salí por ahí”, contará después.
“Con tanta bulla yo no sería capaz de pegar ojo”, comenta alguien en el público.
Entre los que esperan su turno está una chica que no dudó en llevar su conejo de peluche.
“Ya me ayudaba a dormirme cuando era pequeña”, cuenta.
Cada día se celebran ocho rondas de 20 minutos, que es el tiempo que los médicos recomiendan
para la siesta. En cada una de las rondas se enfrentan cinco personas. El reto consiste en dormir
el máximo tiempo posible. Para verificar que los concursantes están realmente dormidos y no fingen,
todos llevan pulsómetros digitales. “Cuando una persona duerme, su ritmo cardíaco
baja”, explica la médica Lila Cuecas, encargada de controlar a los aspirantes al título.
Pero también hay puntos para la postura más original, la indumentaria más curiosa -una señora
mayor apareció en un colorido pijama rosado con flores amarillas- y el ronquido más alto. En esta
última “disciplina” los puntos se otorgan con ayuda de un medidor de ruido. “De
momento, el récord lo tiene un hombre cuyos ronquidos llegaron a los 70 decibelios”, cuenta
David. Eso equivale, más o menos, al sonido de una aspiradora. Valga decir que el umbral a partir
del cual los científicos y expertos sanitarios consideran inaceptable el ruido comienza en 65
decibelios.
El ganador de cada ronda se lleva un vale de compra de 30 euros (unos 40 dólares) y el segundo,
otro de 20 euros. Hugo, que se adjudica la primera ronda del día, opta además al título de campeón,
que se dirimirá este sábado, cuando concluya el campeonato. El premio son 1.000 euros (unos 1.400
dólares) en metálico.
Vista la enorme repercusión que ha tenido este primer certamen, los organizadores no descartan
que haya una segunda convocatoria. En todo caso, la idea es también reivindicar la siesta como un
hábito sano, que ayuda a recuperar fuerzas y aumenta la concentración. Ya lo decía el médico y
especialista en el sueño Eduard Estivill: “El cerebro necesita desconectar al menos dos veces
al día: durante la noche y entre las dos y las cuatro de la tarde”. (DPA)