
En representación de todos los rosarinos que mantienen la fe y aman la patria, estuvimos el pasado viernes 14 presentes en la vuelta definitiva a su tierra del querido Fermín Chávez. Fuimos partícipes, en El Pueblito, a 27 kilómetros de Nogoyá, de un momento de nuestra historia simple, hermoso y esencial. Allí estaban sus familiares, sus paisanos de a caballo con sus mejores pilchas y sus banderas argentinas y federales. En un lugar donde cualquiera hubiera deseado ser enterrado: en el jardín de la capilla, a 400 metros de donde había nacido 84 años antes, bajo la sombra acogedora de un tala, con la cruz dominica como custodia, junto al aljibe, con el canto permanente de las aves entrerrianas, todo enmarcado por la nutrida arboleda. Allí estaban la banda pueblerina que ejecutaba chamarritas y el conjunto de la agrupación gaucha López Jordán que le cantaron mazurcas federales. Estaban también delegaciones de varios colegios, entre ellas una que lleva su nombre y otra con el de Crucero General Belgrano, también estaban los integrantes de la biblioteca Fermín Chávez y las autoridades de la provincia, que esta vez con autenticidad fueron desgranando su rica personalidad, sus luchas por el revisionismo histórico y su militancia intensa en el justicialismo. Allí estábamos sus discípulos de distintos ámbitos de la patria demostrando nuestro agradecimiento por su vida de enseñanza y de entrega. Los pibes de los distintos colegios, en un acto de profundo simbolismo, concluyeron la despedida arrojando en su tumba "claveles blancos", en recuerdo de las luchas federales litorales. Fermín Chávez descansa "junto a arroyos litorales", como lo dijera en la dedicatoria a su padre, al comienzo de su primer gran libro: "Vida y muerte de López Jordán".
Marcelino Escobar, Mabel Montero y Oscar Canepa, [email protected]




Por Matías Petisce