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Cormillot asegura que "la obesidad es un cuento sin final"

Maxi Oliva, el primer ganador de Cuestión de Peso, está internado en un clínica especializada, con 400 kilos. No es el único que no pudo sostener lo bajado. ¿El show aporta algo en términos de salud? Un análisis sobre las consecuencias de la espectacularización de un problema que afecta a miles de argentinos

Domingo 19 de Marzo de 2017

La cara de un hombre joven, de poco más de 30 años, explota en la pantalla. Está asustado, le cuesta respirar. Pesa 400 kilos. Su mujer y su padre lloran. La pantalla también los muestra. En un operativo espectacular del que intervienen 70 personas —incluidos bomberos y Defensa Civil— logran sacarlo de su casa. Hasta han tenido que derribar paredes para hacerlo.

   Parece mentira, pero este mismo hombre, en 2007, pesaba 100 kilos.

   Es Maxi Oliva, que se convirtió en el primer ganador de Cuestión de Peso, cuando logró bajar a la mitad de lo que pesaba inicialmente (200 kilos). Esa no fue su última incursión en el programa: volvió en 2011 con 233 kilos, después de haber recuperado todo lo que había bajado y más. Ahora está internado en una clínica especializada. Todavía no puede ponerse de pie. Sus piernas no podrían sostenerlo.

   Maxi fue mostrado como una de las historias más impactantes en el regreso del show mediático que tiene como líder a Alberto Cormillot, como flamante conductor a Fabián Doman, y que en Rosario se emite a las 16.30 por canal 3.

   El caso de Maxi no es el único. Algo similar sucedió con Luis Zerda ("Luisito", que tuvo muchos fans), que bajó 90 kilos, poco después los recuperó con creces y tuvo una gran depresión que hasta lo empujó a vivir en la calle. ¿Por qué? "Porque la obesidad es un cuento sin final —admite Alberto Cormillot, conductor del ciclo de TV, que ya lleva 7 temporadas—. Es un desarreglo de los genes que no están preparados para convivir con la comida actual y afectan al reloj regulador del peso. Volver a subir forma parte de la historia natural de la obesidad como enfermedad: la gente se mantiene un tiempo y después afloja, recae, como con la hipertensión, la diabetes, la hipercolesterolemia, el asma. Es lo mismo que ocurre en cualquier enfermedad crónica. La diferencia es que en el gordo se hace visible".

   Cormillot estima que a lo largo de 7 temporadas han pasado unos 300 pacientes hiperobesos por el programa. Y dice que después les ofrecen seguimiento, con grupos y consultas. "Pero depende en gran parte de la buena voluntad que ellos dispongan para continuar con el tratamiento", señala el médico, actualmente Coordinador del Programa Nacional de Alimentación Saludable y Prevención de la Obesidad del Ministerio de Salud de la Nación.

   Para Daniel Flichtentrei, cardiólogo especialista en rehabilitación cardiovascular —a cuyo consultorio llegan muchos pacientes obesos después de haber sufrido, por ejemplo, infartos— la obesidad nada tiene que ver con un trastorno de la voluntad.

   "Y tampoco la explica la teoría del desbalance calórico —dice Flichtentrei, que es director de Intramed, una de las redes virtuales más grandes en español—. La obesidad es un trastorno neurohormonal complejo y multicausal que produce la acumulación de tejido graso. La idea de que ingresan más calorías de las que egresan es cierta en términos finales pero no explica nada: Si digo que un cine está lleno porque entra más gente de la que sale no estoy explicando por qué está lleno, estoy describiendo sólo un mecanismo".

Ese estigma tan temido

   "Luisito se fue de putas", "Facundo robó una milanesa", "Mi novio me engañó con una flaca", "Desesperado por el matambre", "El papel higiénico me llena", "Se comió un pancho de un bocado". Muchos zócalos del programa expresan —a modo de risa— las situaciones que viven los 12 participantes con un único objetivo: bajar el 1% de su peso cada semana, un 3% por mes, porque hay una semana en que pueden usar un "comodín" para seguir participando.

