Novo Hamburgo, Brasil. _ Los zapatos son tan básicos para la ciudad de Novo
Hamburgo que incluso una moza habla sobre la industria del calzado cuando oye mencionar a China. El
pueblo se identifica como la capital del calzado de Brasil, con el lema pintado sobre los pasos a
nivel y reproducido en la literatura sobre la ciudad. Alrededor de un 70% del presupuesto de la
ciudad se deriva, directa o indirectamente, de los zapatos, asegura el alcalde. La ciudad debió
reponer muchos puestos de trabajo en los últimos años, debido a que las empresas chinas se llevaron
a los trabajadores brasileños para impulsar al sector en su país. La ciudad de Donguan, en el
sudeste de China, ha recibido a tantos brasileños que ahora cuenta con dos parrillas, muy populares
en el sur de Brasil.
Las exportaciones de zapatos de Brasil cayeron casi a la mitad desde 2004 a 2009, o un 22% en
dólares. Al mismo tiempo, las importaciones de calzado chino a Brasil aumentaron más del doble el
año pasado, cuando comenzaron a aplicarse medidas contra la “competencia desleal”. El
gobierno también ha aplicado aranceles de importación a una amplia gama de productos, desde
neumáticos a zapatos hasta brocas para taladros.
Pero incluso esas regulaciones contra la competencia desleal subrayan los cambios en este valle:
esas leyes protegen sólo a los mercados internos. Y la industria del calzado de Brasil solía
concentrarse en zapatos para la exportación, el llamado “negocio de la marca privada”.
Las compañías extranjeras compraban los diseños y las firmas brasileñas producían los modelos. Eso
es lo que le pasó a Grupo Dass, en el poblado de Ivoti, al lado de Novo Hamburgo. Los menores
costos de producción en China atrajeron a las marcas internacionales que eran clientes de Dass. Es
el caso de su marca de zapatos de mujer Dilly. Hace 15 años, Dilly producía alrededor de 25.000
pares de zapatos al día. Ahora ha bajado a cerca de 2.000, dice Rafael Uebel, encargado de
exportaciones de Dilly.
Los trabajadores solían pegar, martillar y ensamblar el mismo modelo en una línea de ensamblaje
en Ivoti hasta un mes seguido; ahora, la operación con el mismo modelo puede incluso no extenderse
a todo un día.
Antes, la compañía hacía zapatos a la orden para clientes en el exterior. “Hoy creamos,
presentamos, vendemos y sólo entonces producimos”, dice Uebel sobre la completa reformulación
de su modelo de negocios.
Los fabricantes de calzado en el valle esperan que la concentración en el diseño de sus propios
productos, con un énfasis en la calidad por sobre la cantidad, los mantendrá vivos, incluso
mientras China sigue fabricando zapatos baratos para las masas.
Pero también otras industrias brasileñas han menguado en forma similar, ante la fuerza económica
de China. Embraer, la tercera mayor fabricante mundial de aviones del mundo, consideró en algún
momento el cierre de su fábrica en Harbin, China, debido a que recibía menores órdenes de lo
esperado, pese a que el país ha aumentado sus ambiciones en aviación comercial.
Los efectos dominó significan que incluso empresas pequeñas, que podrían no haber sido afectadas
por un gigante como China, se han visto perjudicadas.
En Cavage, Novo Hamburgo, la producción diaria de calzado es cercana a los 80 pares, pero cada
uno es elaborado con los mejores materiales, con una impresionante atención a los detalles. Cuando
la firma quiso hacer zapatos que combinaran con jeans, por ejemplo, introdujeron una suela azul, un
detalle sutil pero elegante que distingue a esos zapatos de los productos producidos en masa. Ese
calzado es más caro, pero su exclusividad es parte del atractivo.
La gran cantidad de materias primas que China necesita para sus montañas de producción significa
que incluso los pequeños emprendedores deban pagar más por ellas, afirma Vicente Hoffmann, quien,
con su esposa Geane Silva, comenzó la compañía.“El volumen de producción en China hace al
cuero más escaso y más caro para todo el mercado”, agrega.
Pero como dice André Sacconato, de la consultora paulista Tendencias, China “es un
hecho”. Al igual que con la globalización, la pregunta no es si tratar o no con China, sino
cómo. “Lo que tenemos que hacer es sacar la mayor ventaja que podamos de China”,
asegura Sacconato. “No hay nada de malo con vender materias primas, pero se podrían vender
algunos productos industrializados también”, comenta.
Brasil no tiene la escala ni la competitividad para confrontar directamente a China, sostiene
Sacconato. De modo que se necesita hacer lo que China no hace. En lugar de elaborar productos en
altos volúmenes a bajo costo y de baja calidad, producir menos bienes, de mejor calidad y más
caros.
Claro que llegar a eso no será fácil. Analistas afirman que Brasil debe mejorar su
infraestructura de modo que los productos puedan salir del país más rápidamente y en forma más
barata, reformar el sistema tributario y reducir la burocracia estatal que entorpece los negocios
en Brasil.
El gobierno también trabaja para disminuir el llamado “custo Brasil”, el costo de
hacer negocios en el país, afirma Welber Barral, secretario de Comercio Exterior del Ministerio de
Desarrollo, Industria y Comercio Exterior. Pero representantes de la industria y economistas
critican el lento ritmo de las reformas. “El gran desafío es la diversificación”,
manifiesta Barral. El gobierno trabaja en eso, “pero esto no se hace de una semana a la
otra”, agrega.
En lo que respecta a los fabricantes de calzado de Brasil, la historia podría ofrecer un
paralelo algo consolador. En la década de los años 70, Italia dominó el mercado mundial de calzado.
Pero su participacións cayó constantemente, debido a que sus compañías se encontraban mal
preparadas para la competencia global. Los entonces bajos costos de producción de Brasil ayudaron a
la industria local del calzado a pasar desde menos del 1% del mercado mundial en la década del 70 a
más del 12%o en 1990, mientras la participación de Italia se reducía a la mitad. Hoy, los zapatos
italianos son famosos por su extraordinaria calidad y diseño, mucho más que por el volumen de sus
ventas.