La ciudad
Jueves 05 de Octubre de 2017

La increíble historia de Susana y Juan, que treinta años después de divorciarse vuelven a dar el "sí"

Se casaron cuando tenían 18 años él y 16 ella. Tuvieron tres hijos y la vida los distanció. Hubo otras parejas. Hasta que pasó algo que los hizo volver a pensar en contraer matrimonio. Lo harán mañana.

Susana Aguilar hace callar a sus tres bisnietos en su casa de barrio Las Flores. Está tranquila y habla hasta con las paredes. Se la nota ansiosa. Es que mañana, después de haberse divorciado hace 30 años, su ex Juan Silva dejará de ser ex y volverá a ser marido. Sí, ella y él volverán a dar el "sí" tres décadas después de separarse.
"Sí, ya sé que voy a tropezar dos veces con la misma piedra", le cuenta entre risas a La Capital mientras ultima los detalles de la ceremonia por civil que será mañana a las 12 en el Distrito Sudoeste, y de la gran fiesta con 150 invitados programada para la noche en un salón de la zona sur.
"Siempre hubo cariño y el me piropeaba, me decía que estaba muy linda. A todo eso íbamos a todos lados, viajábamos mucho, salíamos. Y un día, mientras estábamos en casa, le dije que se iba a morir y que no me iba a dejar nada. Enseguida saltó y me dijo 'pero no negrita, si estoy enamorado de vos'. Y me volvió a pedir casamiento".
"La historia empezó hace muchos años, cuando lo conocí a Juan mientras cuidaba a un familiar. Yo venía de Reconquista y él de Goya. Me pareció un buen muchacho, trabajador. Nos conocimos y nos quisimos casar. Pero teníamos problemas porque éramos chicos, yo tenía 16 y él 18. Nos terminamos casando en Fighiera con la autorización de nuestros padres".
Después llegaron los hijos, Mauro, Yanina y Juan Pablo. Pero Juan conoció a alguien en el trabajo y le dijo a Susana que no quería seguir. Fue duro, pero nunca le cerré la puerta porque sus hijos lo necesitaban. Y aparte porque me puse a pensar que hubiera pasado si me hubiera tocado a mí".
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Cada uno siguió su camino pero nunca perdieron contacto. El tuvo otras parejas, ella también, pero cada vez que Juan se cruzaba con Susana y le presentaba su ex a su nueva compañera la frase llegaba de cajón: "Menganita, te presento a Susana, mi señora".
"El siempre quiso volver. Y se ve que las cosas se fueron dando. Hace unos años, a mi hijo más chico se le incendió la casa, donde estaba viviendo Juan, que se quedó si nada, ni ropa, ni documentos, todo perdió. Entonces mi hijo me dijo que si no lo dejaba que fuera a vivir conmigo. Yo accedí...", cuenta y se ríe estruendosamente.
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"Siempre hubo cariño y el me piropeaba, me decía que estaba muy linda. A todo eso íbamos a todos lados, viajábamos mucho, salíamos. Y un día, mientras estábamos en casa, le dije que se iba a morir y que no me iba a dejar nada. Enseguida saltó y me dijo 'pero no negrita, si estoy enamorado de vos'. Y me volvió a pedir casamiento", recuerda esta fanática de Rosario Central de 59 años, como si la vida no hubiera dejado huellas de rencor.
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Susana cuenta que el 18 de julio pasado, durante la fiesta de cumpleaños de su hijo Mauro, alguien susurró "estos dos andan en algo". "Y ahí nomás les dijimos que nos íbamos a casar. Se armó un revuelo tremendo. Y ahí empezamos a armar todo. Y esta vez va a ser un casamiento con anillos, porque la primera vez apenas teníamos para pagar el colectivo que nos llevo hasta Fighiera".
Hoy, Juan, a sus 61 años, trabaja en el Hospital Provincial y es jefe del área de lavaderos. "Pero está terminando el secundario con el plan 'Vuelvo a estudiar" que implementó la provincia", detalla Susana. Y cuenta una anécdota de este miércoles. "¿Vio que le conté que hacíamos todo juntos? Ayer hubo un acto en el Hospital Centenario donde estuvo el gobernador Lifschitz y Juan fue el abanderado del acto. Una compañera iba a ser una escolta y un compañero el otro. Pero ese muchacho faltó. ¡¡¡¡Y me pusieron a mí!!!"
Se la nota tranquila, con la experiencia de nunca haber roto el vínculo con su todavía exmarido. Sus hijos los apoyan. "Lo único que nos pidieron es que no nos besemos delante de ellos porque les da cosita", cuenta como ocultando el más preciado de sus secretos. Y cuando se le pregunta si no se arrepiente dice: "No, para nada", y vuelve a soltar esa carcajada que pinta de cuerpo entero una sensación de bienestar contagiosa.

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