La ciudad

Un premio que interpela

Paula Massarutti logró la distinción más importante del Salón Nacional de Rosario con un videoarte que conecta arte, ciencia y la filosofía. La elección pone en foco los modos expositivos de los museos

Viernes 07 de Diciembre de 2018

"Es raro que un jurado de un Salón de un museo otorgue el primer premio a un videoarte", dijo María Paula Massarutti, a poco de recibir su distinción en el acto que se realizó en el museo Macro para entregar los premios del 72º Salón Nacional de Rosario. Su obra, Lo viviente, es un audiovisual donde la autora busca conexiones entre el arte, la ciencia y la filosofía. Un apuesta arriesgada de parte de los jurados porque interroga, quizá, sobre los museos como plataformas expositivas.


La entrega de premios se realizó el martes pasado en el museo de Oroño y el río, donde están expuestas en casi todos los pisos las obras que integran el tradicional Salón que hace tres ediciones se trasladó a los ex silos Davis.

La obra ganadora del Premio Adquisición Municipalidad de Rosario lleva por título Lo viviente y es un filme que surgió de un proceso de investigación en torno a las jerarquías de los saberes. "A partir del contacto con un grupo de científicos, tejí una red de vínculos para explorar las relaciones entre modos de producción de conocimiento", explicó la autora y tras ese planteo buscó respuestas a preguntas tales como: "¿En qué se distingue la tarea del científico y la del artista? ¿De dónde surgen y cómo se negocian los sentidos que otorgamos a las cosas si pensamos en la ausencia de un principio de orden o fin que organice el conjunto de lo viviente?".

En diálogo con La Capital, Massarutti aseguró que no esperaba lograr el primer premio y recordó que hace un par de años ya había mandado obra para participar del Salón pero no quedó seleccionada. "Este Salón es un lugar de referencia en el mapa del arte en el país. Igual que Rosario, una ciudad que es cuna de artistas destacados", expresó la ganadora del Premio Adquisición Municipalidad de Rosario, dotado de 180 mil pesos.

También recordó que hace diez años fue seleccionada por el Museo Castagnino para participar de una residencia de artistas que se realizó en San Javier. "Fue una experiencia muy interesante, tres artistas mujeres estuvimos durante 15 días reunidas para pensar. Sí, eso, pensar. Igual, después presentamos un proyecto. Allí conocí a una colombiana, con quien luego trabajé porque fui a Colombia. Se tejieron vínculos muy fuertes".

La obra ganadora trabaja en primer término sobre un texto de Octavio Paz que hizo de prólogo al libro El árbol de Diana, de Alejandra Pizarnik. Alguien dice fragmentos de ese texto y entre imágenes y sonido se conforma una suerte de collage. Luego, la locación cambia hacia un espacio ligado al mundo científico, allí aparecen especialistas preguntándose e intentando respuestas a cuestiones ligadas a reacciones químicas y físicas aplicadas incluso a la transmisión neuronal.

Esa locación tiene un valor agregado para la autora. La conoce desde pequeña. Seguramente, esas imágenes que ahora plasmó, y que parecen que emergen de algo similar a una ensoñación, provengan del reservorio creado durante su infancia. Es que su padre, ingeniero electrónico, trabajó en ese sitio donde filmó Massarutti. El recorrido de la cámara, sin un punto ni un foco fijo en muchas ocasiones, quizá sea un retorno a esa suerte de territorio de ciencia ficción que pudo representar ese lugar para ella cuando era niña. Por eso hay algo del pasado, como una pátina, que recubre las imágenes que, sin embargo, contrasta con las materia en discusión. "Hace dos año volví y sentí que algo pasaba ahí y que tenía que averiguarlo", comentó la artista.

Tanto desde lo visual como desde el sonido, la obra se juega sobre cierta distorsión. Quizá como un recurso que obtura un pensamiento único. Ni el arte, ni la ciencia ni la filosofía logran conjurar una misma respuesta.

Pero más allá de la valoración estética que pueda hacerse sobre la obra, lo cierto es que la decisión de otorgarle el premio mayor del Salón interpela hasta al propio museo y lanza interrogantes sobre las plataformas expositivas.

De hecho la propia autora se sorprendió con la elección. "Sí es raro que hayan elegido un videoarte para el premio más importante", admitió Massarutti formada en artes plásticas. "Yo venía trabajando más sobre el dibujo y la escultura pero hace unos años incursioné sobre el sonido y de allí a las imágenes. Creo que experimento bastante", consideró.

Paula Massarutti nació en La Plata, en 1976. Parte de su producción puede recorrerse en su página: http://paulamassarutti.com/.

Más premios

Carina Cagnolo, Lara Marmor, Nicolás Cuello, Rogelio Lombardo (representante de la Fundación Castagnino), Andrés Giménez (representante del Concejo Municipal) , Clarisa Appendino (representando a la Secretaría de Cultura y Educación municipal) y el director del museo Castagnino Macro Raúl D'Amelio integraron el jurado de premiación.

Esta edición del Salón incorporó algunas novedades como la nueva sección Gabinete, un espacio pensado para abordar problemáticas y debates actuales y curado por un especialista invitado. En esta oportunidad la curaduría estuvo a cargo de la investigadora en arte Adriana Armando, quien decidió trabajar sobre el rol de la mujer en el arte contemporáneo. De esta instancia participaron mujeres artistas que fueron invitadas a sumarse a la sección.

Dentro de Gabinete se entregó el Premio Colección a Ángeles Ascúa, otorgado por el Ministerio de Innovación y Cultura de la provincia, consistente en 90 mil pesos. La obra que lleva un extenso título hace alusión a París era una fiesta, texto de Hemingway. Rosario es, en este caso, el centro de la escena porque la ciudad "es una fiesta que no termina nunca" y "te acompañará vayas donde vayas", considera Ascúa. Una serie de 13 cuadernos colmados de retratos de amigos acompañados por un tapiz integran fue la propuesta de la artista.

Además, la Fundación Castagnino otorgó dos premios estímulo a Mariela Vita por su obra Súper tsukimi y a Ornella Pocetti por Las pruebas del vidrio. La entrega se completó con dos premios estímulos más, a cargo de Fundar, que fueron para Alfredo Frías por Las pruebas de vidrio y para Inés Marcó por Polarizado.

Resta aún definir el Premio del Público, auspiciado por Medifé, para lo cual se instaló una urna donde quienes recorran el Salón podrán votar por su obra predilecta.

Durante la entrega de premios, que se realizó ante una desbordada planta baja del Macro, el director del D'Amelio, agradeció el apoyo de la Fundación Castagnino para la realización del salón como así también de las áreas de Cultura municipal y provincial y valoró las innovaciones que presentó esta edición. El titular de Cultura municipal, Guillermo Ríos, por su parte, destacó el lugar del arte ante momentos difíciles. Ambos funcionarios valoraron el rol y los reclamos por más participación del movimiento de mujeres, comentario que sin dudas se vio reflejado en el premio mayor del Salón y también en la fuerte presencia de mujeres artistas en la muestra que alberga las obras seleccionadas.

Ganadores. María Paula Massarutti, Mariela Vita, Ángeles Ascúa, Alfredo Frías y Ornella Pocetti (de izq. a der.).

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