Economía

Aldo Ferrer: "Hace falta más audacia en la política de desarrollo industrial"

El ex ministro de Economía Aldo Ferrer, que acaba de publicar un libro, advirtió que el camino para superar la restricción externa es profundizar políticas de apoyo a la producción nacional.

Domingo 26 de Octubre de 2014

El economista Aldo Ferrer acaba de publicar "El empresario argentino", una obra en la que realiza un análisis histórico de la formación del empresariado local y reflexiona sobre las condiciones necesarias para constituirlo en un agente que cumpla un papel protagónico en un proyecto de desarrollo. Estado y soberanía son, a su juicio, el sustrato indispensable para construir una clase empresaria nacional, que requiere a su vez solidez macroeconómica y una estrategia de desarrollo que supere la visión resignada de que la industria local está condenada al ensamblaje o a la producción de bajo valor tecnológico.

Ferrer estuvo recientemente en Las Parejas, para participar de la exposición de la pyme agroindustrial que se desarrolla en esa ciudad, invitado por la Asociación de Industriales Metalúrgicos de la República Argentina (Adimra). Precisamente, en el diálogo que mantuvo con este diario, señaló a esa ciudad santafesina como un ejemplo de la "capacidad creativa" que surge de la vinculación entre el campo y la industria. El economista subrayó, en ese contexto, que el empresario agroindustrial "opera hoy en las fronteras del conocimiento", lamentó que no se haya aprovechado el crecimiento económico para profundizar la política industrial y reclamó la constitución de una terminal automotriz nacional.

—¿Qué visión del empresario nacional lo llevó a escribir el libro?

—El libro plantea que el desarrollo de la economía del mundo tiene lugar en una economía de mercado, en la cual la actividad privada y los empresarios cumplen una función fundamental. Nuestro problema es en qué condiciones se desarrolló el empresario argentino para desplegar este papel. Y la conclusión es que hubo condiciones muy difíciles para el desarrollo del empresariado. Períodos de inestabilidad, de destrucción de la capacidad industrial con el dólar barato y apertura comercial, etcétera. Es difícil construir un empresariado apto para cubrir ese papel. También hubo un gran proceso de extranjerización. Y no se construye un empresariado nacional con filiales de trasnacionales, que naturalmente responden a otra cadena de mando. El libro analiza cómo se fue formando históricamente el empresariado argentino, qué pasó con al economía argentina y qué está pasando con la economía mundial. Y analiza cómo influye en el empresario argentino ese contexto y cómo hacer para liberar esa capacidad creativa del empresariado. Esa capacidad que advierte, por ejemplo, en Las Parejas, donde uno se encuentra con un tejido industrial y productivo ligado a esta relación campo-industria, que es tan fundamental.

—Alguna vez señaló que el empresario del sector agroindustrial está operando en la frontera de la tecnología

—Yo creo que hubo un avance en la agricultura de la Argentina, que en algunos sectores están en la frontera del conocimiento. Hubo una reforma profunda que le permitió alcanzar una alta productividad. Quedan cosas por hacer, como integrar las cadenas de valor. Hay un montón de componentes importados que se podrían desarrollar internamente, pero efectivamente hubo una gran transformación.

—A la crisis de la convertibilidad le sucedió un período de crecimiento económico y recuperación industrial. Y ahora la economía está de nuevo en una crisis de restricción externa. ¿No se fue suficientemente agresivo en la sustitución de importaciones?

—Yo creo que hay que cambiar la idea de sustituir importaciones. Porque no alcanza con sustituir un bien que está ahora. La ciencia y la tecnología va generando continuamente nuevos productos. Entonces, hay que sustituir el futuro y, a partir de ahí, generar capacidad exportadora. Y eso implica instrumentar una política de desarrollo industrial en las actividades de frontera. En la electrónica, en la tecnología, en los bienes de capital, en todo el sector automotor, donde hay un agujero cada vez mayor. Y que va a ser cada vez mayor hasta que no tengamos una empresa terminal nacional, que integre toda la cadena y que demuestre que podemos producir acá también los insumos de alto nivel tecnológico. Hace falta más audacia en la política industrial.

—¿Hay un empresariado dispuesto a asumir este desafío?

—Creo que sí, que hay. Se han hecho cosas más difíciles en Argentina que establecer una fábrica de autos. Ya Di Tella lo hizo, cuando la industria tenía 70 por ciento de componente nacional. Pero cambió el rumbo, vino la extranjerización y pasó lo que pasó.

—¿Cómo caracteriza a las entidades empresarias nucleadas en el Grupo de los Seis?

—Allí hay de todo. Hay grandes empresas que son parte fundamental del tejido productivo y algunos dirigentes empresarios que cultivan ideas neoliberales. Pero eso es parte de la compleja realidad argentina. Hay gente que piensa mal, en el sentido de que se le ocurren cosas que no son buenas, pero que organizan empresas eficientes y competitivas. Hay que tener tolerancia con eso y discutir y ponerse de acuerdo.

—¿Cómo se sale de la restricción externa?

—Yo creo que se puede hacer mucho para mejorar la administración del mercado cambiario. Y después ocuparse de la cuestión de fondo: desarrollo industrial, resolver el tema energético, poner en producción Vaca Muerta. Hacer las cosas lo mejor posible para evitar este tema de tener un mercado paralelo, que complica la gestión cambiaria. El problema de fondo es el desarrollo industrial Esto no se arregla con más deuda sino con dólares genuinos. En esto años hubo muchos logros y algunos errores. Apreciar el tipo de cambio y debilitar la situación fiscal fueron errores. Pero estamos desendeudados y el sistema bancario sólido. Tenemos los medios para reponernos.

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