   Las frases elegidas no parecen azarosas. En 2013, el Observatorio de la Discriminación en Radio y Televisión (http://www.obserdiscriminacion.gob.ar) publicó un análisis del programa y puntualizó que el ciclo "mantiene señalamientos desde el lenguaje que refuerzan la estigmatización de las personas que conviven con obesidad", por ejemplo: "desaforados por la comida" o "pesaje de eliminación". Los conductores —agrega el informe—asumen un rol didáctico que victimiza, infantiliza y subestima a los pacientes.

   Por otra parte, la exposición de los participantes a ciertas situaciones, como mostrar en cámara los "colgajos" de la piel que quedan después de bajar mucho de peso incentiva la morbosidad en quienes miran. El informe señala que a través de la "espectacularización" se exponen los estados físicos y emocionales de los participantes, las limitaciones causadas por la enfermedad, y se fomenta un modelo hegemónico de belleza femenina: el de un cuerpo delgado.

   El hecho de que los participantes tengan en sus remeras su peso dibujado con números gigantes también es un dato a destacar. Están marcados, señalizados, ¿las pecheras funcionan como balizas que parecen decir "atención, peligro, yo soy esto"?.

Disciplina

Nicolás Cuello, historiador del arte e investigador del Conicet especializado en Arte y Políticas Sexuales dice que no habla de "obesidad" porque ese término patologiza la gordura. Autor junto a Laura Contrera de Cuerpos sin Patrones (Ed. Madreselva), Cuello se posiciona desde el "activismo gordo", una forma de pensar el tema que escapa del mainstream o lo corriente.

   "La gente consume este programa como un espacio pedagógico, de disciplinamiento moral y de empatía con las historias de quienes participan — expresa el investigador —. Consigue audiencia porque hace del adelgazamiento un espectáculo sobre el cuerpo gordo, y lo hace desde el ridículo, la vergüenza, la depresión. Mientras tanto, se vende la ilusión del mundo magro como un estadío superior moral, sexual y económico, producto de la voluntad y del esfuerzo, al mismo tiempo que se promocionan los servicios de las industrias de adelgazamiento llamadas Cormillot".

   Sin embargo, Nicolás Cuello aclara que la crítica es hacia el formato del programa, no hacia las personas que consideran que necesitan bajar de peso. "Lo que cuestionamos es que se naturalice que la pérdida de peso debe ser el único destino de nuestros cuerpos", puntualiza.


Balanza, descenso y

después

"No está bien que el momento de definición sea la balanza — dice Mónica Katz, médica especialista en Nutrición, autora, entre otros, del libro No dieta —. Aunque al tratarse de un programa de televisión es lógico que se busque algo para mostrar. En el caso de estos pacientes, los hiperobesos, en poco tiempo tienen que bajar mucho. Pero de esta forma se pasan por alto otros indicadores que importan, como lograr un mayor control sobre la comida y las porciones, ser más activos cada día, manejar mejor el hambre emocional. Pero si el gran momento es la balanza se hace cualquier cosa para que dé bien".

   "A los que miran les sirve — asegura Alberto Cormillot —. Hay días en que se pueden dar más consejos y recomendaciones vinculados con la salud: tips, ideas, cosas prácticas".

   "Es cierto que puede ser motivador — coincide Mónica Katz —. Pero también es capaz de alejar a muchos del «yo puedo» porque el esquema en que se mueven los pacientes es artificial."

En la vida real, cuando el ciclo termina y cada uno regresa sus rutinas, nada cambió demasiado. "Si había soledad habrá soledad, si hay problemas de pareja seguirá habiéndolos. Y hay que tener en cuenta que para llegar a una obesidad mórbida deben existir dificultades serias en el manejo de las emociones. En estos programas se insiste en la comida, el peso y el ejercicio y no hay tiempo real de hacer un tratamiento. Se producen cortamientos: «esto, no», pero no se busca lograr cambios comportamentales desde el punto de vista emocional", dice Katz.

