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Dreyfus: 25 años de la planta de General Lagos

• El establecimiento que comenzó a operar en el año 92, cuenta con una capacidad de procesamiento de 11.500 toneladas diarias.

Sábado 18 de Noviembre de 2017

La historia del boom de la soja en Argentina está hecha de grandes hitos generales y de experiencias particulares. Una de ellas es la de la planta de procesamiento de Dreyfus en General Lagos, que cumple 25 años. Fue una de las primeras grandes inversiones de la multinacional de origen francés, una de las grandes traders del comercio internacional de granos, en la industria aceitera del país.
Diseñada a fines de los 80, durante el primer ciclo de expansión del área sembrada con la oleaginosa, el complejo descargó su primer camión en 1992. De la molienda de 1.800 toneladas diarias construida en aquel momento, se llegó a través de un cuarto de siglo a una capacidad de procesamiento 11.500 toneladas por día, las fábricas de biodiesel en base a soja _capaz de elaborar 600 mil toneladas anuales_ y de lecitina, ambas de mayor capacidad mundial y tres muelles con capacidad de descarga de 2.800 toneladas por hora. En las instalaciones trabajan 631 personas, de los cuales 540 son conveniados.
Gerardo Franke, gerente industrial de Dreyfus, participó de la puesta en marcha del complejo industrial y portuario. Recordó que en los últimos doce años se invirtieron 450 millones de dólares para ampliar la capacidad de producción y sumar nuevas líneas de productos. Las líneas de procesamiento de soja experimentaron cinco ampliaciones, siguiendo a grandes rasgos los ciclos de inversión de la industria aceitera en general.
En el año 96, que coincidió con un pico de altos precios, se llevó la capacidad de la línea uno a 3.500 toneladas. En los años posteriores, se sumó una nueva planta dentro del complejo que permite moler 8 mil toneladas diarias. Durante muchos años, hasta que a mediados de la década pasada comenzó a desarrollarse el polo agroindustrial de Timbúes, fue la unidad con mayor capacidad de procesamiento del mundo.
Pese al ruido histórico que quedó instalado en el sector agropecuario, buena parte de las inversiones del complejo oleaginoso se realizaron durante los años del kirchnerismo. En el caso de General Lagos, estuvieron entre los primeros en subirse al boom de los biocombustibles, alentados por una ley sancionada por aquel entonces. En 2008 construyeron la primera planta con capacidad de 900 toneladas diarias. En 2012, levantaron una segunda unidad, de similar magnitud. Así, la vera del río Paraná, en el sur del Gran Rosario, se pueden producir 600 mil toneladas al año de biodiesel de soja, en una industria totalmente automatizada. Por caso, un solo operario comanda las instalaciones de cada una de las plantas de biodiesel, el mayor complejo del mundo.
La unidad de fabricación de lecitina también se ubica en ese nivel, con una capacidad de producción diaria de 80 toneladas.
Hoy, si bien la producción de biodiesel está a full en General Lagos por las operaciones de venta al mercado europeo, la realidad de este mercado enfrenta una difícil situación. Pese a la buena sintonía con el actual gobierno nacional, la administración de Donald Trump acaba de aumentar a niveles prohibitivos los aranceles para la importación de biodiesel desde Argentina. Respondió a una denuncia de los fabricantes de aquel país por dumping y utilización de subsidios supuestamente contrarios a las normas de la Organización Mundial de Comercio (OMC). El caso seguramente terminará en un juicio ante ese organismo. Pero mientras tanto el complejo aceitero instalado en Argentina pierde un mercado que le reportó en 2016 un ingreso de casi 1.300 millones de dólares anuales.
Luis Zubizarreta, gerente de asuntos institucionales de Dreyfus, es también presidente de la Cámara Argentina de Biocombustibles (Carbio). Destacó que la decisión norteamericana es un golpe muy duro del sector, en momentos en los que sobra aceite en el mundo. El aceite de soja es el insumo del biodiesel. Señaló que la reapertura del mercado europeo, que bajó recientemente los aranceles luego de perder un largo pleito en la OMC por motivos similares a los que ahora enfrentan al complejo local con EEUU, es un alivio. Pero aclaró que no está claro si podrá reemplazar totalmente a la demanda estadounidense. "Posiblemente no lleguemos a los volúmenes que les vendíamos a Estados Unidos con el reemplazo de Europa", se sinceró el ejecutivo.
También reconoció que, más allá de las declamaciones ideológicas sobre el libre comercio, a nivel mundial hay una pelea histórica para captar la industrialización de las materias primas. El complejo oleaginoso, principal exportador del país, juega el partido en esa cancha en la que abundan las prácticas proteccionistas.
El mercado internacional de commodities atraviesa un período de estabilidad de precios, en un nivel más bajo que años anteriores. Las supercosechas de los últimos años sumaron presión a la oferta, más allá de que la demanda se mantiene. En este delicado equilibrio, que podría romperse con algún evento climático, Zubizarreta ve el futuro del negocio con moderado optimismo.
La industria aceitera, en general, trabaja hoy al 70% de su capacidad de molienda. Ese mismo nivel de operatividad es el que tiene la planta de Dreyfus, que según detalló Franke tiene una capacidad ociosa del 30%.
Las expectativas de los productores por una devaluación, el cronograma anunciado de rebaja mensual de las retenciones a la exportación de soja y la renovada competencia que los cereales le están planteando a la oleaginosa por la superficie a sembrar, adormece la comercialización durante estos tiempos.
La sintonía que el sector tiene con el actual gobierno se traduce, entre otras cosas, en una agenda para bajar los costos portuarios y logísticos. Eso incluye la puja de intereses con sectores de provisión de servicios en la hidrovía, así como inversiones para potenciar el ferrocarril. "Es momento de poner el foco en la logística interna, porque ahí somos caros", dijo Zubizarreta.
En los últimos días, un acuerdo de las cámaras del sector avanzó en el ordenamiento de los turnos de descarga en el momento pico de la cosecha, una tradicional fuente de conflicto por las congestiones que se producen. Entre otras cosas, se quieren minimizar las condiciones para que se produzcan altercados como el ocurrido hace dos años, cuando durante un conflicto con camioneros en la zona de descarga de camioneros, hubo un incendio.
La planta de Dreyfus en General Lagos acompañó la historia del complejo oleginoso, en su expansión y también en los conflictos. Fue, por ejemplo, uno de los primeros lugares en que a partir de una renovada acción sindical se acordó limitar la tercerización del trabajo de los aceiteros. Dentro de esas nuevas relaciones, hoy la planta cuenta, por ejemplo, con escuela secundaria y primaria, en convenio con la provincia, en la cual se graduarán 56 operarios que cursan sus estudios en horario laboral.


Cómo opera LDC en todo el país

Dreyfus cuenta con una capacidad de molienda de 11.500 toneladas diarias en General Lagos y 7.500 toneladas por día en la planta de Timbúes. La compañía también tiene un complejo portuario en Bahía Blanca, de recepción, elevación y almacenaje de todo tipo de cereales y oleaginosas. Puede almacenar 120 mil toneladas métricas y embarcar hasta 30 mil toneladas métricas por día. La empresa, posicionada como la tercera exportadora del país, además cuenta con una red de acopios en 23 localidades. El complejo de General Lagos cuenta con un muelle de 350 metros de longitud que tiene un calado natural de 35 pies y una playa de estacionamiento para 1.000 camiones.

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