   El gran punto a favor, asegura, es que se pone el tema en pantalla. "La obesidad es la cenicienta de las enfermedades —dice— , tanto en los medios como en la salud pública. Se habla mucho pero no se hace nada. Y no olvidemos que fue gracias a las multitudinarias convocatorias de Cuestión de Peso que en 2008 se logró la sanción de Ley de Obesidad que por otra arte, como nunca fue reglamentada, pronto podría caducar".

El show debe seguir

Cormillot admite que el programa —como todo lo que se ve por televisión— es por definición un show: un espacio donde suceden cosas.

—¿No es limitado decidir si se quedan sólo si bajaron de peso?

—Bajar de peso bajan todos —dice— pero en algún momento se pierde la regularidad y no bajan, y es cuando se van del programa.

—¿Y por qué dejan de bajar?

—Por distintas causas. Muchas veces tienen una situación social, o tienen hambre y comen. Es muy difícil la propuesta de bajar todas las semanas.

   

Las mesetas a las que se llega durante una dieta y los posteriores rebotes no son otra cosa que la respuesta fisiológica a ese quite calórico, algo así como que el organismo advierte que recibirá menos "combustible" y se adapta a vivir con menos. Pero esto produce daños en el metabolismo.

  "Se sabe hace más de medio siglo que la restricción calórica —dice Flichtentrei— prepara al organismo para el modo inanición, un conjunto de mecanismos hormonales contraregulatorios que buscan compensar el déficit de aporte de calorías con una disminución del gasto energético que a menudo no se recupera jamás".

   Por esta causa, puntualiza Mónica Katz, ningún plan de alimentación puede tener menos de 1.200 calorías para las mujeres y de 1.800 si se trata de hombres.

   Sin embargo, el fantasma del aumento de peso está siempre presente. "Es muy difícil bajar sobre todo cuando se estuvo excedido de peso mucho tiempo. Se puede, sí, pero no existen estrategias iguales para todo el mundo —agrega Flichtentrei—. Con la estrategia hegemónica, que se basa sólo en el corto plazo, lo que ha hecho la medicina es atribuir ese fracaso en el largo plazo a una debilidad de carácter de quien no cumple. Pero no puede haber un fallo moral o un quiebre de la voluntad del 60% de la población del mundo".

   "Efectivamente: la obesidad se extiende a lo largo y ancho del planeta, sin distinciones. El creciente procesamiento industrial de los alimentos, la guerra a las grasas y su sustitución por hidratos de carbono refinados (muy baratos y que dejan grandes ganancias a quienes los producen) también explican parte del problema.

   "Si el organismo tiene disponible glucosa todo el tiempo la usa como «combustible» y guarda la grasa, la grasa se va acumulando. Lo que vemos en los cuerpos es la consecuencia de la cultura que habitamos. Y está bastante fuera del alcance ser modificada en cualquier consultorio médico", concluye, no sin preocupación, Daniel Flichtentrei.

Flacos, pero voraces

El volver a ganar los kilos que se bajaron, y todavía más, no ocurre solamente en Cuestión de Peso. Una investigación publicada en la revista Obesity a mediados del año pasado sobre 14 protagonistas de The Biggest Loser —la versión estadounidense del programa— indicó que 13 de los 14 participantes había recuperado el peso inicial, que 4 de ellos pesaban aún más y que sus cuerpos utilizaban menos combustible, es decir, tenían metabolismos más "lentos".

   "Al final del tratamiento —dice una nota en el New York Times— los niveles de leptina (hormona que contribuye a regular el apetito) había disminuido dramáticamente y los volvía voraces".

Algunas cifras

Casi la mitad de la población de América Latina y el Caribe tiene sobrepeso u obesidad. De cada 10 argentinos adultos, 6 tienen sobrepeso. Entre los chicos, casi 4 de cada 10. Cada año, mueren en el mundo 2,6 millones de personas por causa de la obesidad Fuentes: Organización Panamericana de la Salud (OPS), Organización Mundial de la Salud (OMS) y Ministerio de Salud (Argentina).

Gabriela Navarra / Especial para Más

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